18 de enero de 2006

Casos y cosas

En Blackpool, una localidad del norte de Inglaterra, Lucy Bushell, una inglesa de 28 años, ha conseguido un record Guiness al reconocer haber visto 111 veces, sí han leído bien, 111 veces, la última película de Harry Potter. Y en el mismo cine.

—Le habrán hecho un monumento.
—Sí, a la estupidez. Calculemos rápidamente: la peli dura 150 minutos. Eso quiere decir que la señorita en cuestión ha pasado
16.650 minutos en ese cine, 277 horas y media, casi 12 días. Jesús.
—Se la debe saber de memoria.
—Se debe haber ido de la olla, digo yo. Atracón de magia, oyes.
—También, también. Los ingleses son una civilización de curiosas costumbres.
—Y que lo digas.

La gente hace cualquier cosa por entrar en el libro de lo más de lo más. Claro, que también hay sucesos que merecerían entrar per se. Sin ir más lejos, en California…

—Hombre, California está bastante lejos.
Julieta, es una forma de hablar.
—¿El qué? ¿El inglés americano? Bueno, el inglés es un idioma, el inglés americano a lo mejor es una forma de hablar.

No le contestaré, ¿para qué? A veces Julieta pone a prueba mi paciencia diciendo sandeces. Ella debería salir en el Libro Guiness en la sección de “Estupideces por segundo”

—Y tú en la de “El que se pica, ajos come”
—O en el de “La tipa que le dio a su amiga Julieta la colleja más grande del mundo mundial”
—Bueno, bueno, no es para ponerse así. Al grano, ¿qué decías?

Decía que, en California, Estado Unidos, esta semana, la Policía ha encontrado un Chevrolet Corvette

—¿Lo qué?
—Un coche, Julieta, un coche deportivo que había sido robado.
—Tampoco es tan extraordinario que la policía haga su trabajo, ¿no?
—Si no interrumpieras todo el rato… Lo extraordinario es que, el coche, fue robado en enero del 69.
—¡Cipote!
—¡Julieta! No seas ordinaria
—Es que tiene huevos la historia.
Julieta por todos los dioses, tranquilízate.
—Estoy más tranquila que la policía de California. Vaya pachorra, ¿no? 37 años para encontrar un coche. ¿Han pillado al ladrón?
—No creo, ha tenido tiempo suficiente para huir.
—Ahí has estado graciosa, de verdad, es que me parto la caja.

No la soporto, de verdad, no le puedo.

—¿Sabes más historias de americanos raros?
—No, lo que me sé es una historia más rara que rara de americanos.
—Me confundes con tu dominio increíble del lenguaje. Anda, suéltala, que lo estás deseando.

La verdad es que sí. Parece ser que en algunos restaurantes de Nueva York, hace ya unos añitos se puso de moda que los cocineros lancen gambas o trozos de pollo al aire, para que los clientes los atrapen con la boca.

—¿Como si fueran focas?
—Probablemente lo sean.
—No, en serio, ¿quieres decir que les tiran la comida como se hace con los caniches de los circos cuando hacen la voltereta?
—Bueno sí, pero el cliente no tiene que hacer nada para ganarse la gamba.
—No claro, ya hace bastante el gamba dejándose ridiculizar de esa manera. Y pagará, encima.
—Paga después, no sé si encima o debajo, pero después.

El caso es que Jerry Colaitis murió por intentar esquivar un crustáceo ardiendo que le lanzó Toru Hasegawa, el chef del restaurante Benihana, de Long Island, adonde había acudido con su familia a celebrar el cumpleaños de uno de sus hijos.

Según recoge la prensa de americana estos días, la señora Colaitis ha pedido ante la Justicia una indemnización de diez millones de dólares por la muerte de su esposo, que sucedió en una operación del cuello a la que tuvo que ser sometido tras el gesto de cabeza que hizo para evitar que, la gamba, le diese en la cara y le quemara.

El Sr. Hasegawa, por su parte, se defiende diciendo que Colaitis no se lastimó esquivando la gamba, sino tratando de atraparla, que era un juego consentido.

—¿Puedo recapitular?
—Inténtalo Julieta.
—En Nueva York hay una moda que consiste en que los cocineros arrojan la comida a los clientes del restaurante para que estos la atrapen y se la coman.
—Sí. Esto no lo debe saber Sarah Jessica Parker. Si se entera, se borra de NY y se va a vivir a Alcorcón. Allá las gambas las comen con las manos, sí, pero del plato. Algo es algo.
—Eso no le preocuparía. Ella no come, ni con cubiertos.
—Ella misma es como una gamba, tan flaquita y tan chiquitita.
—Al tema. Lo que sucedió esta vez, pero eso no está de moda es que el cliente murió por lanzamiento de gamba fallido.
—No está de moda todavía. Conociendo a los americanos lo ponen de moda en seguida. Pero, de donde habrá salido esta tendencia tan poco estética, tan poco cómoda, tan poco graciosa, tan poco limpia, tan animalota…
—Lo hacía Jackie Chan en una película de 1998: Mr. Nice Guy.
—Ah, bueno, ahora ya lo entiendo todo.
—¿Seguro?
—Si a un tipo no sólo le hace gracia Jackie Chan sino que, además, le convierte en modelo a seguir, la muerte es una consecuencia lógica de un caso claro de cerebro de mosquito licuado, ¿no crees?
—Creo, creo.

Yo no soy de los que piensan que en España como en ningún sitio, pero reconozco que, a veces, debo hacer esfuerzos para no pensarlo.

Una confesión para finalizar. Esta semana pensaba hablar les de las rebajas, pero la realidad me supera…



sorue@divertinajes.com
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