5 de octubre de 2005

Los siete pecados capitales

Tengo que confesarles una cosa muy seria: Tengo envidia.

Ya sé, ya sé que está feo pero, ¿qué quieren?, este sentimiento impuro me ha venido así, sin avisar, y no he podido remediarlo.

Todo se ha desatado cuando he visto que a Maruja Limón le escribe una lectora desde Perú. ¿Por qué, me he dicho, por qué a ella le escriben desde Perú, que está tan lejos, y a mí no me leen ni siquiera en Hospitalet, que está ahí mismo? Y en esa pregunta retórica estaba cuando me sobrevino una punzada de envidia.

Querida Maru, como lo pienso te lo digo: todo esto es injusto. Claro, ser graciosa escribiendo sobre las revistas del corazón es relativamente sencillo, las revista en sí mismas son graciosas, incluso sin quererlo. Lo complicado es ser graciosa escribiendo sobre una misma, que tener una vida sobre la que bromear me cuesta muchísimo esfuerzo… y un poquito de invención, todo hay que decirlo.

Pero, ¿de que me asombro? Si es que Maruja tiene hasta más personajes que yo: Santiago, el niño, el Domi… ya me dirán si eso no es un buen casting.

—Serás desagradecida, sobrina ingrata. Di, si tienes lo que hay que tener, que Julieta y yo no te hemos ayudado mucho.
—E inspirado, Tío Ra, también le hemos inspirado mazo.
—Es verdad, hacemos y decimos todas las tontadas que tú quieres. Si no triunfas allende los mares…
—Ni aquende, Tío Ra, no triunfa ni aquende
—… será porque tú humor no vende. Y el de la Limón sí , ¿lo entiendes?

Eso es lo peor, que lo entiendo y me da envidia. Y la envidia es muy mala. Así que, puestos en esta tesitura, he hecho un repaso de la lista de pecados capitales, a ver quien se libra sino de todos, al menos de alguno de ellos.

Para comenzar, ¿por qué los pecados capitales son siete? Siete, como los días de la semana, como los enanitos de Blancanieves... como los niños de Ana , la niñera cachonda, como los mares, como las maravillas, como los magníficos… ¿por qué siete? Si lo saben, por favor, envíen un SMS al 7777.

El primero de todos es la a soberbia. De soberbia seguro que no peco, no, ¡hombre ya!. Si soy la más mejor de todo el portal es algo ajeno a mi voluntad, a mi consciencia. No puedo evitar tener la vida tan interesante que tengo, ser tan graciosa como soy, ser guapa de nacimiento y escribir con esa prosa que escribo, que ríete tú de Evaristo Aguirre, Eva Orúe, el Sastre de Kafka y toda esa panda de aprendices.

Luego viene, remoloneando y despacito, la pereza. ¡Uf! Hablar ahora de pereza me da un muermo… No creo ser perezosa, eso no, pero es que, con lo bien que estoy en el sofá, sin pegar golpe, disertar sobre este pecado tan poco activo…Además, la pereza es sólo un medio de luchar contra el aburrimiento. Y, como dicen Les Luthiers, la pereza es la madre de todos los pecados, y a una madre hay que respetarla, ¿o no?

A por otro, la gula. Cómo no voy a caer en este pecado compartiendo página con Manuel G. Torre, claro, a ver quien es el valiente que se resiste a eso. También está el Tío Ra que se lo come todo. Y eso se contagia.
Además, con lo cara que está la comida, la gula, más que un pecado ¡¡es un milagro!!

La avaricia, esperen que estoy terminando de contar dinero y me descuento si me interrumpen.

La lujuria. Bueno, bueno, bueno… quien esté libre momentos lujuriosos que se tire a la primera piedra, ¡UPS!,
que tire la primera piedra, quise decir…

La ira. Joeeeeeeeeeeer, estoy hasta la mismísima coronilla ya de tanto pecado capital. Cagüen to lo que se menea, al próximo que me hable de pecados o de capitales, le hago una cara nueva.

Después de todo, un poquito de envidia no me parece tan malo.



sorue@divertinajes.com
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