5 de abril de 2006

Los puntos

Hay palabras que, con el tiempo, van ganando sitio en tu vocabulario habitual. Puntos es una de ellas. Cuando era pequeña, los puntos eran, a mis infantiles entendederas, básicamente tres cosas, dependiendo de quién hablase de ellos:

· Si hablaba mi abuela, los puntos eran lo que ella coleccionaba de Avecrem, a cambio de los cuales le daban, según la cantidad que lograse acumular, un paño de cocina, un tenedor o un vaso de dúralex.
· Si lo decía mi madre, se refería a lo que se sumaba en el julepe, cuando jugaba con sus amigas.
· Si lo decía el médico de urgencias, era lo que me iban a dar en la rodilla, en la frente o en la mismísima crisma, después de curarme la sangre que me salía como si me sobrase.

Bueno, y luego estaba Cesta y puntos, mítico concurso infantil en el que se combinaba culturilla general made in EGB con deporte.

—Yo una vez me caí de cabeza desde un tobogán gigante y me dieron 8 puntos en toda la coronilla.

Es la aportación de Tío Ra.

—Pues mi madre consiguió, con los puntos de Gallina Blanca, un juego de café la mar de gracioso. De hecho aún conservo yo una de las tazas que la uso para medida del arroz.

Julieta, ya saben, que también cree tener siempre algo que aportar.

—El que se pica ajos come.
—Sí, sí, bonita, que a ti lo que te duele es que nos echen de menos.
—Cuéntalo, cuéntalo, no te dé vergüenza.

¿Vergüenza? Me queda toda, he gastado la justa para sobrevivir decentemente. Lo que sucede es que uno de mis lectores habituales (tengo tres, bueno cuatro, contando a mi madre, pues uno de ellos) me mandó un mail diciendo que si había aplicado la ley de regulación de empleo con mis colaboradores habituales, que hacía unos días que no salían. Se lo enseñé a los chicos y se crecieron. Bueno, se crecieron y, cuando me quise dar cuenta, me habían montado un expolio en la redacción de Divertinajes que para qué: que si su público les reclamaba, que si me creía que era alguien sin ellos, que si con mi ingratitud se podría enmoquetar la T4, pistas y todo… En fin, me comprometí a dejarles hablar, y aquí están, dispuestos a decir cosas, sean las que sean.

A lo que iba.

—Íbamos, sobri, a lo que í-ba-mos.

Pues eso, a lo que íbamos (la dimensión de mi ingratitud, según se ve, es sólo comparable a la de mi paciencia). Hoy en día, que mi mundo se ha agrandado y tengo más “puntos de vista” ( ¿comprenden el juego de palabras?). Hablo de puntos y puedo estar hablando de cualquier cosa:

—Punto negro o espinilla.
—Punto y seguido, punto y como, punto y aparte.
—Punto filipino.
—Punto de encuentro, alias “mitin point”.
—Coger el punto, comúnmente, el puntito.
—Darle el punto, a las lentejas, por ejemplo.

Vale, vale, Julieta, Tío Ra, por misericordia. Poner punto y final a vuestro amago de Un, dos , tres, responda otra vez. Todo eso que decís está muy bien, pero yo me refería más a las nuevas tipos de puntos que existen, de unos años a esta parte, los puntos Iberia, por ejemplo. ¿Saben lo que es? Seguro que sí, no deja de ser la versión post yuppie de los citados puntos de Avecrem. Tú te suscribes al club de ciudadanos que vuelan asiduamente en Iberia (sirve lo mismo para Spanair, AirEuropa, Alitalia, British y otras compañías aéreas de calaña similar, cambia el nombre, eso sí) y te dan una tarjeta azul. Cuanto más vuelas, más puntos acumulas y, cuando ya tienes un buen número de ellos, los puedes cambiar, no por una caja de galletas de hojalata, no, sino por vuelos, up gradings

—¿Lo qué?
—Pues que te pasan a bussiness cuando compras en turista, por ejemplo.

… y cosas por el estilo. Además te van cambiando el color de la tarjeta, cada vez a más lujosa y más mejor, de plata, de oro, de platino, para que te beneficies de más beneficios…

—Beneficiosos.

Eso sí, todos de Iberia. Por ejemplo, si tienes un retraso en un vuelo, o te pierden la maleta y tienes la tarjeta, ¿qué hacen? Pues si están generosos te regalan más puntos para que puedas volar con ellos más veces.

—A ver si lo he entendido: pillas un vuelo que, mala suerte, se siente, lleva hora y media de retraso y cuando llegas a destino resulta que tu maleta se ha quedado en la T4 de Madrid y ellos te dan puntos para que vuelvas a volar con ellos.
—Exactamente Julieta.
—Ellos, no han pensado en la posibilidad de que lo último que tú quieres hacer es repetir la experiencia.
—Exactamente, Tío Ra.
—Claro que, bien pensado, igual si te regalan un billete de vuelta a Madrid, recuperas antes tu maleta.
—Exactamente, Julieta.
—Nos estás dando la razón como a los locos.
—Exactamente Epi y Blas, que parecéis Epi y Blas. Punto en boca ya, hombre, que me estoy estresando.

Esto, ya ven, es como los paños de cocina de mi abuela pero en moderno. Similares a estos están los puntos estrellas de La Caixa, los de las gasolineras, los del Caprabo, los del Vip’s… en fin, que toda negocio que se precie tiene ya sus sistema de puntos. Programas de fidelización creo que les llaman, y se creen que han inventado algo, si mi abuela levantara la cabeza…

Pero los puntos más cool en España serán, a partir de julio, los del carnet de conducir.

—¿Cómo por puntos? ¿No se habrá hecho realidad eso de que lo dan en una rifa el carnet?

Pues no. A todo el mundo que tenga la licencia de manejar, el gobierno le adjudicará 12 puntos.

—Eso es un sobresaliente más, un supersobresaliente, ¿no?

Más o menos. Y a cada infracción que cometas, zas, te los van quitando. Y cuando te quedes sin nada, te tienes que volver a examinar. O sea, como los de Iberia pero al revés, cuanto más conduces, más riesgos tienes de hacer pifias y de quedarte sin puntos.

—Que yo lo entienda, antes por pasar el límite de velocidad te ponían multa y ahora te quitan puntos, ¿es eso?
—No exactamente, iluso de las carreras, antes te ponían multa y ahora, además de la multa, te quitan puntos. Chúpate esa.
—Dioses, se acabó el imprescindible de todas las excursiones con los curas:

Que el señor conductor acelere,
acelere, acelere
Que el señor conductor acelere,
que acelere el señor conductor.

A lo que añadíamos sin dar tregua:

Que el señor conductor toque el pito,
toque el pito, toque el pito,
Que el señor conductor toque el pito,
toque el pito señor conductor.

Antes el conductor hacía caso omiso y listo. Como mucho, el cura o la monja en cuestión te daban una colleja y tú te bebías el agua de la cantimplora que había ganado tu abuela en los puntos de Knorr.

Ahora, ya veo la escena. El conductor: “Callarse ya joder, que me van a quitar puntos” y los jefes de estudios o los tutores les dirán a los niños:“Si quieres ir más rápido la próxima vez vuelas con viajar gratis con los puntos Iberia de tu madre”

Cómo cambian las cosas, ¿no? Me pregunto si el camino más corto entre dos puntos seguirá siendo la línea recta.



sorue@divertinajes.com
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