La radio, como el día, tiene sus distintos tipos de luz, sus colores, estados de ánimo diferentes para cada segmento horario. Los apasionados del medio sustituimos hace ya muchos años el timbre del despertador, que además suele ser monótono y ofensivo, por el radiodespertador. A la hora deseada, en lugar del agresivo ringgg de toda la vida, irrumpe en nuestros sueños el programa favorito que hayamos elegido.
A partir de las 6 de la mañana (perdón por los que se levantan antes, pero desconozco si a esas horas hay vida), lo que podemos encontrar circulando por las ondas, son los informativos de siempre: Francino en la SER o el clásico España a las 8 de RNE; algún iluminado —que como está en la radio de los obispos, confunde el micrófono con el púlpito….
Luego está Carlos Herrera, que cada día hace más mérito para entrar en el club de los periodistas-ideólogos. Y siempre nos queda Luís del Olmo. Todos, con sus correspondientes tertulias como Dios manda. De todas ellas (aunque la tertuliología merece comentario aparte), si hay que salvar una, podemos quedarnos con la de éste último. Al menos tiene buen tono, suele ser divertida, y es suficientemente plural. Pero el que busque algo diferente en esas horas madrugadoras lo tiene muy difícil.
La opción que nos queda a quienes llevamos a los niños al colegio, o vamos para el trabajo, o a quienes ya están en marcha, o viajan en coche, es sintonizar las efeemes, que de 7 a 10 de la mañana travisten su ritmo y aceleran su marcha, rozando la estridencia. Dejan a un lado la discoteca, agotada de repetirse a sí misma durante todo el día y nos presentan un obligado frenesí de juvenil radiofórmula que acelera el desgaste de nuestras neuronas. Mi hija de 17 años, ya no los soporta, y el otro día me dijo: “Papá, pon Radio Clásica. No puedo más”.
Esta radio madrugadora y estridente consiste en un presentador joven, gritón y entusiasta. Muy gracioso, por favor. Sumamente gracioso, derroche de optimismo, picantón…. Y tres o cuatro graciosillos (siempre menos que el aspirante a estrella) que coreen, rían y hagan ruido en el estudio. Mucha publicidad, gotas de humor porno-radiofónico y algo de música. Hagan la prueba. Escuchen estos programas; tipo Anda Ya en Los Cuarenta Principales o Ya te digo en Europa FM, y pondrán Los conciertos de Brandeburgo en el CD del coche, antes de 15 días.
Hay que reconocer la valía y liderazgo en el micrófono de Fran Blanco, y valorar una de las risas más contagiosas de la radio, la de Sandra Corcuera, y el ingenio sarcástico de Valeriano Campillos en Anda Ya, pero es muy difícil que la fórmula se mantenga sin cansar al oyente. Lo demás son productos que tratan de imitar al anterior. Y solo queda a esa hora, Pablo Motos y el humor sin credibilidad de No somos nadie en M-80 Radio; Kiss FM , que es la única que se mantiene fiel a la fórmula de solo música, con un repertorio, algo mayor al de cualquier discoteca privada, y por tanto agotable para el oyente a los 10 días. Mención aparte, Radio 3, que con su Música Estrés podría convertirse en alternativa, sino fuera por su falta de coherencia musical y su aburrida retahíla de recomendaciones culturales leídas por alumnas en prácticas. Es decir, abundan los formatos inútiles o los “momentos clónicos” a esa hora de la mañana en la radio, y lo mismo sucede en el resto del horario matinal: Enseguida llegan las tertulias. O por la noche: más clónicos; con los informativos y otra tertulia por supuesto.
Por favor ¿alguien puede inventar algo en la radio? Porque hay momentos del día en que yo no sé que oír, y el CD del coche me parece muy frío.