7 de mayo de 2004

Sueño breve con Dama Experta

Tiene aquella Dama Experta en Servicios, según reza la tarjeta de presentación cuando la entrega, pericia felina para escurrir el bulto a los pobres parroquianos sin influencia, asustados por el monto de una factura de cobro equivocado, a los tímidos encargados de tramitar algún documento que siempre se extravía y a las secretarias en su hora de almuerzo dedicadas a gestionar requisitos inocuos.

A cambio recibe la admiración de la sección donde campean el uniforme eternamente gris, el moño, el chisme y las tácticas dilatorias. Allí nadie tiene ni que decir para finiquitar cuestiones sospechosos.

Ahora, con un nuevo ascenso en la mira (quizás la misma habilidad de lince la hace tan buena trepadora), la Dama Experta en Servicio (al Cliente, olvidaba anotar), ha redoblado los esguinces a unos y las venias a otros. Más que diligente, atiende con gesto servil a los de sus afectos; mientras conduce casi a la desesperación a quienes esperan algún día recibir respuesta a lejanas, casi olvidadas, y por lo general justas, peticiones.

Jamás podrá decirse de ella que no es afable: todo lo contrario. Sí se puede decir, ya que no es gentil la sonrisa tiesa, sino apenas un gesto engañoso. Igual que son falsas las explicaciones, tan dobles como el maquillaje de los párpados, que suelta con dulzura para negar toda demanda que no provenga del campo de sus querencias.

Se adivina en ella un resentimiento hondo y se nota enseguida una larga ausencia de bondad: son sus dos extensiones.

Detesta el juvenil ahínco de las chicas que atienden en ventanilla. ¿Cómo, parece preguntarse la Dama Experta, van a llegar a ocupar mi sitio? ¿Acaso creen poder subir haciendo simples y claras las cosas como si fuesen asuntos de risa? Abomina el empeño con que las muchachas puestas bajo su mando quisieran hacer rápido y bien lo que sea menester para congraciarse con el público.

Es obvio que las descalifica con insultos, en silencio, atribuibles a otra clase de damas, de experticia y de servicios.

¿Por qué será? Cavilaciones del vigilante en las noches frías, cuando la imagen de la coordinadora parece ordenar, desde la oscuridad, que se cuide de prender el radio portátil. ¡Vete al diablo!, increpa el pobre hombre a las sombras y sigue las viejas tonadas que lo acompañan, un poco antes de la madrugada.

Tal vez por todo. Quizás por nada. Los asuntos del carácter de la Dama Experta es mejor no menearlos no vaya y sea que una indiscreción, por leve que parezca, dé al traste con su trabajo… y la mujer enferma. Preferible pensar que no pienso esas cosas. Un cafecito será mejor para despejar los fantasmas y estar presto al cambio de turno.

Arrellanado en su sitio el guardia duerme sin proponérselo y sueña. La Dama Experta está desnuda sobre un lecho de documentos bajo un letrero “en trámite”, De un brazo le cuelga un collar de sellos: no aprobado, formulario incompleto, negado, pregunte en 15 días hábiles, cerrado por inventario, a considerar, faltan timbres, improcedente, matrícula incorrecta.

Huele a tinta de almohadilla de sellos. Vuelan expedientes hacia un nido de archivos. La Dama Experta en Servicios guiña el ojo al retrato del presidente de la Dulce Compañía que mira imperturbable el desbarajuste burocrático. Huele a café quemado apenas justo a tiempo para despabilarse, echar a un lado el asombro y ponerse la gorra.



cgcuevas@divertinajes.com
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