25 de enero de 2006

Estrés japonés

Esta mañana, vaya flash, al bajar del autobús, justo después de esquivar el árbol que ya les conté el otro día que estaba plantado, nunca mejor dicho, exactamente delante de la puerta de bajada del bus, ¿qué he visto? El escaparate de la boutique que hay ahí mismo llenito de ropa de primavera.

—¿Y eso te ha “flasheado”?
—Y estresado.
—¿Estresada tú? —Tío Ra levanta la vista de su cuadernillo de sudokus—. Qué raro, con la calma vital que tú tienes. No te estreses que el estrés es muy malo.
—Menos guasa Tío Ra. ¿Puedes creer que ya lucen en todos los escaparates de Barcelona las tendencias de primavera?
—Puedo, puedo.
—Pero si yo todavía no he apurado las rebajas de invierno, si aún tengo cosas por estrenar.

Esto es una locura, no fastidiemos. No digo yo que haga un frío que pele, pero está claro que no ha llegado la primavera

—Ni tan siquiera a El Corte Inglés.
—Ahí, ahí. Por todos los dioses, si estamos aún subiendo la cuesta de enero.
—O bajándola, que tú, sacas tan rápido la VISA que parece que la estés bajando.
—Si todavía hay castañeras en las esquinas.
—Castañera… curiosa profesión. Una compañera mía del colegio colgó derecho en cuarto y se hizo castañera. Le va fenomenal.
—Si aún no han empezado los Juegos Olímpicos de Invierno.
—Ya falta poco, qué ganas.
—Si los de Gran Hermano continúan encerrados en la casa.
—Si fuese por mí no los sacaba nunca, oyes, que se queden allí que, total, fuera no hacen ninguna falta.

Sea como sea, esta obsesión por adelantar lo que inevitablemente llegará me descoloca.


La primavera
según Botticelli
—¿Quieres decir que antes de ver el escaparate estabas colocada? Y lo dices tan pancha. Desde luego, a tu edad, y a primera hora de la mañana. Bueno, primera primera no sería, que todos sabemos que tú trasnochar sí, pero madrugar, no sabes.
—Joer, Tío Ra, que no es eso. Quiero decir que la sensación de que el tiempo pasa muy deprisa y que hacemos lo posible porque así sea, no me gusta nada.
—Y por eso estás estresada.
—Bueno, por eso y por más cosas. Pero sí, me indigna esto de la moda, de toda la vida de Dios
—¿La vida de quién?
—La de Dios, ¿a que mola esta expresión? La he aprendido hace poco y la pienso utilizar mucho, hazte a la idea. Decía que de toda la vida de Dios, la primavera ha empezado el 21 de marzo y no el 23 de enero, hombre ya.
—Pues sí estás estresada sí. Espero que no hagas lo que ha hecho una enfermera japonesa.
—¿Se ha hecho el harakiri? No sufras, no pienso.
—Ya sé que no piensas, ya, pero no. Lo que ha hecho, para aliviar su estrés laboral, ha sido arrancar las uñas de los dedos de los pies y de las manos a seis pacientes del hospital donde trabajaba.
—Pero qué bruta y qué asco y qué dolor. Ya digo yo que, desde el cine japonés de terror, a mí las japonesas me dan miedo. A ver si no tengo razón, sádica, enfermera y japonesa, pues lo tiene tó. ¿No le pegaron las pacientes una patada en toda la boca?
—No podían defenderse, estaban inmovilizadas por sus dolencias.
—No lo puedo creer, caray con la nipona, y dice que eso le aliviaba el estrés. Se podía haber arrancado sus propias uñas y todos sus propios pelos. Desestresada y calva. ¿Y dónde dices que fue eso?
—No lo he dicho. En un hospital de Kyoto.
—¿Y cuándo dices que pasó?
—No lo he dicho, en otoño del 2004.
—¿Del 2004? Hace todo ese tiempo y nos enteramos ahora… qué vergüenza del sol naciente. ¿Y porqué dices que estaba estresada?
—No lo he dicho,
—Es que lo cuentas todo a medias Tío Ra.
—La falta de costumbre sobri. Era por hacer trabajos extras.
—Sí, como arrancar uñas a la gente entre cambio de vendaje y control del gotero, no te jode.
—Tranquila, ya se ha hecho justicia. El lunes fue juzgada y condenada a tres años y ocho meses de prisión.
—Poco me parece, no sale ni a dos semanas por uña. ¡Qué fuerte! A mí se me rompe una uña y me llevo el disgusto del siglo, fíjate si me las arrancan todas, y sin anestesia.

Si es que tiene razón Tío Ra, el estrés es muy malo. Aquí y en Japón.



sorue@divertinajes.com
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