7 de febrero de 2007

Sin ánimo de ofender

Julieta se ha presentado esta mañana con un, según ella, interesante tema de conversación:

—¿Sabes nena? Mi compañera de mesa en la oficina (la que el año pasado se puso pecho y se quitó nariz, que, ya me dirás, nadie está contento con lo que tiene), se ha comprado con el dinero que le tocó de una herencia de una tía de Torrelodones un loft y un descapotable. ¿Qué me dices?
—Pues que qué bien y que los disfrute.
—No sé yo. La herencia no ha traído más que disgustos a esa familia. Al parecer, la difunta no tenía hijos, ha repartido todo entre sus sobrinos y, mira tú por donde, a mi compañera  y a su hermana les ha dejado más que a ningún otro y eso ha hecho que comiencen las desconfianzas y los malos rollos entre los primos.
—Cosas que pasan.
—Y ahora dice el resto de la familia que mi compañera y su hermana, que trabaja en una oficina del INEM y se divorció hace unos años, han cambiado el testamento aprovechando que son las únicas que estuvieron con la señora tía en Navidad. Bueno eso  y que, parece ser, que la del INEM le arregló a la tía los papeles del paro en una ocasión y la jubilación en otra.
—Ah.
—Por qué no creas que la tía era una vieja pelleja que no. Era la mar de apañada. De hecho ha muerto en Canarias donde se había ido a pasar unas semanas con unos amigos, uno de ellos, según dicen las malas lenguas, muy muy especial.
—¿Qué malas lenguas Julieta? Lo dices tú.
—Hija, que desaboría eres. No sólo no muestras interés alguno sino que te noto un pelín agresiva.
—Es que eres una portera, Julieta de verdad.
—Eso, ahora encima me llamas cotilla, cosa que, en ningún caso es cierta, sólo estaba haciendo un comentario bienintencionado por hablar de algo. Y, para colmo, ofendes al gremio de porteros y conserjes. Es racismo de lo laboral, apartheid del oficio.
Julieta, déjalo anda, que me estás rayando.

¿Es una ofensa o una realidad? Sin ir más lejos mi portera, la Señora Silveria, tiene únicamente dos de las virtudes que se le suponen a un buen conserje: la amabilidad y la capacidad tanto de conocer al dedillo la vida de cada vecino como de hacer partícipe de sus conocimientos a toda la escalera. De puntualidad, limpieza, conocimiento de las instalaciones etc. Anda, no lo voy a negar, algo escasa. De hecho, si la palabra portera no existiese y hubiese que inventar nombre para este trabajo yo propondría Señora Silveria. Uno puede ser cotilla y no ser portero, pero ser portero sin ser cotilla no sé yo.

Y no es este el único oficio que se utiliza de modo peyorativo. Por ejemplo, cuando una chilla mucho, dice palabras soeces y es más basta que la lija del 4 se dice que es una verdulera. Mira tú qué cosas. Yo, para no ofender a mi verdulera, Emilia,  tan discreta, fina y delicada que cuando te vende un manojo de acelgas parece estar vendiéndote un ramo de flores, la llamo mi frutera. Me suena mejor.

Y qué me dicen de los malos médicos o los asesinos a los que llamamos carniceros, acuérdense del asesino de Milwaukee.
Vamos anda, mi carnicera es, además de simpática y salada como ella sola, una tía incapaz de maldad alguna si no consideramos maldad despiezar vacas, pollos, cerdos y otros bichos ya muertos, claro está.

¿Alguien sabe porque cuando tiene una idea disparatada se dice que ha tenido una idea de bombero? Ni están todos locos ni todos están buenos, aunque haberlos haylos, tanto de lo primero como de lo segundo.

¿Y los camioneros? Si te fías de la sabiduría popular todo lo hacen en exceso. Por eso se dice come como un camionero, fuma como un camionero, jura como un camionero. Yo una vez me crucé con un camionero y parecía una persona normal.

En mi opinión de seguir por este camino ofensivodiscriminador para con algunas profesiones, en nada estamos llamando a los aprovechados, agentes inmobiliarios; ejecutivos a los bordes presumidos; ciclistas a los que se drogan; a los chulitos, futbolistas; a los mentirosos, periodistas y pilotos de avión a los impuntuales.

—Ya me lo imagino, eres un piloto, joer, que llevo media hora de plantón.
—Que periodista eres, si acabas de llegar que te he visto desde el autobús.
—Piloto y futbolista, no te jipia.

Y algunos dirán que este es otro modo de enriquecer nuestra lengua, de engorda r el diccionario de la RAE.



sorue@divertinajes.com
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