15 de febrero de 2006

¿Yo sosa? ¡Amos anda!

Tío Ra dice no haberse reído leyendo el último Pan Tumaca ni una sola vez.

A Tío Ra le hace reír todo, se parte con Cruz y Raya así que eso de leer mi Pan Tumaca sin siquiera una media sonrisa… o él está malito malito o yo tengo la gracia entre la baja espalda y el alto muslo. En el culo, vaya.

Como me entran las dudas universales sobre mi presunta gracia natural llamo a Julieta:
Juli, ¿leíste el Pan Tumaca de la semana pasada?
—¿El qué?
—El último Pan Tumaca.
—¿Qué es eso?
—¿No sabes qué es el Pan Tumaca?
—No, lo que no sé es qué es leer, no te jipia.
—O sea, que no lees lo que escribo en Divertinajes los miércoles?
—Ups, me descubriste. Pues no, la verdad.
—Pero si sales todas las semanas, aunque sólo fuera por eso podías leerme.
—¿Tú crees que Rex verás su serie todos los domingos? Pues no, no la ve, que no quiere endiosarse.
Julieta, Rex es un perro. Los perros no ven la tele.
—Vale, vale, me has pillado. Lo confieso: No lo leo. ¿Por qué lo preguntas?
—Quería saber si te parecía gracioso.
—Pues mejor llama a alguien imparcial, yo soy tu amiga (además de con cierta frecuencia la protagonista) y no soy muy objetiva.
—¿Te parece siempre bien?
—O mal, depende de cuantas frases me das, de si me haces quedar bien, de si tengo más o menos líneas que Tío Ra
—Voy a llamar a mi madre.
—¿Para qué?
—Para que me diga si tenía gracia o no mi Pan Tumaca.
—Imparcial guapa, dije imparcial. Tu madre no sirve.
—¿Has llamado a mi madre inútil? A mi madre vas.
—No por Dios, he dicho que no es imparcial.
—Oye Juli, mi madre es muy imparcial, es una madre profesional.

La llamé.

Aló? —Mi madre es profesional y un poquito snob, ya ven.
—¿Mamá?
—¡Cariño! Mi hijita, la más guapa, la más lista, la más salada… ¿Qué me cuentas?
—Mmmmmmmm… nada, sólo llamaba para darte un beso.
—Si es que eres un amor, la niña de mis ojos…
—Hale mami, hablamos mañana, ¿vale?
—Adiós tesorito de mamá —snob y una miaja cursi, ya sé.

No sabía qué decirle a Julieta.

—¿La has llamado?
—Sí.
—¿Y qué?
—Lo que te decía, mi madre es una madre profesional.
—Lo dejamos aquí, ¿verdad?, no le has preguntado nada.
—Pues no, la he visto demasiado entregada, muy madre, vaya.

Va pasando el día y mi autoestima anda por los suelos. He intentado hablar con mi hermana, pero andaba con la barriga revuelta.

—¿Comiste algo que te sentó mal?
—Creo que no. Creo que es que no he digerido el exceso de programas de cocina que hay en la tele. Empecé a apuntar las recetas y, chica, estoy con cagaleras todo el día sólo de verlas.

No me queda otra que llamar a Tío Ra y que se explique.

—Pues no sé por qué no me hizo gracia, pero no me hizo.
—Pero si no me metía contigo.
—No más que otras veces, tienes razón.
—Y había un par de chistecillos…
—… malos básicamente, sí, pero había chistecillos.
—Y me ponía con Victoria Adams, con la rabia que le tienes.
—La verdad, no “la” tengo mucho aprecio a la espais.
—¿A la qué?
—¿No era una de las espais guerls? La espais pija, sobri, lo sabe todo el mundo. Claro que eso fue hace mucho, cuando todavía pesaba más que sus gafas de sol.
—Pues algo habría mal para que no te hiciera gracia.
—Joer nena, qué pesadita estás. Yo qué sé, la risa es libre, te hace gracia lo que te hace gracia y lo que no, pues no te la hace.
—¿El qué?
—La gracia.
—Diálogo para besugos donde los haya. Además me he perdido.
—¿Te hacen gracia Los Serrano?
—La verdad no.
—Pues yo me parto la caja. ¿Y Torrente?
—¿Torrente Ballester?
—Ahí has estao bien, sí señor, ya vas recuperando la forma. Quiero decir Santiago Segura.
—Ni pizca.
—Pues yo me parto la caja.
—¿Y los Morancos?
—Mayormente ninguna.
—Pues yo me parto la caja.
—Me parto la caja… ¿qué tipo de expresión es esa?
—Es una expresión tronchante, vaya que me parto la caja cada vez que la escucho.
—No, si al final que no te hagan gracia mis textitos va a ser un piropo.
—Un piropo dice, no si es que yo…
—Ya sé, ya sé, te partes la caja.
—No, iba a decir que dudo si ofenderme o darte un soplamocos. O ambas cosas.

Acabáramos: lo que sucede es que Tío Ra, con esto de la risa no es criterio, por eso mi texto no le hizo gracia.

—Malvada engreída. Eres capaz de insultarme antes de reconocer que no tienes maldita la gracia.
—No te insulto Tío Ra, te defino.
—Ñe, ñe, ñe.
—Me da igual que me hagas gañotas. Constato una realidad basada en las pruebas.
—No me digas, Grissom, que Los Morancos son una prueba.
—No exactamente, digamos que son asesinos del sentido del humor, tú una víctima y la prueba…, la prueba es que no eres criterio.
—Vale, vale, pa ti la perra gorda. Yo no soy criterio y tú eres una engreída y una egocéntrica que aguanta muy mal las críticas.
—Pero graciosa.
—Puf, la bombástica de mi sobri… Yo es que… me parto la caja.



sorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir