5 de julio de 2006

Chupa chups per tutti

Esto del verano no se crean que lo tengo yo muy claro: los días son más largos y, sin embargo, las semanas parecen más cortas. ¿Será por el calor? O será porque, cuando estás de vacaciones, el tiempo se pasa volando…

Desde el miércoles pasado han pasado 7 largos días, aún no me he repuesto del esfuerzo creativo de la semana pasada y ya empiezo con el esfuerzo creativo de esta. Que estrés.

—¿Llamas esfuerzo creativo a criticar a Nicole Kidman sin parar?

A palabras necias, oídos sordos, ya lo dijo el sabio. Llamo esfuerzo creativo a lo que me da la gana, hombre ya.

(Aprovecho el inciso para decirle a esa lectora que me critica porque me meto con la gente operada que tiene algo de razón. Pero, con lo que yo me meto, es con que se operen las guapas: eso es lo que no entiendo. La lectora dice que percibe una miaja de envidia cochina en mis palabras, porque, probablemente, yo no soy tan guapa como la Kidman. Bueno, todo va en gustos. Lo que sí digo es que yo le tengo tanto cariño a mi nariz y a mis pómulos que no osaría tocarlos. Y que, a las pruebas me remito, el mayor éxito como actriz de la Kidman lo tuvo con una nariz postiza… ¿No da para reflexionar?)

El caso es que, esta semana, ha estado llena de noticias que acaparan nuestra atención, pero a mí me ha tocado especialmente una que me trae recuerdos de mi infancia, nostalgias de tiempos pasados.

Los Chupa Chups, los caramelos con palito, el orgullo de los caramelos españoles, dejan de serlo. Unos italianos, los mismos que comercializan los MENTOS, esos caramelines-gragea que, mezclados con Coca-Cola, provocan un estallido tipo géiser casero de lo más impactante, han comprado la marca

Muchos de mis recuerdos van unidos al Chupa Chup: recuerdo a mi tía Felita viniendo los viernes a casa, a la partida de mus con mi abuela y sus amigas y trayendo chupas para todos los niños. Esas peleas por conseguir el sabor que te gustaba, ese intercambio de caramelos:

—Te doy una chupada del mío si tú me das una chupada del tuyo.
—Vale, pero ponte a la cola. Antes que tú están Anica, Martita, Miguelón y Pedrín.

Y allí estábamos, todos, compartiendo chupadas, con perdón, en perfecta comunión.

El chupa chup me hace pensar en Kojak, en Cruyff, en tardes de cine, en cumpleaños en el colegio, me acuerdo que, cuando me cansaba de chupar, lo metía en el pupitre para recuperarlo más tarde, después del recreo, por ejemplo. Incluso me acuerdo de esconder la cabeza tras la tapa del pupitre para darle una lametada.

—Tú lo que eras es una gorrinotona.

También un poco, cierto es. Pero es que yo soy de una de esas generaciones en que los niños todavía bebíamos a morro de las fuentes, nos caíamos y nos hacíamos escorchones en las rodillas, merendábamos pan con chorizo y comíamos chupa chups.

Y qué me dicen de los que llevaban dentro chicle. Eso era un lujo casi asiático. Como aquellos que salieron supergrandes, o los de sabor cola con sidral dentro. ¿Quién no recuerda la emoción cuando el señor de la tienda de chuches (de golosinas, decíamos en mis tiempos) abría ante ti el expositor. “¿De qué lo quieres, chaval? Cógelo tú mismo”. Eran otros tiempos.

Ahora sólo de pensar en darle vueltas a una bola de puro azúcar en la boca me salen caries

—Y michelines.

Y michelines, es verdad. Es lo malo de perder la infancia y adquirir conciencia, que la usas y sufres. Y terminas comiendo chicles sin azúcar, caramelos sin azúcar, refrescos sin azúcar, incluso azúcar sin azúcar.

Ya sé que, con la venta, no van a desaparecer los Chupa Chups, es sólo un cambio de nacionalidad. A partir de ahora serán italianos, como la pizza, como la grappa, como los spaghetti carbonara… pero, ¿qué quieren? Los caramelos del palito, la fregona, la sangría, Súper López, El Corte Inglés o la tortilla de patata, están relacionado con el orgullo patrio, al menos con el mío, mucho más que la selección, Rosa de España o el toro de Osborne. Primero los ingleses se quedaron con Gibraltar, ahora los italianos se quedan con Chupa Chups. Nada es lo que era.

En fin, que es una pena para todos. Bueno, menos para la familia catalana que ha realizado la venta, para la que, seguro, es una alegría bien gorda.

Y todo eso sabiendo que, en esta semana tan dolorosa, hace falta algo más que caramelos para consolarnos.



sorue@divertinajes.com
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