7 de mayo de 2007


En contenedores

Escucho de nuevo a los directivos de las emisoras, que ya van calentando el mercado para la nueva temporada, anunciarnos que están buscando nombres para sus fichajes de cara a septiembre. Un gran comunicador para la mañana, y otro para la tarde, y si fuera posible otro para la noche: es decir ya nos están anunciando que el modelo va a ser el mismo.

¿Cuál es la razón por el que la radio empezó a sustentarse en esos grandes bloques o macro-programas de horas de duración?  ¿Por qué se abrieron esos espacios de larga duración? Intentaré dar una respuesta: durante muchos lustros, la radio, especialmente la comercial se estructuró en microespacios, de cinco, diez o veinte minutos de duración, con arreglo al contrato publicitario que “vendía” por minutos la antena al anunciante. A la medida de este y de su producto, se “creaba” un programa (más bien un programilla), en el que el soporte era la publicidad, adornada con algo de información o de música.

Después, cuando la radio publicitaria dio el gran salto en España, los profesionales se dieron cuenta de que había que dignificar la programación y que no podía ser que el contenido fuera la publicidad y lo demás los adornos, cuando debería ser al contrario.

Los programas se robustecieron, entonces, y se pasó de los microespacios patrocinados, a las emisiones con entidad y nombre propio. Esos espacios podían llegar a media hora, a una hora... hasta que alguien inventó dar continuidad en la antena, más allá de los 365 grados del reloj. Con la interrupción de las noticias de cada hora, se lograban esos programas “macro” con un gran presentador, una sintonía molona y un contenedor radiofónico que acumulaba mucha audiencia fiel a un ídolo, a una voz.

Lo que ocurrió fue la reacción lógica a todo “movimiento” creativo: tras el barroco y el rococó vino el clasicismo y la sobriedad. Después de las líneas curvas en diseño, vienen las rectas, tras el realismo viene siempre lo abstracto y tras la pierna estrecha, el pantalón campana. En la radio debería pasar lo mismo, pero no pasa. Seguimos con los programas grandes, que no tienen por qué ser grandes programas, y no acaba de llegar la reacción lógica, que sin tener que llegar al minimalismo de los cinco minutos, sí que tendría que dar paso a una radio más profunda, donde empecemos a oír algo más que la entrevista aderezada con el gracejo del presentador, la consulta telefónica,  la tertulia y el contenido demasiado general. La radio es un medio propenso a la rapidez y la brevedad, pero no tiene porque serlo a la superficialidad. Echo de menos contenidos.

Félix Madero
No hace mucho Félix Madero, que conduce el informativo De Costa  a Costa en Punto Radio, se atrevió a hacer un monográfico en la radio. ¿Cuántos monográficos escuchan ustedes en las emisoras? Yo escuché con agrado un informativo dedicado a un problema tan de todos como la sequía y la política del agua, donde no faltó ninguna voz. La radio española sigue metida en contenedores. Hace ya muchos años se inventaron los bloques radiofónicos, que son como los bloques de hormigón, pero en el aire. Es decir vastos, bastos, y difíciles de asimilar. La radio necesita plantearse nuevos objetivos, profundizar sin cansar, ser referencia, buscar nuevas fórmulas y sobre todo dejar de copiarse a sí misma.



heterodino@divertinajes.com
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