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7 de mayo de 2007
En contenedores
¿Cuál es la razón por el que la radio empezó a sustentarse en esos grandes bloques o macro-programas de horas de duración? ¿Por qué se abrieron esos espacios de larga duración? Intentaré dar una respuesta: durante muchos lustros, la radio, especialmente la comercial se estructuró en microespacios, de cinco, diez o veinte minutos de duración, con arreglo al contrato publicitario que “vendía” por minutos la antena al anunciante. A la medida de este y de su producto, se “creaba” un programa (más bien un programilla), en el que el soporte era la publicidad, adornada con algo de información o de música. Después, cuando la radio publicitaria dio el gran salto en España, los profesionales se dieron cuenta de que había que dignificar la programación y que no podía ser que el contenido fuera la publicidad y lo demás los adornos, cuando debería ser al contrario.
Lo que ocurrió fue la reacción lógica a todo “movimiento” creativo: tras el barroco y el rococó vino el clasicismo y la sobriedad. Después de las líneas curvas en diseño, vienen las rectas, tras el realismo viene siempre lo abstracto y tras la pierna estrecha, el pantalón campana. En la radio debería pasar lo mismo, pero no pasa. Seguimos con los programas grandes, que no tienen por qué ser grandes programas, y no acaba de llegar la reacción lógica, que sin tener que llegar al minimalismo de los cinco minutos, sí que tendría que dar paso a una radio más profunda, donde empecemos a oír algo más que la entrevista aderezada con el gracejo del presentador, la consulta telefónica, la tertulia y el contenido demasiado general. La radio es un medio propenso a la rapidez y la brevedad, pero no tiene porque serlo a la superficialidad. Echo de menos contenidos.
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