3 de mayo de 2006

Vivan los puentes

Ayer martes día 2 de mayo fue fiesta en la comunidad Madrid y yo, que vivo en Barcelona, le pedí a mi jefe, que vive en Mallorca, el día libre. Él no entendía nada.

—Entiendo que quieres un día libre, pero no que lo justifiques diciendo que en Madrid es fiesta. ¿Y qué?
—Que yo soy muy solidaria con el prójimo, y a mí los prójimos madrileños me molan. Así que si ellos sufren yo sufro, pero eso sí, si ellos se lo pasan en grande, yo también.

Entonces inicié lo que a mí me pareció un ejemplo ejemplar de discurso convincente. Le hablé de la importancia de la capital del reino, del Estatut, de la recogida de firmas, de la necesidad de los catalanes de adopción de encontrar nuestro sitio, de que si en Madrid el día 23 de Abril algunos se regalaban rosas, en Barcelona algunos queremos celebrar el día 2 y así estrechar los lazos entre las dos comunidades… Bien sartén, que si quieres arroz, Catalina. Duro de pelar el colega.

—Tú eres una jeta de podium. Si quieres un día libre te lo descuentas de las vacaciones.
—Vale, vale, cómo te pones, total por un día de nada. Pues mira, me lo cojo de los moscosos, que los tengo todos.
—Es decir, que no tienen ninguno. Nosotros no tenemos moscosos, eso lo tienen los funcionarios.
—Yo es que…
—Ya, ya. Tú eres solidaria con los funcionarios.
—Poz zí.

Es duro de pelar pero tiene la memoria justa para pasar la mañana, así que me cogí el día libre en la esperanza de alargar mi puente y en la confianza de que a mi jefe se le olvide todo esto tan pronto como se le olvidó que el mes pasado había hecho horas extras, que las últimas las hice el día 30 y en la nómina el día 1 no aparecían…

El caso es que, conseguido mi permiso, me piré de la oficina y de la ciudad cuatro días enteros. He pasado mi Golden Gate particular en un lugar todavía más cercano al mar y al campo que Barcelona, donde los pájaros cantan por las mañanas y se cena de muerte por las noches. Acabo de volver a casa sintiéndome afortunada por estos cuatro diítas de tranquilidad alejada de las pequeñas miserias que salpican nuestras vidas, ustedes me entienden, que si Cachuli entra o no en la cárcel, que si Pipi se ha quitado la túnica de nazareno y se pone el taparrabos para irse a la isla de los casposos, que si todo a punto para la boda del año…

—No me digas que se casan Bernardo y Cañizares de Camera Café.
—No, tío Ra, se casan Busta y Paula.
—¿Quiénes?
Bustamante, Tío Ra, no finjas que no sabes.
—Sé, sé, aunque no estoy orgulloso de ello.

… que si Carmencita Martínez Bordiú prepara su próxima boda por la iglesia, aunque no sé yo si irá vestida de blanco, capaz lo es, que si el Barça gana la liga esta semana (que la gane ya, por todos los dioses, que está siendo la victoria anunciada más cargante que yo recuerdo), que si Encarna Sánchez… qué hartura.

Por eso, cuando al llegar a casa he puesto la radio, la tele y la lavadora todo a la vez, y me he enterado de que, pese a mis esfuerzos por dejar la realidad al margen de sí misma ella, obstinada, se empeña en continuar por su equivocado camino, he comenzado a inventar una buena razón para pedirle a mi jefe fiesta en San Isidro, el día de la Comunidad Valenciana, el de Asturias, la Semana Grande de San Sebastián, el día de la bandera de Mozambique y todos esos días que me permitan, con más frecuencia de la normal, hacer puente.



sorue@divertinajes.com
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