7 de marzo de 2007

Una semana sin Paris

Jesse Washington, director de entretenimiento de Associated Press, una de las mayores si no la mayor y más importante agencia de noticias del mundo, anunció, el 13 de febrero, su intención de hacer lo contrario de lo que debe hacer una agencia: no cubrirían ninguna información producida por Paris Hilton. Así, el 19 de febrero comenzó “Una semana sin Paris”, que, pese a parecer el nombre de una comedia romántica, era presentado por su “inventor” como un experimento.

Washington dijo que, salvo que a la rubia le pasase algo digno de ser mencionado, y por digno de ser mencionado no se refería a que se hubiera depilado las ingles (este último comentario es mío, pero debería haber sido de él), la rubia no aparecería en los teletipos. Saturación creo que es el término aunque a mí me gusta más decir “estar hasta las mismísimas narices” ya que la muchimillonaria salía un promedio de dos veces por semana y todavía está por pasarle algo interesante.

El día 26, terminaba el experimento y, para celebrarlo, el 27 Paris ocupó de nuevo su sitio porque la pillaron conduciendo con el carnet caducado. “Pues me compraré un millón de licencias vigentes”, creo que fue la respuesta de la ya no tan joven pero igualmente boba pijamoderna.

¿Saben qué pasó durante esa semana? Nada, no pasó nada. Las columnas de sociedad se llenaron con noticias tan insustanciales o más pero referidas a otras personas de similar calaña, léase Nicole Richie, Britney Spears, Lindsay Lohan, etc. Más de lo mismo.

—A mí, de verdad te lo digo, me la trae al pairo. Que hablan de ella, pues no me lo leo, que no hablan, pues ese trabajo que me ahorro.

Tío Ra, que dice que llamarse Paris Hilton en EEUU debe ser como llamarse aquí Madrid NH, me mira con cara de ¿de qué carajo estás hablando?

—¿Qué trabajo te ahorras? ¿No acabas de decir que no lees las noticias sobre ella?
—Me ahorro el trabajo de esquivarlas, sobri, está meridiano, que a veces es tan difícil como esquivar en mi plaza los restos del botellón el domingo por la mañana.
No entiendo yo mucho la vida de esta mujer. Es más millonaria que más millonaria y no hace nada de nada.
—¿Qué es lo que no entiendes? Te aseguro que a mí, como planteamiento vital, no me parece el peor.
Julieta, por los todos los santos, no digas eso. Hay que saber darle un sentido a la vida.
—Pues ella lo que ha hecho ha sido darse una vida dedicada a cultivar los sentidos. Además, no digas que no hace nada, si no para. Va a todas las fiestas, sale de compras, va a l gimnasio, graba videos porno caseros. Me dirás que tienes tú más actividad que ella.
—Más no sé. Digamos que diferente, eso sí.

Supongo que la vida insustancial tiene mucho encanto, es sólo que a mí me cuesta encontrarlo.

—Claro, tú eres tan profunda.
—No joer, es que, estas chicas rubias, ricas, flacas y famosas,  normalmente, terminan mal. Mira Britney Spears.
—¿Cuándo dices flacas piensas en Britney Spears? Hay que revisar tu concepto de la delgadez. Britney no es flaca y, ahora, ni siquiera es rubia, se ha rapado la cabeza, que no estás al loro.
—¿Lo ves? Ha terminado calva y de buen año, es decir, mal.

Estas rubias y otras de parecidas son las que nos dan a las rubias mala fama.

—Pero si tú no eres rubia.

De pelo no, pero lo soy de espíritu, que es lo importante. Como lo importante de la iniciativa de Associated Press es que pasaron una semana sin hablar de la Hilton y no pasó nada: no perdieron clientes, ni fiabilidad. No tuvieron reclamaciones y pudieron hablar de otras cosas. Mira tú por donde descubrieron que el mundo no se para por no saber si a  Paris le favorecen las gafas de Dior. Deberían de extender la idea tanto en el tiempo de ausencia como en el catálogo de personajes prescindibles. Y copiarla las agencias y los programas rosas de aquí, ya que nos ponemos a vetar inoperantes, comencemos por dejar de hablar de los nuestros, que los tenemos a patadas.



sorue@divertinajes.com
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