9 de noviembre de 2005

Frases poco hechas

Julieta, ¿tu pondrías por alguien la mano en el fuego?
—¿Quieres decir si me fío de alguien?
—No, quiero saber si pondrías por alguien la mano en el fuego.
—Ya, ya, si estoy tan segura de alguien como para hacerlo.
—Que no Julieta, si lo harías. ¿La pondrías?
—Hombre, para salvarle la vida alguien querido, si no hubiera otro remedio, si la pudiera sacar enseguida, si fuese la izquierda, si me estuviesen amenazando con un bazooka…
—Vaya, que no lo harías.
—Digamos que no fácilmente.

¿Ustedes no creen que las fases hechas son muy absurdas? Hagamos otra prueba:

Tío Ra, ¿hay algo por lo que te darías con un canto en los dientes?
—Eso es una pregunta retórica, ¿no?
—No, es una pregunta de verdad. Por ejemplo, ¿te darías con un canto en los dientes por tener el sueldo que tienes y la hipoteca pagada?
—Pues no, la verdad, lo que me iba a ahorrar en la hipoteca me lo iba a gastar en ortodoncia.
—Hablo en serio.
—Yo también. ¿Quién se daría con un canto en los dientes por nada? Bueno, a lo mejor flojito…, no, no. Es una bobada.
—Sí, sí, una bobada pero, el que no lo haya dicho nunca que tire la primera piedra.

¿Ven? Ya estamos otra vez. Menos mal que nadie tira nunca la piedra esa, si no la vida parecería una lapidación continua.

Yo creo que, si tuviésemos más cuidado con las frases que utilizamos, otro gallo nos cantaría.

—¡Has vuelto a hacerlo! Has vuelto a utilizar una frase hecha.
—Joeeeer, es verdad, me salen solas. Y las digo sin pensar, ¿sabes?

En realidad hace años que no oigo cantar un gallo, ni a este ni al otro.

—Je, je. Sobri, tienes más razón que un santo.
—¡Ahora lo has hecho tú! ¿Cómo sabes que los santos tienen razón?

Paciencia, a lo mejor, pero razón…

—¿No seremos capaces de terminar la conversación sin decir una frase más?
—Pues no estoy yo tan segura.
—¿De que lo logremos sin decir tonterías?
—De que lo logremos sin más.
—¿El qué?
—Terminar.
—¿Terminar?
—La conversación.
—¿Quieres dejar de hablar conmigo? Sobri, qué groserísima eres.
—Pero, ¿qué te pasa? ¿Me estás haciendo luz de gas?
—¡Ja! Te pillé. Has dicho otra frase hecha.
—Mecachis, torpe soy oyes.

¿Lo ven? Las frases hechas son una epidemia de la que es difícil escapar.

—¿Todavía estáis con esto? Qué pesadita estas hoy, eh. Mas pesada que una vaca en brazos.
—Otra igual. ¿No somos capaces de hilvanar dos pensamientos sin usar una de estas malditas frases hechas?
—Pues parece que no.
—No puede ser, seguro que si nos concentramos lo hacemos.
—Está difícil, a las pruebas me remito.
—¿Sabes qué te digo? Que pa ti la perra gorda.
—Joeeeeeeeer.



sorue@divertinajes.com
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