8 de noviembre de 2006

Nuevas normas de seguridad

Justo a punto de preparar la maleta para irme a Madrid en avión, leo las nuevas normas para llevar, o mejor dicho para no llevar, líquidos y otros productos en el equipaje de mano. Al loro.

Desde que el pasado mes de agosto las autoridades británicas desarticularon un intento de atentar contra aviones de pasajeros con explosivos líquidos camuflados en el equipaje de mano, se ha rehecho la normativa al respecto y,  ahora, no podemos llevar más de 100 mililitros de cualquier tipo de líquido, pasta o loción en el equipaje de mano.

—¿Cuánto es 100 mililitros?

Esto va a ser más durote lo que parece.

Además, no crean que esos 100 mililitros permitidos se pueden llevar de cualquier manera, en una cantimplora, por ejemplo. Hay que llevarlos envasados de una determinada manera y metidos en una bolsa de plástico transparente que se pueda cerrar. Adiós a mi neceser de mano de Carolina Herrera y a mi funda de Loewe para llevar la botella de agua. Mecachis.

Esta normativa afecta a diferentes productos de diferentes texturas, a saber:

  • Agua y cualquier otra bebida (olvídese de llevarse las latas para ahorrarse los 2€ que cuesta una coca-cola en el avión).
  • Geles (de baño, ducha, para el pelo… Horror, yo no soy nadie sin mi gel de fijación extra fuerte!!).
  • Cremas (tanto hidratantes como de calabacín o pastelera).
  • Colonias (de buen olor se refiere, sí puedes llevar una colonia de alemanes residentes en Mallorca, por ejemplo o una colonia de hormigas rojas).
  • Desodorantes en barra (ni gel, ni colonia, ni desodorante… sospechoso atentado contra la higiene corporal).
  • Aaerosoles (curiosamente, las aeromozas no están limitadas, je, je)
  • Mantequilla (quien dice mantequilla dice margarina, light o no, manteca de cerdo o mantequilla de cacahuetes).
  • Queso de untar (puedes llevar un buen trozo de queso roncal, pero no una caja de quesitos, mira tú. Los quesitos, todo el mundo lo sabe, son peligrosísimos).
  • Muchas más cosas siempre que tengan  una consistencia igual o parecida a las ya citadas (salsas, maquillajes, vaselinas,  dentífrico, flash golosinas, blandiblub, lubricante, aceite de almendras,  chocolate a la taza, suavizante para la lavadora… dioses, la lista es interminable).

—Pero sobri, ¿quién quiere viajar en avión con una botella de Vernel concentrado de olor a melocotón en el bolso?
—La pregunta, Tío Ra, no es esa, la pregunta es, después de esto, ¿quién quiere viajar en avión?
—Tienes razón, esto es una faena. Desde la decisión de no dar comida en los vuelos de menos de tres horas yo me llevaba un bocadillo y una cerveza. Ahora quizá deba llevarme sólo el bocata y comérmelo a palo seco.
—Y te lo tendrás que llevar de salchichón porque de fuagrás, de nocilla o de membrillo, de atún con mayonesa, pues no vas a poder. Esos productos tienen que ir dentro de la bolsa de plástico transparente.
—Qué contrariedad. Quizá la solución sea meter ambas cosas, bocata de fuagrás y lata de cerveza en la bolsa transparente.

Lo mejor será no llevar equipaje de mano, facturarlo todo y luego rezar mucho para que las maletas no se pierdan con el queso de cabrales y la botella de sidra que traemos de recuerdo. O mejor que sí, que se pierdan y que el queso les atufe la sala esa inmensa de maletas perdidas.

Menos mal que hay líquidos y semilíquidos que sí nos dejan llevar en el equipaje de mano. Puedes llevar cantidades superiores a los famosos 100 ml de algunas cosas, comida para bebés (lo que garantiza una cierta tranquilidad en el vuelo. Hay niños que sólo están callados mientras comen) o medicinas, por ejemplo. En estos casos debes, llevar los productos fuera de la bolsa de plástico transparente (ole, ole y ole, acabo de encontrar un uso a mi neceser de Carolina Herrera) y no olvidar la receta médica y/o una prueba de autenticidad.

—¿Qué quiere decir eso?
—Pues entiendo que debes llevar algo para poder demostrar que lo que hay dentro del tarro de potito de pollo y verduras e, efectivamente, potito de pollo y verduras.
—Lo más efectivo sería darle un poco a tu niño delante de poli del control y, si se lo come y no se pone verde, por ejemplo, es que era potito.
—No des ideas Tío Ra.

¿Imaginan en qué se puede convertir la cola del control de seguridad? Si hasta ahora sólo debías vaciarte los bolsillos en una bandejita y meterla por una cinta y había veces que estabas media hora, a partir de ahora la cola del control será peor que la del casting de Operación Triunfo. Bueno, peor no, en la del aeropuerto por lo menos, no cantará nadie. Y hablo con conocimiento de causa

—¿Fuiste al casting de OT?
—No, pero me he chupado unas cuantas de esas colas de los rayos X. ¿Quieres que te diga una cosa?
—No, no quiero, pero me temo que la dirás igual.
—Es la única cola en la que las mujeres acostumbramos a pasar más rápido que los hombres. Normalmente lo llevamos todo en el bolso así que no tenemos que vaciar bolsillos y toda esa mandanga.

Claro, que eso se acabó. A partir de la puesta en marcha de la normativa, debemos sacar los ordenadores portátiles y aparatos eléctricos grandes de su funda, de la maleta de mano y pasarlos  por la máquina de rayos X.

—Joer, pues estamos apañaos. Como todo el mundo que viaja con portátil tenga el lío de cables que tienes tú en la maletita, el trámite del control de seguridad será como la Historia.
—¿Llena de injusticias?
—Interminable.

Y no sólo por los cables, también por pudor. Yo, en mi maletita del portátil llevo también mis cosas personales y me da vergüenza que todo el mundo las vea cuando abra la maleta para sacar y meter  el ordenador.

¿Saben qué les digo? Que me voy a Madrid en tren, que es mucho más sencillo.





sorue@divertinajes.com
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