21 de febrero de 2007

Guarderías para hombres

Una agradable tarde de compras puede convertirse en una pesadilla si a tu acompañante, como al 90% de los hombres, le horrorizan todas las tiendas, incluso las de campaña. Para ti porque te chafa el placer de ir de escaparates. Para él porque ir de escaparates le produce un tedio solamente superado al que le provocan las reuniones con tus amigas.

—Eres muy tópica en tus afirmaciones.
—En lo que somos muy tópicos, querida Julieta, es en nuestros gustos

Un centro comercial de Austria ha puesto en práctica una idea revolucionaria: una guardería para hombres. Se trata de que, cuando no te queda otra que ir de compras con tu chico, puedas dejarlo en un ambiente masculino, atendido, entretenido y vigilado mientras tú te das una vuelta, miras escaparates y te fundes la visa si te lo permite la economía.

—Te darán un número para recogerlo o algo. A ver si cuando vas a por él te han dado cambiazo y te han dejado uno que no es tuyo.

La guardería, que creo que está situada junto a la de los niños, proporciona a los señores periódicos deportivos, revistas de coches, revistas de chicas guapas (y a ser posibles desnudas), cómics, videojuegos, bar y esas cosas con las que se divierten ellos. Tú los dejas cuando llegas al centro comercial y disfrutas de una tarde estupenda sin un pelmazo detrás preguntando cada medio minuto: “¿Cuándo nos vamos?” o “¿Te vas a probar otros zapatos?”. Y él… bueno, él se lo pasa teta, haciendo cosas de niños en un ambiente de adultos.

—Y perdiéndote de vista un poquito, que de todo hay.
Julieta, te la estás ganando.

El impulsor del proyecto dice que no le extraña el éxito obtenido ya que él estaba seguro de que sería así, lo que le extraña es que todas las mujeres que dejaron a sus hombres en la guardería pasaron al final de la tarde a buscarlos, ¡y todos estaban!

—¿Dónde iban a ir que estuvieran mejor? Esa guardería es el paraíso de todo hombre: juguetes, Playboy, cerveza, ¿alguien da más? Si la cuidadora es una rubia pelo largo y falda corta no habrá ningún problema en que se queden.
—El problema lo encontrarás a la hora de abandonar la guardería.

Y dicho todo esto, lanzo al aire una pregunta: ¿Era necesario este invento de la guardería para hombres? ¿No es acaso más sencillo que el hombre que no quiera ir al centro comercial no vaya y punto? Porque, de verdad se lo digo, si me gustase, que no, ir de compras acompañada, me iría con una amiga, con mi madre…

—… con tu hermana

No, Julieta, con mi hermana no. Ella se lo pasaría mucho mejor en la guardería de hombres.

—Y yo, no te giba. Sobre todo cuando esté llena de hombres.

Pero lo digo en serio, ¿para qué convences a tu chico que te acompañe de compras si luego las vas a hacerlas tú sola?

—¿Para que te lleve las bolsas?

Si al menos se quedase, no sé, lavando el coche.

—Eso, eso, que sufra sí o sí.

Todo esto sin contar con el extraño ambiente que se respirará en un centro comercial sin hombres. Los pocos que hayan decidido de verdad hacer compras, se sentirán bichos raros.

—O ejemplares únicos, depende del tamaño de su ego.
—Pues grande, Julieta, casi todos los hombres tienen un gran ego.

Sigo sin verlo, de verdad, me suena raro eso de llegar a un centro comercial aparcar el coche, aparcar el perro,  aparcar los niños, aparcar al maromo… no sé, casi mejor sales sola de casa y te dejas de rollos. Era tan bonito eso de que la familia que compra unida…

—… se arruina unida.

Es que, como triunfe la idea, algún espabilado la copiará y la aplicará a los diferentes miembros de la familia. Me veo los estadios de fútbol llenos de guarderías para mujeres. Les acompañas al partido pero, en vez de entrar, te quedas en la guarde. Qué horror.

—Depende. Si está bien surtida de revistas de moda, películas, pilates, música guay y fotos de futbolistas cachas, a mí no me importaría.
—Reconozco que, así dicho, no suena tan mal.

Y las discotecas para adolescentes con unas salas al lado del guardarropía para dejar a los padres.

—Mira, eso está bien, así se evitan ir a buscarlos a la salida y esperar en la calle, que tiene tela.  Que la equipen con sofás, televisores, juegos de mesa y cosas que ayuden a las parejas a pasar el rato.

Pues yo sigo sin verlo claro. Más que a idea brillante me suena a invento japonés: innovador sí, pero prescindible, absolutamente prescindible.



sorue@divertinajes.com
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