30 de abril de 2004

Invitación a batallar sin descanso por nobles ideales

“Vamos a cumplir el Plan Estratégico Corporativo” proclaman con caligrafía soviética los carteles pegados en los vidrios de las porterías, las puertas de los ascensores, las carteleras y hasta en los mingitorios de la Dulce Compañía, al lado del papel higiénico.

La pomposa redacción más parece convocar a la guerra que invitar al trabajo creativo, con toda la abundancia de términos militares. Y, vaya uno a ver si, en realidad, no tenían en cabeza los autores un designio de batallas (comerciales, si se quiere pero beligerantes, al fin y al cabo).

El paso marcial de los honorables miembros del Consejo Directivo los asemeja a mariscales de campo (de golf, claro, aunque cruzado el pecho por medallas invisibles). Aquel, por ejemplo, experto en lides anodinas con más de un escándalo cuando ocupó la dirección de un banco estatal, camina raudo tal vez sintiéndose protagonista de la decisión que ha de transformar el futuro. Todo por que logró aumentar el presupuesto al vicepresidente que es su yerno para que, luego, apruebe las licitaciones a favor de la firma familiar.

Detrás, encorvado por sus gruesas gafas y el pesado abrigo de paño oscuro, le sigue, con pausa pero no menos vigor perezoso, el ex–ministro, actual y sempiterno presidente de una ensambladora de autos japoneses, conocido por su afecto a la música y a sus intérpretes en especial si la calvicie los hace tanto más atractivos a los allegro ma-non-troppo. Va feliz pues, a cambio de su voto favorable a la propuesta del presidente ejecutivo, obtuvo la promesa de una donación para la Sinfónica Mozartiana… ¡Ah, conciertos para delinquir!

Cierra el desfile del cuerpo de mando la Consejera Delegada de Planeación Provincial y Adjunta al Despacho del Secretario de Industria como reza una parte, tan solo la breve, de los extensos títulos que le han conferido tantos años de servicio y una sabiduría que siempre está por verse: sus juicios histéricos son históricos por estos lares. Un poco menos, sin embargo, que su inclinación al uso de la fusta en ciertas ceremonias reservadas donde ejerce sus dominios fraudulentos.

Les sigue el séquito de coroneles de la tecnología, mayores del segmento de mercado, capitanes del producto masivo y la inefable tropa de cortesanos. El generalato en pleno sigue en la Sala de Juntas regodeándose con la aprobación del PEC, ordenando una cena para inaugurar el nuevo período y calculando los premios que han de venir anexos a los nuevos contratos.

Cuando faltaba más de un semestre para la finalización del anterior PEC, empezaron los preparativos del nuevo: estudios de comportamiento del mercado, oscilaciones y tendencias, proyecciones y estadísticas, conjeturas, movimientos de la competencia: todo fue minuciosamente examinado al detalle para verter las conclusiones, premisas, hipótesis y matrices en un soberbio documento de 185 páginas catalogadas como ante- proyecto de plan quinquenal que pasaron a revisión del grupo de asesoría estratégica y, finalmente, a manos de la casi anciana contadora de confianza, quien revisó con lápiz rojo los diagramas y cuadros, quitó aquí para poner más cerca las cifras que su intuición amaestrada por décadas de contubernio con la realidad de cómo son las cosas le indicaba.

Luego los retoques finales a cargo del área de diseño gráfico, la cuidadosa impresión en versión ejecutiva, es decir breve para no extenuar a los Directores siempre cortos de tiempo para las minucias pues saben, de antemano cuales son los rubros jugosos, los renglones rebosantes de posibilidades, los esguinces por donde se cuelan las ganancias directo a los bolsillos designados por la voluntad de un destino que enriquece a quienes saben moldear las oportunidades a su amaño.

La sesión que acaba de concluir fue apenas una pantomima para complacencia del resto de mortales que componen la Dulce Compañía: los asuntos claves fueron previamente resueltos en cenas privadas, sillas de primera y bajo de los parasoles que, a la manera de las tiendas de campaña que puso de moda Napoleón, protegen de las inclemencias las testas coronadas por el hastío de quienes saben que las batallas se pelean mejor con una copa de champaña en las manos y los argumentos con galletitas y caviar junto a la piscina del club.

Con el llamamiento se espera que todas las gerencias y sus comandantes retomen las posiciones de combate, anuden las tácticas a las ordenanzas siguiendo estrictamente los conductos regulares, pongan en alto las banderas y guíen al conjunto de la Dulce Compañía hasta realizar la Misión que la Visión de los lejanos horizontes establece: no hay que cejar en el empeño, a trabajar con denuedo para cumplir los cometidos señalados invitan los carteles puestos en las entradas, en los pasillos y en los orinales.



cgcuevas@divertinajes.com
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