27 de julio de 2006

¡Qué calor!

—El sudar no ocupa lugar.

Tío Ra transformando la sabiduría popular en cochonería popular.

—No sé qué decir. Hay que ver lo que ocupa el cerco que se te hace en los sobaquillos, que parecen dos obleas
—Digo metafísicamente hablando.
—Ah.

Y es que el calor es muy malo, te hace, no sólo sudar, sino incluso desvariar.

—Tú desvarías también en invierno, mona.
Julieta, lástima no se te dilate tanto la lengua por el calor que no te quepa en la boca.
—Por Santa Horchata, qué bruta eres amiga.
—No soy yo, es el calor que no me deja dormir, tengo mal humor y así me luce.
—Lo que te luce es la frente y el bigotillo de tanto como sudas.
—Es la famosa frente perlada de sudor…
—… convertida en bigote chorreando sudor.

Y es que, hasta para el calor, hay diferencias. Porque, ¿ustedes creen que la Preysler suda?

—Yo creo que no. —Tío Ra se abanica con tanta fuerza que se le va a dislocar la muñeca—. Seguro que, junto a las patas de gallo y las arrugas, se le llevaron las glándulas sudoríparas.
—No digas tonterías. Todo el mundo pasa calor cuando hace, ricos y pobres, altos y bajos, buenos y malos. Lo que unos tienen más medios que los otros para combatirlo.
—Ese es el quid de la cuestión, que a los de la jet, el sudor no les cunde. En las cubiertas de los yates hay mucha corriente, y se les evapora el sudor sin dejar rastro.

Sé que es algo lógico en estas fechas, y que no soy la única que lo está padeciendo pero, se lo juro por mi ventilador de tres velocidades, me muero de calorinas.

—No sé de qué te quejas, si vas de aire acondicionado en aire acondicionado: De casa a la oficina, temperatura media 22 grados.
—Tú lo has dicho, voy de casa a la oficina y de la oficina a casa y quieres que no me queja.
—Sí, quéjate, pero no de calor. Además hay muchos sitios adonde ir que no hace calor.
—¿Sí? Dime, dime, que tomo nota.
—Al cine, a un centro comercial, a una cafetería aclimatada, al Corte Inglés.
—Pero lo que yo quiero es ir a la calle, a la playa, al campo a la piscina, que para eso es verano.
—Pues chata, hasta que no acondicionen el aire libre tienes dos opciones: a la intemperie cociéndote o encerrada fresquita. Tú misma. Aptuiu, que dicen los ingleses.

Tío Ra tiene razón, pero yo me resisto a tirarme todo el verano bajo techo. Quiero disfrutar de la naturaleza, de las horas de sol, del cielo abierto.

—Pues disfrutas tú sola, ¿eh?, conmigo no cuentes que me derrito. En invierno disfrutamos juntos de todo lo que quieras, en verano a mí no me sacas de debajo del chorro del aire frío, que es el único aire que mola.

¿Lo ven? Me pregunto si, con el sudor se eliminan, además de toxinas, células grises.

—¿Neuronas? Pues ahora que lo dices, puede ser, porque tú, desde que hace calor, estás de un bobo.
Julieta, suda un poquito anda, a ver si consigues librarte de esos venenos que llevas dentro.

Yo es que no lo entiendo. Toda esta agua que soltamos, ¿en qué bolsa la teníamos guardada? Porque, de verdad se lo digo, los de Solan de Cabras, si me conocieran, me nombran manantial oficial.

—Eso ha sido casi escatológico.
—Perdonadme. Tengo el cerebro caliente…
—Además de calenturiento.

Hay un montón de métodos para combatir el exceso de temperatura: ducharse a menudo, beber mucho agua, comer helados, ponerse a la sombra, no salir de casa en horas de sol asesino… Los he probado todos, y no funcionan.

—¿Sabes cuál es el que mejor resultado da? La paciencia. Échale paciencia sobri que total, son tres días.

Va a ser que sí, que es lo único que funciona…. ¿Saben lo mejor? En unos meses nos pelaremos de frío y añoraremos esto. O no porque, con este calor, me temo que el frío se ha acojonado y no volverá nunca más.

—Vete acabando, que me da un calor verte teclear.
—Es verdad, dicen que, con temperaturas máximas, no se debe hacer ejercicio. Me vuelvo a la hamaca debajo del árbol.
—Tú sí que sabes…





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