5 de diciembre de 2006

La maldición de los electrodomésticos

Mi cocina parece el vestuario del Valencia, cada semana se lesiona alguien. Si la semana pasada se me rompió el microondas, esta se me ha roto el tostador de pan.

—Y queramos o no, vas a contárnoslo.
—La verdad es que sí, Julieta, pensaba contároslo.
—Si mi opinión vale algo, mejor no. Ya nos aburriste la semana pasada con tus problemas domésticos. Dos semanas seguidas de anécdotas caseras nos superan.
—Sólo un comentario y cambio de tema.
—Me lo temía, si no quieres arroz, toma dos tazas. Comenta, comenta, pero rápido.

La avería del tostador de pan viene a dar sentido a la leyenda urbana de que los electrodomésticos se estropean todos a la vez. Ya lo decía mi madre, si montas la cocina de una vez, en unos 10 años te veo cambiando todos los aparatos. Es la maldición de los electrodomésticos. Estoy por poner una vela al patrón que se encargue de esas cosas para que la racha no continúe por la lavadora, el lavavajillas o el frigo. Por favor, por favor, que esto se pare aquí pero, que si no se para, al menos los siguientes en caer sean el abrelatas eléctrico y la termomix.

Lo prometido es deuda así que a otra cosa , mariposa.

—No, espera. —Tío Ra siempre se muestra sensible a los problemas ajenos—. ¿Qué le ha pasado a la tostadora?
—No sé. Es uno de esos aparatos inteligentes. Programas el nivel de tostado que quieres y tiene un sensor que detecta cuándo está la rebanada de pan dentro con lo que se pone en marcha sola. Cuando se ha alcanzado el nivel deseado, las tostadas saltan y ella se apaga. Ahora que se ha estropeado no saltan y, como detecta que tiene tostadas dentro, se vuelve a poner en marcha y volvemos a empezar.
—Era un aparato inteligente, ya veo.
—¿Cómo era? ¿Quieres decir que no tiene arreglo, que ha muerto?
—Yo no sé si tiene arreglo. Quiero decir que si es capaz de tostar las tostadas ya tostadas hasta que más que tostadas están quemadas, ya no es tan inteligente. Está tonta.
—No Tío Ra, está rota, que no es lo mismo.
—En este caso es parecido.

El caso es que tengo que volver a la tienda a llevar la tostadora. Bueno, eso y que estaré unos cuantos días sin desayunar tostadas.

—Compra bollitos o madalenas. A mí me encantan los bollitos para desayunar.

A Tío Ra le encanta mojar dulces en la leche con Nesquick. A Julieta, sin embargo, lo que le gusta son los biscotes crujientes y no soporta migas en su café. Cada uno tiene sus costumbres.

—No exactamente. —Julieta llevaba demasiado rato sin llevarme la contraria—. Yo tengo costumbres, Tío Ra, manías.
—Es cierto, tú tienes la mala costumbre de no ser objetiva en tu modo de ver las cosas. Y Tío Ra la manía de no meterse con las costumbres de los demás.
—Será como tú dices. Pero, no me negarás que para haber prometido que no hablarías de tus problemas domésticos no haces otra cosa.
—No sabía que Tío Ra y tú erais un problema, ni que fuerais domésticos.
—¿Nos acabas de llamar animales domésticos? ¿Mascotas? Eres lo peor.
Julieta, yo no he dicho eso. He dicho que…, que….
—¿Qué, a ver, qué has dicho?
—Pues no lo sé Julieta, algo referente a alguna otra cosa que tú habías dicho antes, pero no recuerdo.
—No sabes lo que dices y sin embargo lo dices.
—Y a ti no hay quien te aguante y sin embargo te quiero.
—El caso es que has llegado al final de la página y no has hablado de nada interesante.

No estoy de acuerdo: he hablado de mi tostadora y de mis amigos, dos temas de conversación fabulosos.



sorue@divertinajes.com
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