24 de enero de 2007

Burocracia

Según la Real Academia Española, la burocracia es la “organización regulada por normas que establecen un orden racional para distribuir y gestionar los asuntos que le son propios”. Hay una segunda definición: “Conjunto de los servidores públicos”.

Qué curioso, si alguien me preguntase a qué se refiere la segunda definición diría que al conjunto del funcionariado. Sin embargo, si alguien me preguntase por la primera no sé qué diría pero, con toda seguridad nada relacionado con funcionarios. ¿Organización regulada? ¿Orden racional? ¿Asuntos que le son propios? Los únicos asuntos propios que asocio con los funcionarios son esos que les dan derecho a unos cuantos días libres al mes. Afortunados ellos y envidiosa yo, todo he de decirlo.

Estas ultimas semanas he dedicado unas cuantas mañanas y más de una tarde a hacer gestiones que implicaban visitar algunas de las casas del terror del país, entiéndase el Ayuntamiento, la Seguridad Social, el Registro Civil, Hacienda, Tráfico, la Policía Nacional, la Generalitat... He hecho un master en oficinas públicas. Sólo me falta Aduanas, y es lástima, porque una vez fui y había un funcionario que estaba tremendo: alto, morenazo, con melena y todas las tardes libres, ¿se puede pedir algo más? Trámites y lo que no son trámites me dejaba hacer yo.

—Sobri, que te pierdes.

Tienes razón, a lo que voy. Lo que, en mi humilde opinión de trabajadora de la empresa privada se hubiera podido arreglar con unas cuantas visitas a webs operativas, un par de llamadas telefónicas y, a lo sumo, una visita en persona a alguna de las oficinas se ha convertido en un peregrinaje por todas las covachuelas de la ciudad.

Diré, antes de seguir, que todos los funcionarios con los que topé eran muy amables.

—Qué menos, con los trienios, los moscosos, los horarios, los descansos para desayunar… cuando trabajan deberían estar de un humor extraordinario.

Bueno, todos menos uno, pero prefiero ignorarlo, hacer como que nunca me atendió.

—¿Vas a dejar de criticar a alguien que te ha dado motivos para hacerlo? No lo puedo creer, no pareces tú.
—Cómo quieres que siga pareciendo yo después de ese montón de horas sacando números de dispensadores, esperando mi turno en salas de espera repletas de gente, llenando formularios, entregando fotocopias de todos mis documentos, explicando cienes y cienes de veces lo mismo a diferentes personas. El sistema me puede, qué quieres que te diga.
—Pero sobri, si todos esos organismo oficiales tienen páginas web para hacer gestiones y teléfonos de atención al usuario.
—Es verdad, pero no son de gran ayuda si de lo que te informan es de que debes ir a la oficina más próxima porque, justo ese trámite que deseas hacer todavía no está previsto on line.

Yo, que soy mas ilusa que Bea la Fea (y mucho más mona, la verdad), pensaba que, por ejemplo, cuando cambias la dirección en la que estás empadronada, el ayuntamiento pasaba la información a sus colegas de hacienda, seguridad social o tráfico.

—Tú es que te vas de la olla.

Pues no sé por qué no iba a funcionar. Internet y las bases de datos compartidas son así, no las he inventado yo. Pero, claro, eso sería mucho pedir. Hace unas semanas solicité por teléfono al Ajuntament de Barcelona mi cambio de empadronamiento. Me tomaron los datos y me dijeron que me enviaban una documentación para rellenar, firmar y devolver. Me la enviaban por correo ordinario a mi dirección antigua.

—¿A la antigua? Pero es que ya no vivo allí, por eso solicito el cambio.
—Lo lamento pero esto es lo que hay.

Como todo el mundo sabe, cuando has abandonado un domicilio, por lo general ya no tienes las llaves del portal y mucho menos las del buzón… No importa, me las ingenié para rescatar la documentación, la rellené, la firmé y la devolví. Pasadas unas semanas decidí ir a la Seguridad Social a que me asignaran médico de cabecera, nunca antes desde que vivo en Barcelona había ido, pero el cambio de domicilio me pareció un buen momento para hacerlo.

—Señora, en nuestros archivos consta que vive usted en la provincia de Tarragona.
Jesús, hace 5 años que salí de allí.
—¿Y nunca solicitó cambio de empadronamiento?
—Pues claro, cada vez que me cambio de piso, y van tres.
—A ver qué podemos hacer. Déjeme su DNI.

Lista como soy vi venir el problema antes de que me lo explicara aquel señor tan amable. Efectivamente, como no había recibido el certificado de empadronamiento no me había hecho el DNI con la dirección nueva, con lo cual yo decía que vivía en un sitio, mi DNI decía que vivía en otro, La SS creía que seguía en Tarragona… Me marché de allí, alucinando al enterarme de que ninguno de mis cambios de domicilio (algunos implican cambios de ciudad) estaban registrados en las bases de datos de la Seguridad Social: Los ayuntamientos, avariciosos ellos, tienen la información pero no se la pasan a nadie. Claro que más alucinaba el funcionario al que, mis argumentos sobre la globalización del planeta, los datos compartidos etc. le sonaba a chino.

Volví a llamar a 010 a ver qué pasaba con mi empadronamiento. ¡Qué contrariedad! Habían extraviado mi expediente o, lo que también podía ser, lo habían extraviado en correos. El caso: el cambio estaba sin hacer. Si comenzábamos de nuevo debía volver a mi piso de antes a recoger el sobre… bah, mejor me acerco yo a la oficina del ayuntamiento.

Me presentó allí, hago la cola delante de información, me dan un número, espero en la sala de espera, me llega el turno, explico la situación, me hacen el cambio, me dan dos certificados, uno para presentar en la Seguridad Social, otro en el DNI. Pido un histórico de empadronamientos y me dicen que debo pasar a recogerlo en unos días …¡Horror! Me veo de nuevo en el rollo de las colas, los turnos, las ventanillas… Esto es como una pesadilla sin fin.

¿Saben qué es para mí el lujo? El lujo es no tener que hacer gestiones, tener alguien que las haga por ti.

—¿Una gestoría?
—No exactamente, alguien que me haga todos los trámites, los papeles, incluso los que tienes que firmar personalmente, que se haga las fotos por mí, que autorice, dé fe, compulse, fotocopie, haga colas, haga test psicotécnicos, chequeos médicos, alguien al que le tinten las yemas de los dedos para tomarle mis huellas dactilares, ya me entienden.

Bueno, eso y lo que hacen ahora los famosos, que se asocian para comprar islas, luego juntan los días de asuntos propios con las vacaciones, los moscosos, la hora del desayuno y los permisos especiales y se van una semana a su isla, por todo el morro.



sorue@divertinajes.com
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