18 de agosto de 2003

Manjares y manejares

A la manera de una comida que aspire a ser digna de figurar en los anales de la alta gastronomía, la toma de decisiones que atañen a nuestra condición de máximos jerarcas de esta, nuestra Empresa, es todo un arte que merece cuidadosos detalles los cuales, con inocultable fruicción, me propongo exponer ante ustedes, mis estimados contertulios, en esta mesa de gerentes generales.

Antes de proseguir permítanme, sin embargo, aprovechar en beneficio del interés común el ánimo suscitado por el anterior introito. No merodearé más allá de lo que mi vasta experiencia haga aconsejable. Así que, paciencia, que en su momento llegaremos a las partes más densas del menú que he tenido el encargo de preparar por generosa voluntad de nuestro eximio Presidente Ejecutivo.

Puestos ya, pues, en situación, comienzo por advertir, antes que nada, que así como el precepto bíblico enseña que se necesita tiempo para sembrar y tiempo para cosechar; también hay que contemplar tiempo para decantar y tiempo para preparar todo dictamen que hemos de emitir, máxime cuando sabemos que sus consecuencias derivan efectos orientados a la satisfacción de nuestros clientes con calidad, oportunidad y sindéresis.

Nada más peligroso a nuestra delicada tarea de manejo empresarial que la del apresuramiento. Puede este hacer que los ánimos se enfríen o se caldeen más allá de lo que la naturaleza implícita en cada decisión implica. No en balde se habla de la importancia de adquirir destreza suficiente para madurar, esa es la palabra adecuada, una determinación.

Debemos, en consecuencia, captar los factores que hacen substanciosa, o no, una directriz. ¿Es adecuada a las circunstancias del momento de evolución del mercado o, por lo contrario, se adelanta sin necesidad a las apetencias de la demanda corriendo por ligereza, el riesgo de caer en campo no abonado? Otras tantas veces sucede que se deja pasar el momento y cuando lanzamos nuestra oferta el campo ya ha sido recogido por otros volviendo, de esa guisa, inocuo nuestro esfuerzo.

Punto medio, estimados colegas. He dicho que se demanda tiempo, no más ni menos. El justo y equilibrado. Ni tanto que queme el Santo, vale decir en este caso, ni tan poco que no lo alumbre. Tampoco.

Los elementos de que se nutre nuestro gobierno han, además, de ser completos, frescos y de primera mano. La información, por ejemplo, en que se basa la médula de nuestra labor tiene que ser en lo posible y por preferencia de nuestro propio huerto. Y completa. Cuántas veces no hemos debido interferir un asunto por que faltaba el complemento idóneo, olvidado en el cajón de algún empleado desatento y que a primera vista parece incidental pero que, más sin embargo, completará el deleite con su asomo indelicado pero inefable.

Cuando falta un ingrediente se hace evidente el peligro de descompensar y somos ante todo guardianes del equilibrio que hace a cada cual receptor de lo que se merece.

El fuego de nuestras convicciones está llamado a conservar y suavizar, cuando tratamos con materias de sabor pertinaz, y a exaltar en tanto se trate Proporciones diestramente establecidas dan porciones sabiamente distribuidas. Que no se acumulen en un solo lado las migas salobres, mientras del otro se arrincona la insipidez descolorida del tedio.

(Utilicé hace un momento y no por casualidad el término “arte” y quiero, con esta disertación dar un vivido ejemplo de minimalismo estético: que ustedes saboreen, con cada palabra, el matiz de una idea recóndita pero presente).

Entrados ya en el aspecto central que nos congrega, corresponde indicar que cuando una decisión se presenta desguarnecida de aditamentos puede no resultar atractiva y sufrir, por ende, el injusto repudio de su verdadera esencia. Por eso hemos de cuidar, también, los detalles adicionales, aquello que en la jerga del uso vulgar algunos llaman bastimento y cuya denominación correcta es la de acompañamiento.

Nunca se presentan en público los antecedentes del caso que concita nuestra decisión. En su reemplazo razones bien adornadas, el servicio amable y exquisito, óptimos decorados, pronunciamientos altisonantes, aditamentos correctamente seleccionados de manera que, por los ojos entra el alimento antes de llegar a la boca, lo mismo nuestras órdenes serán tanto mejor recibidas cuando se las entrega a sentidos preparados con los anuncios previos, la campaña de expectativa que nuestros expertos publicistas y comunicadores denominan.

Discreción obliga tanto en este como en el arte gastronómico que aquí he dispuesto usar de comparación. La esencia de lo que nuestra voluntad pretende debe mantenerse oculta bajo sobrios, pero elegantes, no por causas distintas que las del buen gusto: cuántos excelsos platos se echan a perder no por falta de calidad implícita sino por un comentario inoportuno acerca de la procedencia de los ingredientes o la composición de los elementos utilizados en su preparación.

Algo similar puede suceder con una decisión: justa, equilibrada, preparada con tiempo y refinamiento pero que apenas se anuncia puede motivar reacciones contrarias en sus destinatarios debido a la mordacidad de una glosa emitida (¿eruptada?) a destiempo por cualquier advenedizo servidor o, peor aún, por los soterrados enemigos de nuestro poder que, a que negarlo, abundan en un entorno tan competido como el actual nuestro.

Al agradecer la benevolencia y generosidad de nuestro anfitrión, el Presidente Ejecutivo, doy por terminada esta disertación no sin antes invitar a mis colegas a saborear con merecido deleite las notas que reposan en sus respectivas carpetas y que contienen, valga la reiteración, el orden del día con el que proseguirá esta reunión y que define los aspectos medulares a considerar.

Y, para animar el intercambio de opiniones, nada mejor que una buena noticia. Las metas de rentabilidad están aseguradas para el tercer trimestre a condición de que se mantenga el estricto programa de reducción de costos lo que no incluye, faltaba más, el cargo de la cena que se ofrece a la conclusión de nuestro evento, en el salón contiguo y que ha sido preparada con el valioso aporte del Gerente de Personal cuya propuesta de recortes en la nómina entramos a considerar en el punto tres. Salud. Y gracias.




cgcuevas@divertinajes.com
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