28 de noviembre de 2007

Ser conducido

El personaje del videojuego cruza el umbral y sale al espacio abierto. Mira cada una de las cuatro calles que se abren ante él. Espera que el hombre que maneja los mandos decida por dónde ir. Pero el hombre a los mandos se levanta de la silla y va en busca de una cerveza: quiere descansar la vista unos minutos y le duelen los dedos.

El hombre vuelve y pasa de largo. Un poco más lejos, se acomoda en el sofá y enciende el televisor. Sobre el menú de su serie favorita, escoge el siguiente capítulo. El anterior había dejado la historia en un clímax y se pregunta qué solución habrán ideado los guionistas esta vez. De un tiempo a esta parte, se concentra, con mucho esfuerzo, en no imaginar esa solución, en dejar que se la den. Algunas veces lo consigue, como en el poema que leyó el martes, donde no pudo prever el efecto de aquellas palabras.

En la otra pantalla, la del ordenador, el personaje sigue moviendo la cabeza, de un lado a otro.

The Great Inquisitor. Fragments. Montajes teatrales de Peter Brook a partir de textos de F. Dostoievski y Samuel Beckett.


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