23 de noviembre de 2005

La publicidad

¿Alguna vez les he dicho que me gustan mucho los anuncios de la tele? Por eso, desde que por la guerra de audiencias, todos los canales ponen las pausas publicitarias a la vez, yo ando mosqueada. Antes, cuando no coincidían, yo iba saltando de canal en canal siguiendo los anuncios, pero ahora no puedo hacerlo, me veo obligada a, entre pausa y pausa, ver alguna de esas espantosas series de producción propia o así. Menos mal que, la proporción tiempo de serie-tiempo de anuncios anda muy equilibrada. Si bien es cierto que una de las pausas sólo dura unos 30 segundos (ya saben, eso de “Volvemos en 00:30 segundos”), por lo general, la siguiente llega enseguida y dura aproximadamente 20 minutos, para compensar. En esos 20 minutos me deleito, disfruto de esas pequeñas obras maestras que son los spots de la tele.

Como no soy profesional de la publicidad, las opiniones que a continuación voy a verter (y el que avisa no es traidor) son desde el ojo crítico de un espectador. O sea, que opinaré de la publicidad como si supiera mucho más que los mismos publicitarios. Igual que hacen los aficionados al fútbol, para que me entiendan. Y ya sin más dilación, les cuento qué veo y me llama la atención de los anuncios de la tele, detalles sin importancia que, trabajando un poco más a conciencia, lograrían solucionar.

Errores de casting.

¿Para qué necesitan cremas antiarrugas las chicas de 20 años? ¿Y cremas anticelulíticos o adelgazantes las usuarias de la talla 34? Creo que los directores de casting de la publicidad deberían tomarse su trabajo más en serio. Ahora parece que, en realidad, el producto que ofrecen no sirve para nada, es un engaña bobos, y parece también que ellos piensan que conseguirán que nos creamos que esa beldad veinteañera era, antes de usar su serum, Marujita Diaz. Pero es sólo un error de casting, estoy segura.

Errores de mensaje.

Doy fe de que José Coronado ya estaba así de bueno, o más, antes de comer Bio. Incluso antes de que se inventaran lo del Bio. El Bio renueva por dentro, quizá, pero por fuera, a Coronado no hace falta que le renueven nada.

¿No creen los publicistas que sería más fácil hacernos creer que Elvis está vivo y trabaja en Las Vegas, que hacernos creer que a los vikingos les gusta la cerveza sin alcohol? Deberían probar los productos que publicitan, así se darían cuenta de que NADIE en su sano juicio y al que le guste la cerveza se conformaría.

Y para terminar con esta sección citaré el anuncio de una compañía aseguradora de coches en la que, a los transeúntes les clavan una flecha en el culo y la voz en off dice “Ahí le han dao”. ¿Qué quiere decir? ¿Que si los elijo para asegurar mi coche, me darán por… ahí? Es un claro error de mensaje.

Errores de concepto.

Pretender que una señora se deja, en un centro comercial, manchar la camisa de aceite y esperar pacientemente a que se la laven en una lavadora de plástico transparente… Explicarnos que alguien va a volver del futuro para que tu mantel de hilo, el de las grandes ocasiones, recupere su blancura… Memeces. Sería más eficaz decirnos que si compramos su dichoso detergente, entramos en el sorteo de un coche, o que es el más barato de todos los que hay. Ésas son las únicas razones por la que yo compro un jabón nuevo.

Insistir en el machismo.

Presentarnos a la mujer como un James Bond de la limpieza es un error de marketing. A mí, cada vez que veo este anuncio me dan ganas de coger el mocho y hacerle al responsable de la idiotez un par de llaves ninja que me enseñó mi amiga Li-Nun.

Este mismo error lo aprecio en los anuncios de complejos vitamínicos, que te ayudarán a escalar el Everest si eres un tío y a preparar la fiesta de cumpleaños de los gemelos si eres una tía. Pues pa ti la vitamina, bobo machista, si tienes gemelos les organizas tú la fiesta de cumpleaños.

Innovar con el feminismo acérrimo.

¿De veras creen que una mujer cambiaría a su hombre por no saber cocinar o poner la lavadora? Estarían todos en el almacén de objetos devueltos y nosotras sin nadie que saque la basura. Qué tontería.

Es como ese anuncio nuevo que demuestra que abrir un bote de café es tan sencillo que hasta un hombre puede hacerlo mientras recita la tabla del dos. Por todos los dioses, naturalmente que un hombre es capaz de realizar esas dos acciones a la vez, si pueden ver fútbol y beber cerveza, no van a poder… en fin, piensen un poquito más, señores publicistas.

Mensajes difíciles de comprender.

¿Han visto ese anuncio de un cuatro x cuatro (no digo la marca porque no la recuerdo) con el eslogan “Ojalá nunca perdiéramos nuestros instintos” o similar? Como idea es fantástica, pero no está muy bien desarrollada. Sale gente siguiendo sus instintos: olisqueando, aullando, rasgando, rascándose la cabeza… Lo que debería salir en realidad, ya que ése es el instinto que despierta en nosotros el coche, es gente con el dedo en la nariz o insultando asomados a la ventanilla. Es un mensaje bien enfocado pero mal resuelto, ¿no piensan?

Hay otros anuncios cuyo mensaje está muy oculto, difícil de descifrar. Vaya por delante que me encanta el anuncio de Coca Cola, el del Uooooooooooooooooh, tatatitatiti, tatatitato….Uooooooooooooooh. Pero, ¿qué significa? ¿Nada? O lo que es peor, ¿significa que si bebo Coca Cola se me va a quedar esa cara de lela y esos ojos de besugo? Uf, qué mal rollito.

Y el colmo: hay spots absolutamente incomprensibles. Todos los de colonia, sin ir más lejos. Podrían estar anunciando colonias, o gelatinas, o flan de huevo, o el maratón de los fumetas. Nada, no se entiende nada.

Todas estas críticas constructivas las hago sin acritud, desde el cariño y la admiración de persona aficionada a la publicidad de la tele. La mala leche, que también la tengo, la dejo para las cosas que me horripilan.



sorue@divertinajes.com
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