20 de octubre de 2005

La voz a ti debida

Los avances de la ciencia me dejan anonada. Es un continuo avanzar y avanzar, que parece la celulitis, ganando terreno a mis muslos…

—Qué símil tan feo.
—Feo pero gráfico… y peligrosamente cierto, me temo. La edad, que no perdona.

Cada semana lees alguna noticia asombrosa, que te hace sentirte orgullosa de pertenecer a la raza humana, esa raza de seres inteligentes…

—No todos

… inquietos y con ansias de aprender, cuyo máximo exponente, la comunidad científica, trabaja incansable para iluminarnos, encontrar el porqué de las cosas, conducirnos por la senda del conocimiento.

—¿Qué te pasa hoy? ¿Tas malita de la cabeza?

Va a ser eso, enfermedad de la cabeza. Vean, vean.

Una revista científica llamada Neuroimage ha sido el medio elegido por el profesor Michael Hunter, de la Universidad de Sheffield, Gran Bretaña, para hacer público su descubrimiento. Allá va, y que quede claro que no lo digo yo,

—Ni yo.

Eso, ni el tío Ra. Lo dice el profesor ese inglés, que luego no quiero malos rollos. Ojo al dato:

Según Hunter, la voz de las mujeres agota el cerebro del hombre.

—Cualquier cosa agota el cerebro de un hombre. Lo único imprescindible es que, ese hombre, tenga cerebro. Yo dudo que lo traigan de serie. Y no es fácil encontrar un espécimen tan completo.

Julieta, que se ha peleado con su jefe varón, raza blanca, 1’75 de estatura, 80 kilos de peso, cerebro de mosquito...

La teoría explica que los tonos femeninos ocupan toda el área auditiva del cerebro, mientras que la voz del hombre sólo requiere del área subtalámica.

—Claro, necesitan toda su capacidad cerebral para oírnos pero entre lo escasa que es y que ya está ocupada con sexo y fútbol… y no necesariamente en ese orden.

Joeeeer con Julieta, si que le ha dado fuerte.

Según este profesional, "las mujeres tienen una voz natural con sonidos más complejos".

—La voz natural, el carácter natural, el cerebro natural. Lo tenemos todo más complejo. En realidad la parte más simple de una mujer, es su marido.

Julieta se está pasando, ¿no? No digo yo que no tenga un poquito de razón

—¡SOBRI!
—Pero muy poquito tío Ra, muy poquito.

Ahora resulta cuando las mujeres nos quejamos de que nuestras parejas masculinas no nos escuchan tenemos razón. Esa es la buena noticia. La mala es que el profesor Hunter les ha dado a los hombres una excusa con fundamentos científicos para que se despisten y dejen de escucharnos. Mamá, si me lees, ya lo sabes, tienes razón, siempre has tenido razón: Papá no te escucha, pero no es por desinterés, es por falta de masa encefálica o así.

No sé si es muy científica esta teoría, la verdad. Seguro que si los comentaristas de fútbol fueran mujeres, los hombres aguantarían los 90 minutos del partido sin perder ripio.

—Tienes razón, no perderían ni ripio de ese ni una palabra de lo que se dijese.

Tío Ra, a veces, asombra con sus aseveraciones.

—Yo tengo amigos que aguantan sin agotarse los jadeos femeninos de las pelis porno, y mira que duran ambas cosas.

Mi amiga Julieta, a veces, asombra con sus amistades.

Pero no crean que esto acaba aquí, no, también dice el colega Hunter

—El Profesor.

Vale tío Ra. También dice el profesor-colega Hunter que un esfuerzo tan grande como seguir la conversación…

—El monólogo, sobri, reconoce que normalmente es un monólogo

Joeeeer, antes Julieta y ahora tío Ra, esto no hay quien lo aguante. El caso es que el esfuerzo de escuchar a la fémina podría afectar la zona cerebral masculina. Ya está, ya lo he dicho.

—A la débil zona cerebral masculina quisiste decir.

Pues no, Julieta, en realidad no quise decir eso pero, ¡qué carajo! Debe ser verdad que el cerebro del hombre es más débil que el nuestro porque yo estoy todo el día rodeada de mujeres parlanchinas y, no sólo soy capaz de seguir y entender lo que dicen, sino que participo.

—Los de la misma especie siempre se entienden. Eso lo sabe cualquiera.
—Sí, tío Ra, cualquiera que tenga el cerebro en perfecto estado.
—¿Qué insinúas? ¿Qué yo no lo tengo?
—Eso lo has dicho tú, no yo.
—Me haces decir cosas que no quiero. Lo malo no es que no soportemos cómo decís las cosas, es que no soportamos que digáis tantas cosas. Siempre, en cualquier circunstancia, sobre cualquier tema.
—En cambio a nosotras nos encanta hablar. Y más si es sobre vuestras carencias, ¿verdad Julieta?
—Verdad, es un tema divertido a la par que inagotable.
—No soy yo el que no os aguanta, es mi cerebro.

Además, no voy a engañarles, pienso que la ciencia debería continuar con su investigación para determinar que, si las mujeres con su voz son capaces de hartar a los hombres, los hombres son capaces, con cualquiera de sus atributos masculinos, de acabar con nuestra paciencia.
Eso es algo que todas sabemos y no necesitamos que ningún científico lo publique.

—Lo que yo no entiendo es por qué hay hombres que se dedican a investigar estas cosas pudiendo investigar otras de mucho más interesantes. Por ejemplo cómo afecta al cerebro femenino desear con todas tus fuerzas un diamante de mogollón de quilates y tener que contentarte con una circonita.
—La verdad Julieta, no me parece un tema interesante, en realidad no me parece un tema de estudio.
—Pues debe ser que la frustración del diamante ha afectado a mi cerebro, porque yo lo encuentro interesantísimo.

Algún día, espero que más pronto que tarde, la ciencia investigará porque hombres y mujeres perdemos tanto tiempo en estas cosas.



sorue@divertinajes.com
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