26 de abril de 2006

Excusas

Excusa: Motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión.

¿Son ustedes aficionados a poner excusas? Yo sí. Pongo excusa para casi todo lo que hago pero creo que no debería hacer y para todo lo que no hago pero creo que sí debería hacer. La definición de excusa que da la RAE es perfecta.

No sólo hay excusas para todo, lo bueno de ellas es que, aunque casi nunca son creíbles, sirven lo mismo para un roto que para un descosido. Ponemos excusas cuando llegamos tarde, cuando damos plantón, para no ir a trabajar, para salir antes de una reunión, para no hacer os deberes, para tapar una infidelidad, para no comernos las lentejas…

Yo he puesto millones de excusas en mi vida. La mayor parte de ellas para justificar por qué llego tarde a trabajar, cosa que sucede, al menos dos veces a la semana. En mi descargo y por si mi jefe me está leyendo (cosa que dudo, él no lee. Aunque nunca se sabe, por dejarme a mí mal es capaz de cambiar sus costumbres más arraigadas) diré que también salgo tarde de trabajar, al menos tres días a la semana, y para esto no busco excusas.

Piensen que excusa pondrían para justificar ante su superior y sus colegas que llega tarde por las mañanas. Sea la que sea, seguro que yo la he usado. En 20 años de ir a trabajar no sé yo la de veces que me habré quedado encerrada en el ascensor, los microondas que he quemado, la de noches que olvidé poner el despertador, los accidentes del autobús público de los que he sido testigo, los días que he tenido que esperar a los pintores, carpinteros, electricistas y
demás gremios, las goteras que habré descubierto, los análisis de sangre a los que me he sometido, las veces que he perdido las llaves de casa, la de ropa que he tenido que sacar del tendedero porque amenazaba lluvia, la de relojes estropeados, despertadores estropeados, metros estropeados, la de atascos, calles cortadas, robos de bolsos, huelgas de trenes, taxis averiados, manifestaciones multitudinarias que cortaban mi calle, vecinos en apuros, cagaditas de paloma sobre mi chaqueta… No sigo, que seguro que alguna la puedo utilizar otra vez.

Ustedes dirán: ésta habla de ese rollo de las excusas como quien hablase de sus éxitos profesionales. Error. No es así. Pero es cierto que cada uno está orgulloso de lo que quiere y, a pesar de mis pequeños problemillas de conciencia, no puedo evitar un toque de pundonor del tipo: vale, llego tarde con frecuencia, pero desde la cama estoy pensando en el trabajo. Mejor dicho, en qué voy a decir en el trabajo, pero debería ser un atenuante. Porque, no se me cae la cara de vergüenza por reconocer que, el 99% de mis retrasos es porque se me pegan las sábanas. Ellas me atrapan y no me dejan escapar… ¡Dioses, qué mal rato cada mañana! Lo curioso es que, cada día cuando suena el despertador, mi primer pensamiento es para mi jefe… para lo que le voy a largar cuando llegue a la oficina con los 20 minutos de retraso de rigor.

El caso es que son las 02;00 de la mañana de hoy miércoles 26 de abril y yo no tengo tema para mi Pan tumaca semanal y, lo que es peor, no tengo excusa alguna, que tras tantas y tan variadas como las he utilizado, no me quedan, no me quedan, que las he usado todas…



sorue@divertinajes.com
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