10 de enero de 2007

Feliz y Divertino 2007

El lunes volví al trabajo tras las vacaciones de Navidad y el jefe me invitó a una comida de trabajo en su restaurante favorito para planificar, en un ambiente relajado, los próximos meses.

Lo que en otro momento me hubiera hecho ilusión (pese a que encubre horas extras, pues significa trabajar en el tiempo de descanso de mediodía) esta vez me sentó como un tiro. Por favor, más comidas no. No puedo más.

Es lo que tienen las navidades: comes y comes y vuelves a comer. Este exceso alimentario conlleva que el Roscón de Reyes se convierta en una Cruz de Todos los Diablos y cueste tanto digerirlo como si se tratase de una Corona Real. Vaya, que si encima te toca la sorpresa y tienes que pagarlo, te dan tentaciones de apuntarte a la Iglesia de la Cienciología, que ni hay pavo de navidad, ni tronco de San Silvestre ni turrones, mazapanes o polvorones, ni Roscón de Reyes ni ná de ná. Sólo te echa para atrás ver en qué se ha convertido Tom Cruise y la duda de si tú correrías la misma maldita suerte.

A lo que iba, que le dije a mi jefe que mejor no íbamos a comer a ninguna parte. Mejor nos tomábamos en su despacho un vasito de Evian con sales de frutas y, entre efervescencia y efervescencia, platicábamos sobre el futuro de la empresa.
No le pareció bien, pero sé que sus michelines, de tal tamaño que debería decir michelones, me lo agradecerán.

La cuesta de enero tiene para mí triple significado este año. El primer significado sería el común al resto de los españoles, el de superar el gasto desmesurado de las fiestas. He gastado tanto dinero que los de VISA de La Caixa me han llamado por si la había robado un ladrón manirroto.

El segundo, el de volver a trabajar tras las vacaciones. Dioses, cuánta pereza cabe en un cuerpo humano. No se me ha hecho cuesta arriba, se me ha hecho peor. Ha sido como nadar contracorriente, como salir de arenas movedizas, como ver la novela de Antena 3. Un esfuerzo sobrehumano.

El tercero, el de empezar a cumplir los buenos propósitos de Año Nuevo, propósitos que consigues aplazar hasta después de Reyes, o sea hasta ya mismo, sin remordimiento. A partir de ahora, si lo aplazas temporalmente o para siempre, es tu decisión, pero la autoestima se resiente, la conciencia da gritos, los tuyos se descojonan de ti. Chungo, muy chungo.

Porque, queridos Divertinos, casi igual de cargantes que las Navidades en sí son la pre Navidad y la post Navidad. La previa porque te angustias de pensar en lo que se te viene encima, te estresas de tanta compra y tanto recado como tienes que hacer. La post porque te angustia pensar cómo afrontarás los kilos de más y las pelas de menos. Y te estresa que, tras tanta fiesta y tanto desenfreno, falten casi tres meses hasta la Semana Santa, las próximas mini vacaciones.

Pero bueno, como decía el sabio, todo pesa y todo queda. La Navidad ya ha pasado y quedan los casi tres kilos que he puesto y 356 días para disfrutar hasta las próximas pascuas. Feliz y divertino 2007.



sorue@divertinajes.com
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