31 de agosto de 2005

Por una manzana

Domingo de verano después de comer en la terraza y justo antes de hacer la siesta en una hamaca a la sombrita, yo, anfitriona del día, pregunté a Julieta y a Tío Ra, mis ilustres invitados:

—¿Qué queréis de postre?
—Yo sandía —Tío Ra es capaz de comerse una sandía a la semana.
—Yo una manzana.
—¿Quieres una manzana Julieta?
—Sí, ¿No te gustan las manzanas? Pensaba que sí.
—Sí me gustan pero no de postre. Y no en verano.
—Las manzanas estriñen.
—Tiene razón Tío Ra. Mi abuela decía que era por el pecado.
—¿Qué pecado?

A Julieta hay que explicárselo todo. A veces me preguntó a qué dedicó su infancia si no se sabe ni los mejores cuentos que nos contaban en el cole.

—Cuál va a ser, Julieta, el original, el pecado original. Cuando Eva tentó a Adán con la fruta del árbol prohibido y Adán, como un soplapollas, cayó en la tentación, Dios castigó al hombre a ganarse el pan con el sudor de su frente, a la mujer a parir con dolor y la manzana a estreñir al personal pa los restos.
—Qué tontada.
—No sé, lo decía mi abuela. Lo del pecado y lo de que Adán fue un soplapollas, que se jugó por un chupetón…
—Por un mordisco dirás.
—Que no joer, que por el mordisco de manzana no fue. Fue porque él pensó, con ese doble pensamiento que tienen los hombres en según qué temas, que lo que le ofrecía Eva era otra cosa.
—Mira tú, el primer hombre ya era un salido.

Tío Ra soltó la sandía y nos advirtió.

—Eh, eh, chicas. No empecéis a atacar a los de mi género, que me cabreo. Nosotros no tenemos dobles pensamientos.
—Ahí lleva razón Tío Ra, los hombres, muchos, no tienen pensamiento alguno, ¡van a tenerlo doble!
—Eso me pasa por hablar.

El pobre tiene un incipiente espíritu revolucionario, pero enseguida se cansa. Es un buenazo…

—Bueno Julieta, ¿quieres una manzana u otra cosa? Estoy deseando irme a dormir un rato.
—¿Tienes nísperos?
—No. Mi madre dice que «quien come nísperos, bebe cerveza y besa a una vieja, ni come, ni bebe ni besa».
—¿Pero es que en tú casa nadie dice cosas sensatas?
—Sí, mi padre, pero no le hacemos ni caso.
—Así os va, que estáis todas como vaca sin cencerro en esa casa.

Vaya, el buenazo tenía el día faltón.

—Sin faltar Tío Ra, no te pases ni un pelo. Mira, por ser vos quien sois no te oyes cuatro frescas.
—Que raro, normalmente no te andas con contemplaciones y me oigo dieciséis frescas.
—Oye chicos, y ya que habéis sacado el tema ese de “por ser vos quien sois”. Tío Ra, tú, ¿quién eres?

Julieta, después de comer, entra como en trance y habla por boca de ganso.

—¿Cómo que quien soy? No te rayes Julieta, soy el que soy, el Tío Ra. Niña (dirigiéndose a mí) tu amiga ha tomado demasiado sol y tiene lagunas de memoria
—Que no es eso. Lo que quiero saber es por qué eres Tío Ra, y no Ra a secas. Eres tío ¿por parte de padre, de madre o de espíritu santo?
—Ése es un secreto que mucha gente querría saber, pero no estoy autorizado a revelar. I’m sorry.
—Así se habla, Uncle Ra. Que a nadie le importa nuestro árbol genealógico.

Pero Julieta es maña, ¿lo sabían? Y no se rinde.

—No, en serio, ¿eres tío por parte de padre?, ¿de madre?, ¿eres tío postizo?
—Que no te lo cuento y no te lo cuento, ea, se acabó tanta preguntita.
—Yo es que no lo entiendo, eres muy joven para ser hermano de…
—Y tú eres muy joven para morir, Julieta, mi amor, así que calla la boca.
—Pero bueno, si te llaman Tío será por algo.
—Eso es una pregunta boba. ¿De quién era padrino el Padrino?
—No es lo mismo.
—Es parecido.

Aquí intervine yo en mi versión conciliadora:

Tío Ra nació tío, sin más. Como el Tío Gilito, cuya “tiedad” asumíamos sin indagar nada.
—¿Tú crees que tratándose de un pato millonario eran necesarios más datos? Claro, que lo mismo sucedía con el Tío Aquiles.
—Veo querida Juli que lo vas captando. Mi personalidad es la que es y me ha costado mucho forjármela.
—Vale pero, ¿por qué Tío Ra y no Hermano Ra o Cuñado Ra?
Julieta, es la última vez que te lo digo: Mi nombre es Ra, Tío Ra. Y punto pelota

Intervine de nuevo en mi versión conciliadora mejorada.

—Bueno, bueno, ya vale. Tengamos la fiesta en paz. Qué más da de donde le viene el tío. El caso es que es Tío Ra y le queremos mucho. Y tú eres Julieta y eres mi mejor amiga. Eso es lo importante.
—Qué cursi has estado ahí sobrina.
—Ingrato, encima de que intento sacarte de un apuro.
—¿Ves como no merece que le guardes el secreto? Cuéntame la verdad y te llevo a Port Aventura.
—Ni se te ocurra sobri. Si no le dices nada, yo te llevo a Port Aventura y a ver Los cuatro fantásticos.
—Subo la propuesta con el concierto de Amaral.
Amaral y unos percebes.
—Añado una camiseta de las Tanga Girls.
—¡BUENO YA BASTA!

El silencio fue total.

—¿Queréis dejarlo ya que me estáis estresando? Tú Tío Ra, a dormir la siesta al sofá y te pones el aire acondicionado, a ver si te enfrías un poco, que te veo acalorado. Y tú Julieta, a dormir la siesta a la hamaca de fuera y si no se te bajan los humos, te riegas con la manguera del jardín. Castigados sin postre, hombre ya, hay que ver la guerra que dais, que no me dejáis disfrutar de un domingo en paz.

Es fue mi última intervención de la tarde, en versión “ya me habéis hinchado las narices, hasta aquí hemos llegado”.

Y todo, por una manzana. La historia se repite.



sorue@divertinajes.com
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