14 de junio de 2006

Mi prima Marilé está embarazada

—¿Marilé? ¿Qué tipo de nombre es Marilé?

Está de casi 30 semanas. No sé muy bien cuánto es eso, ni sé muy bien por qué las embarazadas cuentan sus embarazos por semanas cuando, de toda la vida de Dios, los embarazos se han contado por meses. «¿De cuánto está tu prima?» «De 5 meses y medio». Pues no, ahora los cuentan por semanas, para que nadie te entienda. Cosas modernas.

A lo que iba. Como el marido de Marilé no trabaja en Barcelona…

—¿Marilé? ¿Qué tipo de nombre es Marilé?

…y la consulta del ginecólogo era en el centrito mismo de la ciudad, mi prima me llamó a ver si quería acompañarla a la visita mensual y, de paso, nos comíamos un helado y cotorreábamos de nuestras cosas.

Total, que ayer la barriga de mi prima Marilé con mi prima Marilé detrás…

—¿Marilé? ¿Qué tipo de nombre es Marilé?

… y yo estuvimos ayer toda la tarde en la sección de ginecología y obstetricia de la clínica de la Asunción. Y saben qué les digo, pues que es cierto, hay otros mundos, pero están en éste.

En cuanto sales del ascensor notas algo raro en el ambiente. Te encuentras en una sala de espera llena de mujeres y, sin embargo, reina el silencio.

Es un espacio diáfano, pintado de beige, sillas de color melocotón y dibujos al carboncillo con temas relacionados más o menos con la feminidad (ya saben, siluetas de mujeres, algunas de ellas en estado de buena esperanza, tumbadas, levantadas, sentadas, recostadas, todo paz). En las mesitas auxiliares, montoncitos de revistas especializadas en el tema: Ser madres, Mi hijo, Mi bebé y yo, Una nueva vida y esas cositas. Luz suficiente, pero relajante, y una suavísima música ambiental terminaban de dar a la sala ese no sé qué de lugar casi sagrado. Si me apuran, incluso diría que había un suave olor a flor de loto. Un par de enfermeras trabajaban detrás de unas mesitas bajas, como guardas de la puerta del santuario, de la entrada al despacho de LOS DOCTORES. Si en aquel momento aparecen dos orientales con unas ofrendas de incienso y té verde, yo me pongo de rodillas y recito un mantra. No digo más.


Marilé

—¿Marilé? ¿Qué tipo de nombre es Marilé?

… se adentró decidida, aunque visiblemente bamboleante (la barriga de mi prima tiene un tamaño considerable y un considerable aspecto de caparazón de tortuga Ninja, pero delantero), hacia las enfermeras. Yo, algo amedrentada por la primera impresión, no osaba despegarme del ascensor. Porque, pese a que el ambiente en sí era especial, lo verdaderamente asombroso era lo de los seres.

—¿Qué seres?
—Hombre Tío Ra, por fin has cambiado de preguntita. Los seres similares a Marilé.
—¿Marilé? ¿Qué tipo de nombre es Marilé?
—Joeeeeeeeer…

Al decir seres me refiero a toda aquella colección de futuras madres. Cualquier extraterrestre que, tras un paseo por el Paseo de Gracia, entrase en esa consulta, pensaría que en la tierra había otra especie, además de la humana. La especie de los Barbapapás: Las embarazadas.

—En realidad, cualquier extraterrestre que se diese un paseo por las Ramblas un domingo de primavera pensaría que en la tierra convivían cienes y cienes de especies, a cada cual más extraña.

Las embarazadas, con todos mis respetos, se parecen más a esos dibujos animados que veíamos de pequeños que al resto de los mortales.

Solo que ninguna es azul. Las aproximadamente 20 preñadas que había en la sala de espera eran muy diferentes entre sí: altas, bajas, jóvenes, más mayores, guapas, feas, en fin, muy diferentes. Pero había algo que las diferenciaba como pertenecientes a la misma especie: la búsqueda del centro de gravedad.

Todas, las que están sentadas y las que están de pie, han adoptado una postura inverosímil para quien no tenga una mochila incorporada a su abdomen, con la finalidad de no caerse hacia delante. La postura consiste, con ligeras variaciones, en echar la espalda muy hacia atrás y la barriga muy hacia delante, en la esperanza de que el centro de gravedad esté en el medio y ellas no se venzan por el peso.

—Será por eso que al embarazo se le llama estado de buena esperanza.
—Por eso o por la esperanza de que, una vez terminado el proceso, volverán a su figura y a sus posturas habituales.

Casi todas leen alguna revista, aunque las hay que piensan en las musarañas, que levantan su vista al techo y sonríen (¿?), incluso que dormitan de tanto rato de espera como llevan. Unas se acarician la barriga perezosamente, otras se sujetan los riñones y hay dos que, si pudieran, meterían los pies en agua fría. Porque ésa es otra característica de esta especie, un elevado porcentaje de individuas, tienen los tobillos como globos de agua. Duelen de solo mirarlos.

Todas visten cómodos pantalones, amplias camisas, sandalias planas, casual wear, vamos, que parecen en perpetuo pijama. Ositos barrigudos en pijama, son tan tiernas.

En esto entra una de similar aspecto físico (ya saben, barriga prominente, espalda echada para atrás, tobillos hinchados) pero vestida con traje de chaqueta, agenda en mano, gafas de ejecutiva y hablando a gritos por el móvil). Inmediatamente cuelga, se quita las gafas, se despoja de su americana de mil rayas y se queda en pantalón ancho y amplia camisa blanca. En dos segundos está acariciándose la barriga y sonriendo embelesada. No hay duda, es una de ellas.

En esto se oye por el altavoz una voz suave y persuasiva:

Marilé Rodríguez-Matas y Núñez de la Barbosa.

Casi me avergüenza decirlo, pero ésa es mi prima Marilé.

—¿Marilé? ¿Qué tipo de nombre es Marilé?

Y mi prima, la del extravagante nombre, se levanta, casi ingrávida pese a su evidente pesadez, y se dirige hacia la puerta del santuario, contenta de ser ella la elegida.



sorue@divertinajes.com
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