7 de septiembre de 2005

Estilismo periodístico

Seguro que ustedes se han fijado que, desde hace unos años, al terminar las noticias de la tele salen, en los títulos de crédito, los responsables del vestuario de los periodistas conductores del espacio.

—¿Conductores del espacio? ¿De quién hablas? ¿De los sastres de Hans Solo y de Cheewaka?
Tío Ra, ¿ya has vuelto de vacaciones? Qué pronto…

Sigamos. Ahora se lleva informar al televidente de la moda que visten los presentadores de las noticias. Ellas y ellos, hartos de ser unos bustos parlantes, han decidido sacar a sus americanas del anonimato y, a ser posible, del gasto de su empresa. Así todos sabemos que, por ejemplo, Angels Barceló vestía de Adolfo, Susana Griso de Purificación, Matías Prats de Hermenegildo y…

—... y Urdaci de S.T.V.N.M.A.
—No me suena
—Si Te Visto No Me Acuerdo

No hay manera de hablar contigo en serio, ¿verdad Tío Ra? Lo que quiero decirles es que, no sólo los periodistas del estudio van guapísimos, cada día con un modelito diferente sino que, además, sabemos de quién son esos modelitos.

—Lo que no sabemos es por qué ha prosperado la tendencia de salir sin corbata. Aunque sí sabemos que, de haberle parado los pies a Lorenzo Milá cuando comenzó con las liberalidades, otro gallo nos habría cantado.

Sin embargo, a los periodistas de la calle, esos que están fuera del estudio y con los que se conecta para que nos cuenten lo que está sucediendo en otro lugar, a esos, ¿quién los viste? ¿Las rebajas del Sepu? Por todos los dioses, ¿nunca se han fijado en lo desastrados y lo despeinados que van?

—No lo dirás por los que explican los tifones, los terremotos y los volcanes, ¿no?, ¿O pretendes que, en pleno movimiento de tierra, ellos vayan trajeados y gomina?
—Pues mira, la gomina es muy socorrida y los sacaría de muchos apuros. Por ejemplo no se despeinarían.
Anasagasti tampoco se despeinaría, estoy por mandarle un SMS aconsejándole.

¿De veras no habían caído en eso? Fíjense esta noche: en cuanto conectan con un reportero o una reportera se acabó el glamour. Que no digo yo que deban ponerse exclusivos de Armani para explicarnos que se ha escapado un tigre de un circo y ha sembrado el miedo en las calles de un pueblo, o cómo la sequía afecta a las cosechas, pero un traje de sport con camisa sí se podían poner. Y, a ser posible, que hagan conjunto. Los ingleses, por ejemplo, saldrían con chaqueta de tweed.

—A ver si resulta que los ingleses van a ser ahora árbitros de la moda.
—Estarás de acuerdo en que, en el campo, los ingleses son los más elegantes.
—Estaré, estaré, yo de moda no sé ni una palabra.

Sigamos. Los del Congreso o los del Senado, por ejemplo, esos van hechos unos pintas.

—¿Tampoco te parece bien como visten los ministros?
—Hablo de los periodistas, aunque, bien mirado, algunos diputados y algunos senadores, deberían revisar su vestuario.

Llámenme antigua pero, para mí, si vas a entrevistar a señores y señoras con traje de chaqueta, deberías ponerte uno. Vaqueros y camisetas es su atuendo habitual. Y chirrían a la vista. Porque, digo yo, que el “casual” no es una tendencia que sirva para todo.

En invierno porque hace frío y se abrigan como si de ir al polo se tratase: zamarra, bufanda enrollada al cuello con flecos, manoplas, orejeras y gorros de lana. ¿Estarán en Alaska? No, en la Rambla, enseñándonos los adornos de Navidad. En verano, porque hace calor y se ponen unas bermudas, camistas sin mangas y chanclas de ir a la playa. ¿Estarán en la playa? No en Segovia, explicándonos cómo se ilumina el acueducto. Pantalones de camuflaje, chaleco con muchos bolsillos, chirucas. ¿Representante de coronel Tapioca? ¿Periodista de guerra? No, está en Sevilla, rodeado de Nazarenos.

—Exageras.
—No, no exagero. Van fatal vestidos y están feísimos. Todavía no hemos comentado nada de los peinados.
—¿Qué tienen de malo sus peinados?
—Pues que, a veces, no existen. Van absolutamente despeinados.
—Yo también.
—Sí Tío Ra, tú también. Pero tú no sales por la tele.

Pelos largos, cortos, teñidos, canosos, alborotados, recogidos, sueltos… seguiría, pero no se me ocurren más tipos de peinados.

—Repito: Exageras.
—Y dale. Pues todavía no he hablado de los paparazzi.
—No lo hagas, no terminaremos nunca y tengo hambre.
—Pues a éstos no hay por donde hincarles el diente.
—Pobrecillos. Si es que entre los micrófonos, las cámaras, las carreras persiguiendo al famosote de turno… pa qué se van a arreglar si luego se tiran diez horas esperando en la puerta de Ambiciones a que salga la Campanario y les eche con cajas destempladas. ¿Pa que se les corra el rimel?
—Lo único que se me ocurre es que, si van a perseguir a la Pantoja cuando va al hiper, en chándal van muy propios. Y los disculpo.

La verdad es que sí. No me imagino yo a los paparazzi que siguen a Belén Esteban en Benidorm bien vestidos. Sería dejar a la Esteban en evidencia. Y no hace falta, que ya se deja ella sola.

Será que yo soy muy pija, pero a mí me parece que, con la cantidad de vestuario que debe haber disponible en las televisiones, les podían enviar algo a los reporteros para que luciesen un poquito mejor, que parecen los hermanos pobres.





sorue@divertinajes.com
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