11 de enero de 2006

Todo sigue igual

Llevamos ya 10 días del 2006 y, ¿qué les puedo decir?, yo no noto ninguna diferencia con el 2005.

Por las mañanas suena el despertador igual que lo hacía antes, con el mismo sonido. Y yo reacciono de la misma manera, apagándolo y dándome la vuelta en la cama. Ya saben, los famosos 5 minutos más.

Exactamente como siempre, los 5 minutos se convierten en media hora así que, al salir de la cama, tengo tanta prisa que como sucedió durante el 2005, todo son reniegos varios y carreras por el piso.

—No exageres, tu piso no es tan grande como para hacer carreras.

Ya ven, Julieta también sigue lo mismito que el año pasado.

El autobús continúa parando haciendo coincidir la puerta de salida con un árbol de la acera… Señor alcalde de Barcelona, ¿hay alguna razón por la que siempre hay un árbol en la parada del autobús?

—Yo tengo otra pregunta mejor: Señor Alcalde, ¿por qué tenemos que ir a trabajar en autobús?
— La definitiva: Señor Alcalde, señores del jurado, ¿por qué tenemos que ir a trabajar?

Más coincidencias con el 2005. El ascensor de mi oficina sigue estropeado, el conserje sigue siendo bizco, el contable lleva el mismo polo que…

—¿No me digas que no se ha quitado el polo desde el año pasado?

… en 1995, ¡qué hombre! Cuando se compró el polo tenía pelo, y ahora es calvo, no digo más.

¿Hace falta que siga? Todo es sospechosamente igual al 2005, a ver si nos han dado un año usado.

—No digas bobadas sobri. —Tío Ra hace acto de presencia sin que nadie lo haya solicitado. Lo dicho, la vida sigue iguaaaaaaaaaaaaaaal—. Lo que pasa es que ponemos en el año nuevo ilusiones exageradas. Lo que deberíamos hacer es aceptar que las grandes cosas de la vida se encierran en pequeños momentos, que la mayor novedad del año es reencontrar tu tranquila rutina, que lo más nuevo del año nuevo es tu nueva forma de ver la vida.
Tío Ra, ¿tuviste la meningitis de pequeño o algo? Anda, anda, no filosofes más que pareces Paulo Bucay.
—Será Paulo Coelho, o Jorge Bucay. Paulo Bucay no existe.
—Pues si existiese hablaría como tú has hablado hace un momento. O sea muy cursimente, mismamente.
—¿Por qué no aceptas que tu vida es sencilla, sin grandes sobresaltos y así es como debe ser?
—Buuuuuuuuaaaaaaaaa, snif, no me lo recuerdes, eres muy cruelísimo conmigo. Tío Ra malo, caca, no guta nena.
—Sobri, háztelo mirar, te veo fatal.
—La resignación no es una de mis virtudes.
—¿Tienes virtudes tú? Nunca me di cuenta.
—¡Julieta!
—Perdón, perdón, era una broma. Ni virtudes ni sentido del humor, no sé cómo te aguantamos, ¿no Tío Ra?
—A mí no me metas en esto, Julieta, yo he decidido este año ser pacífico y espiritual.
—Gracias Tío Ra por mantenerte al margen. O sea que lo que sucede es que estás cultivando tu espíritu, vaya, vaya…
—Correcto. Harto de cuidar mi cuerpo he decidido cuidar mi alma.
—No debías cuidarlo muy bien, si no no te hubieran abandonado tus abdominales…
—Eres igual de cabrona que el año pasado.
—Lo sé y me encanta. Espero que, además de dejar de cuidar tu cuerpo dejes de alimentarlo, te pasaste un poco con las comilonas navideñas.
—Rectifico, eres más cabrona que el año pasado. Mis abdominales están perfectos
—Pero ocultos.
—Sobri, que te la estás ganando. Estoy estupendo.
—Espiritual no sé si eres, pero fantasma…
—Te doy una colleja ¿eh?

Ya lo ven aquí no ha cambiada nada, pero de nada. A las pruebas me remito.



sorue@divertinajes.com
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