27 de septiembre de 2007

Bichos

Jereme James...

—¿Quién?

Sí que empezamos hoy pronto a interrumpir. Julieta algún día me interrumpirá antes de que empiece a hablar.

—No creo. Tú madrugas más que yo, de hecho, cuando yo me levanto, seguro que tú ya estás hablando y eres capaz de hablar sin pausa hasta que te acuestas.

No sé por qué la soporto. De hecho, no la soporto.

—Vale, vale, pero vas a explicar quien es James Jereme.
Jereme James.
—¿James Jereme es Jereme James? No entiendo nada.
—Ay Juli no me grilles. El tío del que iba a hablar se llama Jereme James, y no James Jereme como tú has dicho.
—Joer, qué lío. Me estoy mareando.
—Eso te pasa por interrumpir. Cállate un poquito y lo entenderás todo.

Empiezo de nuevo. Jere... J.J., un norteamericano de 33 años, ha sido acusado en Los Ángeles por robar de una reserva natural de Fiji tres iguanas y meterlas en EEUU escondidas en su pierna ortopédica.

—¿Cómo dices?
—¿A que es alucinante? El tío las pasó dentro de su prótesis.
—Pero ¿llevaba la prótesis puesta?
—Espero que sí.
—¿Cómo que esperas que sí? ¿Por qué lo esperas?
—Jolines, Juli, porque si la llevaba en la maleta, la historia no tiene gracia.
—¿Gracia? Grima quisiste decir. Si no la llevaba puesta la historia da menos grima.

Parece ser que había construido un espacio dentro de su pierna postiza para llevar a los animalillos.

—Y, ¿de qué estaba hecha la prótesis?
—No sé, de madera seguro que no, jeje…
—Y ¿se movían las iguanas?
—No sé, igual estaban anestesiadas
—Y ¿cómo eran de grandes? Mira que tres bichos son muchos bichos.
—No lo sé, igual eran crías.
—Y ¿cómo respiraban? Parece que les tuviera que falta el aire.
—No lo sé, igual hizo agujeritos en la pierna, igual que las cajas en las que poníamos los gusanos de seda de pequeños.
—Y ¿cómo se enteró de esto la fiscalía?
—No lo sé, igual él lo explicó a alguien, o intentó venderlas, o las tiró por el retrete… eso pasa mucho en Norteamérica.
—Y si no sabes nada, ¿por qué nos cuentas esta historia tan rara?

Pues por eso, por rara. Al menos las iguanas no pudieron salir de su escondrijo, no como el escorpión que apareció el otro día en el vuelo 6310 de Iberia, San José de Costa Rica-Madrid. Alguien lo subió al avión, se escapó, picó a un pasajero y falleció. Al menos muerto lo encontraron.

—Seguro que fue tan desconsiderado que picó a un pasajero distinto al que le había secuestrado y obligado a volar.

Lo que no entiendo es como pasan el control de metales esta gente con estos animales.

—Obvio, por que no son de metal y no los detectan.
—Por todos los dioses, si a mí me hacen quitarme hasta los zapatos.
—Seguro que nadie te ha hecho nunca quitarte una pierna.
—Pues no.
—Pues va a ser eso.

Ven, ahora, además de cabreada viajaré preocupada. A ver si mientras yo camino descalza por el aeropuerto viene un escorpión y me pica.

—O una iguana y te muerde.
—También.
—O una gorda y te pisa.
—Uf, qué cantidad de peligros.

Con mil ojos, siempre lo digo, hay que ir por el mundo con mil ojos. Dónde vamos a ir a parar…



sorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir