6 de julio de 2005

Papá ven en tren

¿Recuerdan que hace un par de semanas me preguntaba sobre la posibilidad de que un tío bueno viajase a mi lado? ¿Y recuerdan de que yo misma decidí que era muy minimísima? Pues bien, por lo que sea, porque la justicia divina existe, porque se obró el milagro, porque estaba confundida respecto a la estadística o porque alguna vez tenía que pasar, el caso es que la semana pasada el tío bueno, pero que muy bueno, se sentó a mi lado. La vida, ya lo saben, es maravillosa. ¡Qué ojos!

La extraordinaria coincidencia se la tengo que agradecer a la señorita de facturación que me dio el asiento. Pero a la compañía aérea tengo que agradecerle que, por llevar el vuelo un retraso de una hora y media y tenernos todo ese tiempo sin información alguna, en una de las salas de del módulo 2 del Prat que no tienen aire acondicionado, el tío bueno (¡qué músculos!) estaba casi tan sudoroso como cabreado y no tenía ganas de hablar. Eso sí, me obsequió con una sonrisa (¡qué dientes tan blancos!) cuando le ofrecí compartir con él mi hoja de reclamaciones. ¡Qué momento!

No teman, no voy a regalarles otra de mis historias de aviones con retraso y no será porque no tenga, ¿eh?, que esta semana tengo dos. Desde que leí lo que les había sucedido al primer ministro de Noruega y al ídem de Finlandia, lo que yo pueda explicarles es bobería. Eso sí que es una buena historia de aviones, una increíble historia de aviones, diría yo.

—No me digas que embarcaron por la puerta que decía en los monitores, despegaron a la hora programada, les dieron gratis un refresco y unos cacahuetes, los asistentes de vuelo eran amables y, a la llegada, el equipaje no sólo salió sino que lo hizo por la cinta prevista y entero.
—No tío Ra, no fue eso lo que les pasó.
—Eso sí hubiera sido increíble.

No le falta razón a tío Ra, él sabe mucho de pocas cosas. ¿O era poco de muchas cosas? No sé, nunca me acuerdo. Al grano, les iba a contar lo de los dos primeros ministros del norte.

—¿Dos primeros? Eso no es posible
—Lo es, porque son dos primeros ministros de dos países diferentes, cada uno de uno.
—Ah.

Protagonizaron un insólito accidente de tráfico.

—¿Aéreo?

No, eso es lo insólito.

Se trató de un incidente, digamos bilateral, que aconteció cuando el taxi que llevaba al finlandés se estlló contra el avión de su colega noruego.

Todo sucedió en el aeropuerto danés de Odense, cuando el primer ministro finlandés Matti Vananen y el noruego Kjell Magne Bondevik.

—¿Lo qué?

Tienes razón, es un nombre inverosímil, impronunciable, irrecordable e irrepetible, pero, ¿qué quieres? Se llama así el señor.

Ambos se disponían a regresar a sus respectivos países tras una cumbre de gobernantes nórdicos en Dinamarca. El avión Falcon de Bondevik

—¿De quien?
—Del noruego. Y no me interrumpas más que pierdo el hilo.
—¡El hilo! Por todos los dioses, qué fina te has vuelto.
—Cállate de una puñetera vez, pelma más que pelma.
—Retiro lo de fina.

…el avión noruego estaba en la pista, preparado para partir, cuando el taxi que llevaba a Vananen

—Al finlandés tío Ra.
—Ya lo había entendido.
—Vaya por Dios, ahora que me interrumpo yo sola resulta que tú lo habías entendido a la primera.

…el taxi chocó con el ala izquierda del avión, provocando rotura de la misma, retraso considerable, considerable bollo en la carrocería del taxi y, eso es lo bueno, ningún herido. El conductor del taxi explicó que no había visto el ala.

—Y ¿qué hacía el taxi en la pista despegue?
—¿O el avión en el parking?

Yo que siempre había pensado que los nórdicos eran tan serios y organizados.

—Y calentitos.
—¿Cómo dices?
—Los nórdicos, los edredones nórdicos. Niñata mal pensada.

Si es que esta noticia me ha trastornado, de verdad. Acostumbro a viajar en avión, acostumbro a coger taxis y asumo los peligros de estas dos acciones pero por separado, los peligros de ambos medios de transporte juntos me superan. Esta simbiosis entre un medio de transporte aéreo y uno terrestre me mata. Imagínense que ven venir un avión con la lucecita verde, le paran, el piloto se gira y le pregunta, “¿A dónde vamos?”, se lo dices y el sube bandera. Las azafatas van con las ventanillas abiertas y la cadena Dial a todo volumen. Total, que llegas tarde y, encima te cobran el suplemento por la maleta y te dejan temblando.

Papá, ven en tren.





sorue@divertinajes.com
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