21 de junio de 2006

Nuevos tiempos, nuevos hábitos de pago

¿Se acuerdan de cuando pagar en un establecimiento consistía en entregar dinero? Las cosas han cambiado mucho desde entonces. De ahí pasamos a pagar con tarjeta de crédito, luego tarjeta más DNI, tarjeta más DNI más tarjeta de cliente fidelizado y así hasta nuestros días. En la actualidad, para pagar en, pongamos, el supermercado, Tarjeta + DNI + tarjeta de cliente fidelizado + descuentos varios.

Éste no es el único cambio. En esta sencilla transacción (yo compro, alguien vende, yo pago, alguien cobra) hay más novedades. Antes, el dependiente de local, cuando le pagabas, te daba el cambio si era pertinente, y las gracias. Ahora, a cambio de tus tarjetas y tus papelotes varios, en el negocio de turno te dan un ticket, el recibo para firmar, los puntos de la tarjeta cliente, los vales de descuento, las ofertas para la próxima semana y, si se tercia, las gracias.

¿Mejor? No sé qué decir. Más complicado seguro. Los vales de descuento, por poner un ejemplo, te hacen consumir cosas que no necesitas, que no habías usado antes, que no consumirías si no fuese porque te van a hacer descuento. El otro día sin ir más lejos, terminaba ya la compra de la semana y, antes de pasar por caja, revisé mis vales de descuento, antes de salir, por si acaso había alguno interesante. «20% de descuento en quesos frescos envasados». Sonaba interesante. Aunque no suelo comprar este tipo de quesos (lo prefiero a granel, del que compras por peso, del de toda la vida), me dije: «con el descuento del vale, te sale a cuenta». Y compré dos.

La sorpresa, al llegar a la caja, fue que no me aceptaron ese vale porque no coincidía con ninguno de los productos que me llevaba.

—Señorita me llevo dos quesos frescos envasados.
—Sí, pero el descuento no se refiere a esos quesos frescos envasados.
—¿Cómo que no? No dice nada de las marcas que debemos llevarnos.
—Es porque se refiere al queso fresco a granel que vendemos en la sección de quesos.
—Pero ése es a granel, usted misma lo dice, no envasado.
—Eso es antes de que usted lo compre. Cuando lo compra y pide que se lo envasen, bien al vacío, bien en una bandejita, pasa a ser «Queso fresco envasado» y yo le hago el 20% de descuento.

Todavía no he cerrado la boca, mira tú cómo me la jugaron. Por un momento añoré los tiempos en que, en la caja, sacabas los billetes de cien. ¿Se acuerdan de los billetes de cien? Pero sólo fue un momento, en realidad soy forofa de las tarjetas de fidelización y los vales de descuento. Tengo la tarjeta Iberia Plus, la de Spanair y la de Air Europa. Tengo la tarjeta de El Corte Inglés, la de Caprabo, la de Cortefiel, la de Springfield, la de FNAC, la de Aldeasa (las tiendas del aeropuerto), la de VIP’S, la del videoclub, la de la tintorería de la esquina, la del kiosco de periódicos… Llevo tantas que mi cartera parece un MacBurger, con un montón de capas de colores vivos. Además, colecciono los puntos de La Caixa, para conseguir regalos, los códigos de barras de Nescafé, para ver si me toca un sueldo para toda la vida, las tapas de los Danone, por probar suerte con los sorteos de viajes… Tengo tantos papelotes que los imanes de la nevera ya no son suficientes para mantenerlos pegados, estoy por usar Super Glue. Por cierto, ¿alquien sabe si el Super Glue da puntos?



sorue@divertinajes.com
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