18 de octubre de 2006

Qué seré, seré

Leo en el diario gratuito Qué!...

—¿En cuál?
—En Qué!.
—Que en cuál diario.
—En Qué!, Tío Ra.
—¿En qué qué? ¿Estás sorda?
—No, eres tú, que estás tontuno. El diario se llama Qué! Con acento y signo de admiración al final.
—Ah, haber empezado por ahí.

No puedo con mi vida. Lo que voy a hacer es empezar de nuevo por el principio. Allá voy.

Leo en el diario gratuito Qué, que el nuevo icono a seguir por las niñas entre 6 y 12 años es la Princesa Letizia. Se me erizan los vellos. ¿Quiere eso decir que quieren ser princesas? Pues alguien debería aclararles que es un puesto de trabajo muy escaso y en el cual, por el momento, y a expensas de saber el sexo del futuro bebé real, no se prevén vacantes.

No sé el nivel de entendimiento de una niña de 6 años, pero el de una niña de 12 debe ser los suficientemente alto como para saber que, en los tiempos que corren, ser princesa al modo de Doña Letizia, es una manera muy rápida de ganar puestos en el escalafón social y asegurarse un porvenir sin demasiado esfuerzo.

—Pues para mí renunciar a mi vida normal para pegarme el resto de mi vida sujetando flores en actos sociales aburridos de la muerte al lado de mis suegros, es un gran sacrificio.
—Y para mí Julieta, y para mí. Pero esfuerzo como el de levantar todos los días a las 06:30 para irse a trabajar en metro y volver a casa a las 20:00, todo por un sueldo de 1.000 euros , pues es peor.
—Realmente.
—Tan contradictorio como cierto.

El caso es que las niñas se han dado cuenta de lo que se dio cuenta Letizia en su momento: renunciar a tu vida privada, a tu trabajo, a tu independencia de movimiento y de pensamiento, al anonimato a tu derecho a elegir qué quieres ponerte para ir a una boda… compensa. Al menos adelgaza.

Lo que no hay es niños que quieran ser príncipes.

—Es porque piensan que, de serlo, de mayor habrán de llevar ese peinado tan “demodé” que lleva el nuestro.
—Eres perversa Juli.

También es verdad que hay otras niñas deseando ser otras cosas, Lara Croft, por ejemplo. No sé que es mejor.

—Ser no sé pero estar —a Tío Ra se le han puesto los ojos en blanco— está mucho mejor Lara Croft que Letizia Ortiz.
—Aunque el vestuario de Lara no es tan variado como el de Letizia.
—Tampoco el de Letizia es muy variado, la verdad, abundante sí, pero variado no: todo lo que lleva es igual, de diferente color pero igual.

También hay niñas y niños que, de mayores, desean ser… diferentes. El Papa...

PapaPapa mola. Papa no es ser diferente, es ser único. Y también lleva un vestuario muy colorido.

... pastor de caracoles...

—¿Pastor de caracoles? Apasionante trabajo. Algo lento, pero apasionante.

... alguno ha dicho que quiere llegar a ser Bruja...

—Uy, como Gemma Ruiz.

... otro que vagabundo...

—Caramba, me alegra saber que sigue habiendo bohemios.

... También los hay tradicionales que quieren ser bomberos, médicos, policías, futbolistas o corredor de Fórmula 1. Había uno que quería ser cetrero.

—¿Cetrero? ¡Jesús! ¿Sabrá el niño lo que es un cetrero?
—El niño probablemente sí, la que no lo sabe eres tú, querida Julieta.

Dicen que en los niños está el futuro… no sé yo. Alguien del presente debería hablar con ellos y explicarles como está el percal. Si se dejan guiar por sus deseos de hoy día, preveo un futuro de lo más incompleto…



sorue@divertinajes.com
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