5 de septiembre de 2007

Rentrée

Pues nada, ya estamos aquí otra vez.

—Yo no me he ido a ninguna parte así que yo estoy aquí aún, no otra vez.
Julieta no seas quisquillosa, ya te irás.
—Pues como no me pagues las vacaciones tú, me temo que este año me quedo sin.

Hay que ver lo rápido que se pasan las semanas de vacaciones, como que dudo que los días tengan las mismas horas. Yo creo que se impone una investigación a fondo que desvele los tejemanejes de las empresas para tangarnos horas de ocio, seguro que los de Hormigas Blancas son capaces de encontrar algo.

—No creo, sus investigaciones se limitan a leer periódicos  y revistas antiguas. Y no creo que el Garbo tratase este tema.

Yo ya me incorporé a la oficina hace un par de semanas, qué palo. El segundo día de trabajo ya estaba nerviosita perdida y pidiendo a gritos la cabeza de algunos inoperantes. Entonces me dije: Nena…

—Uy nena, si que eres condescendiente contigo misma y con tu misma edad.

Eso sí lo tengo, que me quiero. Bueno, decía que me dije: Nena, cálmate que no has invertido tu la pasta en unas vacaciones relajantes para esto.

—No me digas más: Te hiciste caso, te relajaste y te han despedido.
—No a todo. Y sí te digo más. Vete unos diítas Julieta, porque soy tu amiga te lo digo, que no hay quien te aguante.

¿Saben lo que peor llevo del regreso? La cantidad de gente que somos en todas partes y la facilidad que tenemos para hacer colas.

—¿Colitas de rape? A mí el suquet de colitas de rape me sale de fábula.

Esto es un diálogo para besugos.

—Besugo no sé hacer, ¿tú sabes? ¿Me enseñas?

Lo dicho. En serio. Vuelves de  vacaciones relajadísima y lo primero que encuentras es una cola de órdago en la autopista, millones de coches dirección tu mismo destino puestos en fila. Llegas a casa, por fin, unas cuatro horas después de lo previsto y recuerdas al abrir la nevera que la nevera está más vacía que la intimidad de
Terelu. Vas al súper y gente por un tubo: cola en la carne, en el pescado, en los ultramarinos, en el pan, en la caja… Jesuses. Cola en el metro, en el cajero automático, en el control del aeropuerto, en la cafetería debajo de la oficina, en el cuarto de baño… Por todos los dioses, te dan ganas de volverte a casa. Y no serviría de nada, han regresado ya todos los vecinos y hoy he hecho cola hasta en el ascensor, que ya son ganas, joer, que no sé por qué la rubia del primero tiene que coger el ascensor, total para 20 escalones como mucho que hay del portal a su casa, ya los podría subir a pie. Sus muslos y todos sus vecinos se lo agradeceríamos.

—¿Estás segura de que has vuelto relajada? Yo te noto casi igual de histérica que cuando te fuiste.

—¿Tú crees?  Es posible… voy a tener que hablar en serio con mi jefe.





sorue@divertinajes.com
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