9 de octubre de 2003

Los del Santo Domingo

En estos días está de nuevo por aquí, en el país, el Tío Felón. Todo lo contrario a alguien pérfido o alevoso, pero desde chiquitos todos le decimos así porque en el periódico estudiantil del Gimnasio Santo Domingo, nos obligaban a firmar los escritos con las iniciales del nombre y los apellidos y así le cayó en suerte este mote a Felipe López Noguera, Felón.

Tampoco tuvieron mucha suerte Sergio Dieguez Torres, Serdito, ni Ramiro Tapias Zamudio, Rataza. Y no hay nada que cambie ese destino impuesto por el padre Ignacio Nates Román, Ignaro (aunque a él, creador de la norma, no se le aplicaba pues los editoriales los suscribía La Dirección. Desde luego, solo entre nosotros, en privado, se usa el calificativo que le correspondía en justicia: Ignaro).

Con todo y ese inconveniente no se puede negar que formamos una selecta minoría los del Santo Domingo, con una alta formación ética y moral, principios cristianos, consolidados en la urbanidad, el civismo y la cortesía y encomiable habilidad para los negocios.

El padre Ignaro se encargaba desde el primer día en hacernos sentir el orgullo de formar parte de la institución, venida de la Madre Patria desde los tiempos de la Colonia, sostenida aún en medio de las persecuciones de masones ateos y comunistas gracias al empeño de los dominicos comprometidos con la creación de una elite criolla que igual siguiera los preceptos de la Iglesia, como sirviera a la Santa Inquisición y asumiera con dignidad y espíritu progresista los grandes destinos del país en lo político, lo económico y financiero, lo social, lo cultural y, porque no decirlo, lo deportivo.

Nuestros abuelos, padres, primos, tíos, hermanos, hijos y nietos, todos los varones de las familias más ilustres de la Nación pasamos por las aulas del Santo Domingo. Pero solo los del último medio siglo recibimos lecciones del Padre Ignaro y se siguen comentando en las fiestas del Country & Yate Club (o Coyacú aunque debo advertir que esta mención se utiliza con recato, pues así se llama un burdel que queda en inmediaciones de la sede campestre del Club. Por los lados de la sede social del Norte de la Ciudad también hay otro pero más elegante, anónimo y sin nombre. ¡Qué curioso!).

A Felón (lo de Tío viene del pelo canoso que caracteriza a los de su familia desde la infancia y que los hace ver con más edad de la que tienen en realidad cuando son jóvenes, pero que de la madurez para allá parece más bien rejuvenecerlos), lo traen las vacaciones que ya sabemos cómo son de cuidadosos en eso en otras partes: mes sagrado.

Llevaba sus años sin venir. ¡Cómo le ha ido de bien en un alto cargo itinerante de una prestigiosa firma financiera!

Tanto como a Serdito y Rataza en el plano nacional y Gózame (Gonzalo Zalamea Mendieta) en los negocios de importaciones de mercancía de lujo y los demás en lo de cada familia: cuidando que la hacienda prospere, pues la mayoría basamos nuestro patrimonio en tierras suburbanas, en bienes raíces e inmuebles.

Pues, como decía el abuelo Hernán para escándalo de los curas: “Yo digo con Galileo Galilei que la tierra está ahí desde siempre pero se mueve. Pero con nuestro consentimiento. Y va para donde nosotros le decimos”.

Los primeros terrenos fueron obtenidos por nuestros antepasados como pago a su lucimiento en las guerras civiles. Las pedían lo más cerca de las antiguas ciudades. Cuando vino el progreso esos terrenos se re-que-te-valora-ron.

Los campesinos, con muchas ganas de venirse a la ciudad, allá por el medio siglo daban lo que fuera con tal de tener un 2 por 3 donde meterse mientras conseguían trabajo en alguna fábrica. Por el otro lado, nosotros mismos comprábamos a precio de ganga las tierras y mejoras que dejaban por venirse. Lo importante es hacerlo con mañita, por que ellos son muy vivos y pendencieros.

Otra ventaja que nos deja el colegio con las relaciones con la política. Varios alumnos han sido ministros y dos hasta presidentes de la República y en cada comisión del congreso no falta uno de los nuestros y menos en las embajadas importantes y en altas dignidades de las fuerzas del orden aunque en todas partes se están agotando las posibilidades con esa caterva de arribistas de las clases medias, que tanto abundan de un tiempo para acá.

Estábamos era en lo de Felón pero terminé con lo del colegio por que uno siempre tiene que dar referencias de la gente, establecer bien sus orígenes, saber de quién se trata y como en este caso en especial, nuestro amigo llevaba muchos años por fuera, pues hay gente que no lo reconoce, sobre todo los de las nuevas generaciones que no conocen ni una pizca de los esfuerzos que hemos tenido que hacer desde tiempos inmemoriales para llegar a donde hemos llegado.

El tronco de los López es de pura cepa y ni se diga la de doña Teresa Noguera, su madre. De la capacidad, visión, amplitud de panorama y roce de mundo que recibió desde su más tierna infancia Felipe, no hay duda.

Razones más que suficientes para que, conjugadas con la dedicación y el esfuerzo que siempre lo han caracterizado, le hayan dado la posición que ocupa y mire usted: empezó como director de una sucursal en Panamá, luego abrió oficina en una paradisíaca isla de Bahamas y ahora se la pasa de aquí para allá, que Luxemburgo, Canarias, Zurich y en fin por todas partes, moviendo capitales, donde ejemplo de sus virtudes, poniendo en alto sus apellidos, su colegio, su patria. Y vino de vacaciones. Que suerte tenerlo de nuevo por aquí.






cgcuevas@divertinajes.com
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