12 de marzo de 2004

La asombrosa máquina trivial que no produce nada

Recientes descubrimientos sobre los mecanismos del cerebro conducen a una conclusión inapelable: si el cerebro fuera tan simple como para entenderlo con facilidad, seríamos tan simples que no podríamos entenderlo.

Estudios, en particular, acerca de la inteligencia (función que, aseguran los expertos, es la principal del cerebro) en la especie homo politicus muestran una asombrosa semejanza con la del pez: infinitos desplazamientos, incontables burbujas de aire y al final… sólo nada.

La observación empírica arroja datos sorprendentes acerca de esta especie, que algunos consideran eterna: de hecho, Dios es, ante todo, político por excedencia. Y el Demonio encabeza la bancada opositora. O viceversa.

Aún cuando aparentan quietud se están moviendo. Mírelos, por ejemplo, en el despacho, en el recinto ministerial, en y ante las cámaras (entornos predilectos). Esa elegancia cuidadosamente desmañada bajo trajes italianos y zapatos ídem o, en las alcaldías de provincia con sesgo campechano, no logra esconder su ansiosa respiración branquial, los ojos huidizos y fríos, el gesto lánguido de quien no escucha más que la voz de la conciencia mientras contempla, abstraído, el horizonte.

Y el horizonte es, para el político simple (Todos lo son. Sí hay máquinas triviales) tanto como para Dios o el Diablo, una línea imaginaría que cuando uno más se acerca ella más se aleja, rumbo al infinito…como el mar.

Pero lo usual es que estén moviéndose. No hay avión, avioneta o helicóptero que no contenga, al menos, 3 especimenes, trátese de vuelos inter-regionales, nacionales, internacionales, de placer o turismo aunque van en silla preferencial como clientes habituales que son.

Es fácil detectar en cualquier carretera los autos de los políticos: siempre van fugaces, no respetan las señales establecidas para los demás mortales y, si acaso estacionan frente a la sede del partido, del palacio o del club, con las puertas abiertas y el policía que en moto les abre camino (Los policías que, por lo general o lo sargento, acompañan las comitivas de los políticos ¿De qué simulan impedir que escapen?) están dispuestos para arrancar hacia un destino inconfesable…el horizonte.

Volvamos, por lo pronto, a pie a seguir esas andanzas. Sea a paso lento, caviloso, o a paso raudo, el preferido; el desgaste de los tacones de los zapatos de marca delata, tanto como en los zapatos deportivos o en las botas de salir al campo, infinitos recorridos, vueltas y más vueltas que, cabe la pregunta ¿Son de utilidad distinta a la del fabricante?

Establecida, pues, la movilidad consubstancial del homo politicus, siguen las investigaciones ocupadas en analizar su comportamiento en ejercicio pleno de las funciones que atañen a su cargo, en ciernes, en vacaciones, en campaña electoral, en detrimento del patrimonio público, en trance de lograr el gran acuerdo, en debates, cerebraciones y celebraciones (a las que son, especialmente, adictos, igual que las estatuas).

Se han encontrado escasos indicios de ideas en el sentido estricto del término. Muchas sí abundantes reiteraciones acerca del futuro que se vislumbra promisorio en estas vastas tierras desoladas por años de explotación e ignominia pero que con el respaldo de ustedes y la guía de los principios programáticos que identifican nuestra enseña surgirán con empeño a fin de conseguir niveles de crecimiento que nos sacarán adelante y nos insertarán en los procesos nacionales que digo globales de desarrollo basado claro está en una fehaciente vocación de justicia a favor de las clases menos afortunadas…

Se acerca un espécimen homólogo, el homo periodicus, con su sarta de preguntas prefabricadas e ingenuas a tratar de sacar una frase con algo de sustancia y lo único que halla en medio de tal palabrería, con sonrisa compinche y ladeada, es un retruécano ambiguo, vaguedades, insinuaciones y generalidades.

Por eso, quizás, tienen razón quienes intuyen que el cerebro del homo politicus, no existe como tal es decir, como máquina compleja que recibe información, la discrimina y analiza para extraer ideas que contribuyan a interpretar los fenómenos de la realidad (igualmente compleja), no existe.

Lo cual no debe llevar a concluir que el homo politicus no tiene cerebro. Claro que sí. Pero es trivial. Por el in-put ingresan alusiones gaseosas y por el out-put (y en esto radica la maravilla de estas peculiares máquinas triviales), después de una digestión ardua y no exenta de solemnidad salen… ¡alusiones gaseosas!

Semejante portento (común a toda la especie, tanto en las costas de los mares del Norte como en el ardiente Caribe, por cercanías de los polos, en el tibio Mediterráneo y el oscuro Pacífico), ha llevado a algunos científicos a compararlos con los peces. Sólo que aquellos, aficionados a pescar en río revuelto, obtienen jugosas ganancias de electores. ¿Cómo lo harán?





cgcuevas@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir