24 de mayo de 2006

Aires de familia

Desde hace ya un tiempito mi amiga Julieta defiende la teoría de que mucha gente, a la hora de buscar pareja, se decide por una persona cuyos rasgos físicos le son familiares. Esta teoría se basa en el hecho, dice ella, de que los componentes de muchos matrimonios se parecen entre sí. Todo comenzó con sus vecinos del sexto segunda, pareja bien avenida donde las haya, y tan parecidos entre ellos que podrían ser hermanos. Tanto es así que, cuando conoces a sus dos hijos, no sabrías decir a cuál de los dos progenitores se parecen, porque se parecen a los dos: tienen los ojos de la madre, que a su vez, los tiene de idéntica forma y color que su marido.
Y lo mismo sucede con la nariz, los andares y el hoyito de la barbilla. Se parecen tanto los cuatro que, cuando los ves por la calle, parecen una versión de vecindario de los Dalton.

El caso es que, siempre según Julieta, este afán por reconocer los rasgos propios en el rostro amado se acentúa en caso de las bodas reales. Julieta asegura que la misma afilada cara de raspa que tiene Mette Marit la tiene Hakon mientras que, Máxima de los Países Bajos comparte con su William la cara de pan de kilo, la altura, lo rollizo de la figura y la sonrisa medio bobona.

El colmo de los parecidos es el que mantienen entre sí los príncipes de Japón. Claro que esto no es de extrañar, dado que, a los ojos occidentales, todos los japoneses se dan un aire, un vendaval diría yo, y que, si te fijas, la princesa Masako es igual que su marido y que Jackie Chan, y este último, con toda seguridad no es de la familia.

—No me dirás que Felipe y Letizia se parecen.
—No sé, al no tener nunca la cara a la misma altura, no puedo comparar en condiciones óptimas.

Julieta desarrolla no sólo unas teorías graciosas y originales, sino también una mala baba proverbial.

Pero no piensen que la teoría termina aquí, no. La teoría, como la misma materia, ni se crea ni se destruye, se transforma, evoluciona, y ahora vamos a la segunda parte, que es la más interesante.

Julieta dice que, mientras en la realeza el parecido entre cónyuges es patente, en las actrices de Hollywood, lo que es indiscutible es que buscan en sus parejas, cierto parecido físico con sus progenitores, con sus padres más concretamente.

Ella, que afirma haber comparado los rostros de maridos y padres de toda la que es algo en la meca del cine, me anima a mí a hacer lo mismo y darle mi opinión. Y yo, que soy muy obediente pero, sobre todo, que tengo mucho tiempo libre, me dispongo a ello.

Comienzo así, al azar, por Angelina Jolie. Esto debe ser fácil de comprobar porque su padre es famoso también. Busco en Google fotos de John Voight, su padre y de Brad Pitt, su pareja. Por más que las miro no encuentro un solo rasgo que me haga pensar que la teoría se confirma. De hecho, se mire como se mire, Brad Pitt está para comérselo y Voight para darle de comer aparte. Entonces se me ocurre que quizá el parecido sea con su pareja anterior, Billy Bob Thornton. Pues tampoco, oigan, como un huevo a una castaña.

Es sólo un primer tropiezo, me digo, y sigo buscando. Continúo con Brad Pitt, un poco por vicio, otro poco porque quizá él se parezca al padre de Jennifer Aniston. No mucho la verdad, aunque reconozco que una retirada, como dicen los catalanes, entre el Sr. Anniston y el novio actual de Jennifer sí hay. Empate a uno.

Otra Jennifer, la López. Me meto en Google imágenes y tecleo Sr. López. Uf, uf, se me ha bloqueado. Han salido unos cientos de miles de registros. Me rindo. Sólo me queda compadecer al padre de la artista que estuvo a puntito de parecerse a Ben Affleck y, mira por donde, terminó pareciéndose a Marc Anthony. Los hay con maldita la suerte.

Pruebo una más, no sé, digamos la otrora novia de Pitt primero y de Affleck después (son algo endogámicos estos famosos, ¿no?, siempre ennoviándose entre ellos) , Gyynet PalthrowGwyneth PaltrouGwyneth Paltrow. Joeeeer, media hora sólo para acertar con la manera de escribir el nombrecito de marras. Pues sí, su actual marido, Chris Martin, podríamos decir, visto así de reojo, que se parece al padre de la actriz, que en paz descanse. Mejor, así las familias no discutirán sobre a quien han salido los niños, Moses y Manzana. Está claro que han salido a las dos familias.

En fin, tras unas dos horitas jugando con Google me rindo. Creo que Julieta basa su teoría en la ídem de las probabilidades: si una mujer a lo largo de su vida, tiene cienes y cienes de parejas, ¿no es probable que alguno de los maromos se asemeje a su padre? Probable y posible, diría yo. Que modelos de caras no puede haber tantos.



sorue@divertinajes.com
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