2 de octubre de 2007

Transparencias

Desde que las transparencias irrumpieron en las pasarelas de la moda llenando los modelos de encajes, tules y puntillas y vaciándolas de tela de la de verdad, han cambiado conceptos básicos del nuestro modo de entender la vida.

—¿Ah, sí? Pues no sé. Yo no noto nada diferente en mi modo de entender la vida, y eso que tengo un top de encaje de bolillos, una falda con los laterales de tul de ilusión al bies y una camisa con los delanteros de insinuante gasa negra…
JulietaTío Ra ha abierto unos ojos como platos—, quiero ver ese modelito, ¿cenamos el sábado?

Yo lo digo por una noticia de este último fin de semana que me deja a la misma vez ojiplática y cariacontecida.

—¡Jesús! ¿De qué se trata?
—De las ranas transparentes.

¿Las han visto?

—¿Cómo las vamos a ver si son transparentes?

No enteras, sólo la piel. Lo que es transparente es la piel, así estás viendo a la vez a la rana por fuera y por dentro.

—No me hago idea.
—Sí, Tío Ra, ¿sabes esos juegos de anatomía que hay un muñeco transparente que está lleno de hígados, venas, riñones y esas cosas.
—Órganos quieres decir, ¿no?
—Exactamente, a las ranas les ves la silueta y los órganos en una única mirada.
—¡Qué asco!

A mí, lo confieso, una mezcla de asco y pena me dan. Me pregunto qué habrán hecho las ranas para que todos los experimentos les toquen a ellas.

—A ellas y a las ratas. Yo una vez vi una rata con una oreja humana implantada en la espalda como una mochila.

Lo que los científicos japoneses que las han creado pretenden con este experimento es investigar las reacciones de los animales a otros experimentos sin tener que abrirlas en canal.

—¡Qué sensibilidad! Todo sea por ahorrar sufrimientos vanos.
—Será.

La única pega existente es que el tanto por ciento de ranas transparentes obtenidas es muy pequeño y por el momento no han logrado que la facultad de ser transparentes sea heredada por sus descendientes.

—A mí me parece que hay más pegas, la verdad, pero, lo más importante es la cantidad de pegas que le encontrarán las ranas a esta gracia.
—¿Pegas? No entiendo, a ellas qué más les da. No olvides que la alternativa a ser transparente es ser verde…

—Ja, ja, ja, qué graciosa. Piensa que ninguna podrá jamás bajarse al moro, que todas las princesas verán a priori el príncipe que cada rana lleva dentro, que no les servirá de nada comer a escondidas, que a la rana Gustavo se le verá la gomaespuma que lleva dentro…
Julieta, ¿te encuentras bien? Deberías de dejar el té rojo, te excita demasiado.

Lo que me preocupa más de todo esto es que si evoluciona la ciencia y consiguen hacer otros seres con la piel transparente… Brrr, ¿se imaginan? Mamíferos transparentes, no quiero pensarlo.

—Casi todos los mamíferos tienen el pelo cubiertos de pelo, no pasaría nada.
—Es cierto. Sólo el ser humano sería visible. Y tampoco todos los seres humanos, mi vecino del sexto primera tiene más pelos que el gato de angora de la señora del cuarto segunda.

No preocuparse, parece que ser que nuestra piel no acepta este tipo de mutaciones, lo que me llena de alegría y me consuela bastante. No creo que me favorezca mucho una piel transparente, diga lo que diga mi asesora de belleza.

—¿Tienes asesora de belleza? Jesús, hasta las pulgas llevan tirantes.

Tengo, tengo, pero os lo cuento otra semana.



sorue@divertinajes.com
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