28 de septiembre de 2005

Noticias increíbles

El otro día oí en la radio una noticia curiosa. En Polonia, creo, un tipo ha sido detenido por amenazar al peluquero de su novia con una pistola. Parece ser que cuando la chica llegó a casa, al novio no le gustó nada su nuevo corte de pelo y, cabreado como un mono, salió en busca del peluquero para que devolviese a la chica su aspecto normal.

—Pero eso es muy fuerte, o sea, muy fuerte.
—¿A que sí Julieta? ¿Cuánto hacía que no oías algo semejante?
—Es… es increíble, en serio, es algo inaudito.
—Bueno chicas —Tío Ra, que estaba haciendo como que leía el periódico pero en realidad no pierde detalle de lo que decimos, se incorpora a la conversación—, ¿no estáis exagerando un poco? Es raro, sí, pero se oyen cosas mucho más increíbles.
—¿Más increíbles que un joven que se da cuenta de que su novia ha cambiado de peinado?
—Vamos Tío Ra, tú no te diste cuenta ni de cuando aquella novia que tenías se cortó el pelo y se lo tiñó de rojo.
—Es porque ella estaba guapa de cualquier manera.
—Y tú medio ciego de todas.
—Los hombres somos así.
—Por eso las mujeres no os aguantamos.

El chaval se merecía una reprimenda policial, no digo yo que no. Pero la novia, con toda seguridad, le esperará a la salida del cuartelillo con una pancarta de amor incondicional y orgullo extremo.

—Yo ya me la imagino contándole a su madre: Sabes mamá, Paco se ha dado cuenta de que me he arreglado las puntas, ¿no es monísimo?

Y es que las mujeres somos muy fáciles de contentar. Así nos va en la vida.

—¿Mal?
—No diría yo tanto, dejémoslo en regulín. Y no a todas, ¿eh? Que a algunas les va de fábula.

Las mujeres somos, mayormente, seres humanos en constante preocupación por lo que nos rodea.

—¿Los michelines?
—Pues sí, también, no negaremos lo evidente. Los michelines, esos rollitos que ocupan tanto espacio en nuestras cinturas y en las páginas de belleza del Vogue.
Michelín y Vogue son dos conceptos incompatibles.

Otra noticia que he oído esta semana dice que, como mucho, el cuerpo humano tiene 10 años de antigüedad.

—Y yo preocupada por haber cumplido los cuarenta.
—Explícate sobri, que no me entero.

Dicen unos científicos, posiblemente americanos, que, excepto las del cerebro, más longevas, las células componentes del cuerpo humano se regeneran en ciclos máximos de 10 años. Eso quiere decir que, como mucho, nuestro cuerpo tiene esa edad.

—Sigo sin entenderlo. A ver cómo se come que el cuerpo de Marujita Díaz tenga la misma edad que el de María Isabel.
—Lo que yo no entiendo es en qué momento las células niñas deciden reproducirse como exuberantes veinteañeras, espectaculares treintañeras o estupendas cuarentañeras.
—Cuarentonas.
—¿Dirías que Sharon Stone, Demi Moore o Brad Pitt son cuarentones? Nooooooooooo. Odio ese término y lo he eliminado de mi vocabulario. Haz lo mismo, te sentirás mucho mejor.
—¿Mis patas de gallo tienen 10 años?
—Tú sabrás Tío Ra, los científicos dicen que esa es su edad máxima, yo tengo mis dudas.
—Y yo, y yo. Esta teoría no me convence. Hace 10 años no tenía ni una arruga en el contorno de ojos.
—El contorno de ojos, Jesús, qué puesto estás en estas cosas. Seguro que, dentro de 10 años, tus células han decidido reproducirse calvas y con gafas bifocales.
—Fingiré ser indiferente ante esta aterradora posibilidad.

Esto también es muy masculino, ignorar lo que no te gusta en la creencia de que dejará de existir si lo ignoras. Me temo que, por esa razón, ellos ignoran nuestros cambios de peinado, a ver si así desaparecen.



sorue@divertinajes.com
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