5 de marzo de 2004

Una discusión trascendental y algunos asuntos baladíes

Desde no se sabe cuando, los sabios de los pueblos Ika y Arhuaco, en la Sierra Nevada de Santa Marta (esa prodigiosa cadena que alcanza cumbres cercanas a los 6 mil metros casi al borde del Mar Caribe), mantienen una inagotable discusión acerca de la duración que debe tener la formación de un Mama (o Mamo. La ambigüedad en la denominación parece consustancial al género).

De espaldas a la montaña, y frente a la llanura oceánica, mascan pausadamente las hojas divinas de coca mientras argumentan sin afanes. Los Ika sostienen que deben transcurrir 18 años desde el momento en el que al recién nacido se le otorga el mapa de su destino. Los Arhuaco aseguran que 9 es lo adecuado.

El asunto es trascendental dado que influye directamente en el equilibrio vital. Apenas nacido un niño en la Sierra, el Mama, o Mamo, lee su vocación en los guijarros sagrados. Si indican su condición sagrada, se le da en crianza a una pareja sacerdotal. Hasta cuando cumpla 18, ó 9 años, de acuerdo con su ancestro, vivirá sin ver la luz del día.


Niña ika
Mientras la madre sustituta le brinda sus cuidados nocturnos, el esposo le susurra los secretos de la vida, la intimidad del cosmos, las cifras del agua y las estrella hasta que memorice, siempre en tinieblas, los arcanos del universo. Nunca ve más allá de las sombras que alumbran el rancho donde vive.

Al amanecer del día que cumpla 9 ó 18 años, depende de la casta en la que haya nacido, saldrá a comprobar el universo presagiado en la oscuridad del aprendizaje. Su labor, en adelante, consiste en encaminar este otro mundo por los senderos que recorrió en el sueño.

Abunda en cambio, bajo la rutilancia vertiginosa de nuestras luces, gente que, invariablemente, busca llegar de inmediato al meollo de las cosas. Sin ocasión de discernir todo está, al parecer, resuelto de antemano, calculado al milímetro en su veloz cerebro y en su discurso estéril.

Tal profusión de frases, rotundas y mal hechas, se escucha en los despachos, en los aviones, los bares y las fiestas, urdiendo decisiones tremendas, que afirman los negocios para negar el ocio y enfermar la esperanza.

Con idéntica prisa glosan los presupuestos y conceden empréstitos, inauguran agencias y quiebran las empresas. Igual se juega en bolsa: con intereses móviles se siembran bancarrotas que otorgan dividendos sin poder permitirse el compendio de aquel par de caderas subiendo por la esquina.


Niña arhuaco
No hay más de momento y medio para descifrar un poco sobre algo y menos, aún si cabe, para bruñir quimeras. Se habla mucho de todo y no se dice nada mientras, en las montañas, los Hermanos Mayores buscan, infatigables, las maneras de preservar el mundo sin reducir el ritmo que lleva la armonía: con la concisión de siglos que el asunto merece.

Es nítido el contraste entre aquel estratega charlatán que no oye y acalla el otro juicio para conseguir sus fines sin otra talanquera que su propio egoísmo ilustrado con frases sacadas del cajón donde duermen las frases y las palabras, lentas, con que sugiere claves que, a lo mejor sí cuentan las razones del mundo y de la vida, el sencillo poeta que viene de la Sierra.

Y hay que ver como escucha las voces titubeantes de los que le preguntan. Parece que anotara con ojos y con manos las palabras ajenas: expone con murmullos, sin falsas potestades, sus argumentos sobrios, sin temor y sin rabia.

Detenida en el aire prosigue la conversa. Detrás se abre la puerta de un lujoso vehículo y baja un guardaespaldas que lleva 3 móviles y 47 meses al servicio de quien, entre antenas y gafas policiales, trota apresuradito a cumplir la cita exacta que le ordena la agenda.

Hoy hay 15 minutos de sexo sin caricias en el noveno piso ni cierre de cortinas. Tres dedos de una copa con 2 cubos de hielo. Música allá en el fondo gatos de porcelana un timbre que no cesa y hasta pronto querida compromiso vencido cómo se pasa el tiempo.

El silencio es el tiempo que pasa calladito un pensamiento entre su nacimiento y su salida al aire: abrebocas de asombro, anuncia las palabras.

“¿Quieres otro traguito?” pregunté al sabio indio, antes de avistar la respuesta sonriente en su mirada sobre la frágil andadura de la bella muchacha que llevaba unos libros.

“Más práctica es la calma que la carrera ansiosa por ir a ninguna parte. Más concreto el sosiego, que crea nuevas ideas. Menos perverso aquel que escucha detenido la voz de su conciencia, que el otro persiguiendo con afán el poder y el oro corrompidos”.

Eso me dijo el Mama Ika que hace 20 años vio por primera vez la mañana sobre el Caribe de sus sueños y lo encontró profundo. Lo dijo, se calló y bebió alegremente.

Luego nos despedimos: él se fue a sus tenues tareas y yo vine, despacio, a buscarte, amada mía, en un tierno silencio.



cgcuevas@divertinajes.com
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