A mí me ha parecido siempre que los domingos tienen un sol especial; que las calles se visten de un vacío peculiar y más limpio, y que la música y las voces suenan diferente. Sin duda nuestro estado de ánimo, y nuestra disposición hacen que percibamos de manera distinta lo que es igual, pero en la radio también se da ese fenómeno de transformismo, que a mí me parece estimulante. Para entenderlo oigan la radio un fin de semana. Por tomar el ejemplo de tres de las grandes emisoras convencionales, examinemos la programación de la SER, de Onda Cero y de RNE. Las tres han optado para sus fines de semana por una presentación femenina:
Angels Barceló, Isabel Gemio y Pepa Fernández. Las tres profesionales ofrecen un magazín clásico con sus diferentes estilos personales de presentar en el micrófono, pero con un mismo producto radiofónico, incluso más clásico que los que se ofrecen a diario.
Pero lo importante es que la sensación que me producen. Es la misma que aquellas mañanas soleadas de domingo en mi infancia, cuando después de pasar por la parroquia temprano, te encontrabas a los vecinos comprando las porras para el desayuno y paseabas hasta casa en relajada caminata.
Estos magazines matinales del sábado y domingo añaden el valor de la charla relajada más a fondo. Como si no existiera la prisa y la saturación con la que nos obsequia la radio de lunes a viernes. Se habla de cosas y con personajes que no se asoman a los programas de nuestra maltratada radio, tomada de lunes a viernes casi en su totalidad por los presentadores de trinchera de los que ya hemos hablado en esta sección de Divertinajes.
Este fin de semana —con la que está cayendo— hemos podido escuchar a Angels Barceló hablar con Sergi Arola que nos presentaba al mejor pizzero del mundo; o con el actor Sancho Gracia. Y una relajada entrevista con el President de la Generalitat de Cataluña, José Montilla. Isabel Gemio
nos ha contado una investigación sobre las diferencias del cerebro del hombre y la mujer, se ha detenido en las secuelas sicológicas de los afectados del 11-M (inevitable en la fecha), y ha desayunado con Ana Belén. Pepa Fernández, en Radio 1, ha tenido a Saramago y ha hecho una tertulia sobre las motos. En fin, gente normal, asuntos normales de los que podemos hablar en la sobremesa de nuestra propia casa o con los amigos.
Pero parece que esa programación normal, razonable, tiene que desaparecer en cuanto llega el lunes y en los estudios de las emisoras se produce la gran revuelta: llegan los azuzadores, los “periodistas” del corazón, los acorazados del periodismo, las encuestas políticas, los humoristas con su histrionismo radiofónico, y empieza a nublarse todo. Ya no vemos las soleadas matinales de la radio de fin de semana por ninguna parte.
En 1960, Melina Mercouri protagonizó una gran película que reflejaba la sordidez de la prostitución en la isla griega del Pireo a los ojos de un americano recién llegado. El film se llamaba Nunca en domingo. Como contraposición, el artífice de la televisión mejicana, Emilio Azcárraga puso en marcha en 1969 un programa llamado Siempre en Domingo, donde la visión optimista de la vida era su leit motiv. Se mantuvo 30 años en la antena de Televisa, hasta que murió su presentador Raúl Velasco. También TVE copió la idea en los años 70, con un programa del histórico realizador Pedro Amalio López, presentado por el olvidado Juan Antonio Fernández Abajo. Y aunque no con tanto éxito como en México se logró crear ese clima dominguero que insuflaba a nuestras vidas otro ánimo en días no laborables. La experiencia es un poco artificial, lo reconozco, pero llegado este punto de programación tan agresiva en nuestras ondas, propongo resucitar el espíritu del “siempre en domingo” para que podamos resistir los bombardeos diarios.