29 de junio de 2005

Engañosa publicidad veraniega

Después de ver un spot de la tele en el que Sharapova, la tenista rusa esa que está como un queso, nos explica que parte de su éxito en la cancha se debe a su desodorante, he bajado al Caprabo del barrio a ver si había alguno que me asegurase ganar la lotería, ligar el sábado o pasar el casting de Operación Triunfo. ¿Creen que lo he encontrado? Claro que no, ni siquiera en el que usa Sharapova dice nada de Roland Garros o de Wimbledon. Y esto es sólo el principio de mi desilusión.

Tras dos horas de ver la tele había llegado a la conclusión de que, con una visita a cualquier supermercado bien surtido, tenía la felicidad asegurada. Todo se limitaba a llenar el carro de la compra de los productos adecuados y prescindir de los inadecuados.
Así, por ejemplo, si me hacía con una buena provisión de crema hidratante de la que ralentiza el crecimiento del vello en mis piernas, ingles y axilas, me ahorraba comprar los recambios de la Gillette Venus esa que me tienen hartita de lo carísimos que son.

En la misma onda, dejaría de comprar supositorios de glicerina si me llevase unos cuantos paquetes de All Bran y si soy lo suficientemente lista como para combinarlos con el agua mineral adecuada y los yogures desnatados convenientes, adelgazaría hasta conseguir la línea perfecta, con lo cual adiós a las cremas reductoras y al master plus ese, que maldita la falta que me iba a hacer.

—Y a las acelgas.

Efectivamente querida Julieta, adiós también a las acelgas.

Para no cansarme compraría leche con jalea real y, para no tener colesterol margarina con Omega 3. De un plumazo he tachado de mi lista los complejos vitamínicos y el pescado azul. Todo un ahorro.

Si además consigo unos cuantos miles de botes de esa crema hidratante que elimina mis arrugas, del contorno de ojos que elimina mis patas de gallo y del body milk que reafirma y tonifica mi piel, ya me estoy borrando del gimnasio y anulando mi cita con el cirujano plástico.

En este punto de mi recorrido por el supermercado estaría delgada como una sílfide, pelada como una rana, hiperactiva, joven, tersa y más sana que una manzana ¿qué me faltaría?

—Sentido común, pero de eso no venden.

Elemental querido Tío Ra, sentido común no venden y todo el resto es un engaña bobos.

—Y bobas.

Pues sí, sobretodo bobas. Parece ser que somos las únicas que necesitamos adelgazar, rejuvenecer, y ponernos en forma. Y si no las únicas, las que más.

—Para eso nos apuntamos al Grand Prix, se hace un montón de ejercicio corriendo delante de la vaquilla y el disfraz de bolo es más caliente que una sauna finlandesa con lo que eliminas toxinas, fijo. Y salimos en la tele. ¿Alguien da más?

Quita Julieta, no digas tonterías, que para salir en el Grand Prix tiene que ir todo el pueblo, y no creo yo que el alcalde de Barcelona esté por la labor.

En fin, que lo de la publicidad es todo mentira, publicidad engañosa para sacarnos los cuartos, eso es lo que es. Una vez demostrada que la capacidad de ahorro de una acomplejada media es inversamente proporcional a la credibilidad que le da a los anuncios de la tele…

—Para, para, que me he perdido. ¿Qué dices?
—Que la publicidad se aprovecha de que me voy de vacaciones y me va a ver en bikini todo el mundo.
—Exagerada, a ver si piensas que todo el mundo te va a mirar.
—Sé que no y, para que voy a negarlo, también me jode.
—¡Sobrina! Dices unas cosas…
—Las que siento, Tío Ra. Bueno, las que siento y las que me da la gana, que para eso soy mayor de edad.
—Muy mayor de edad, diría yo.
—Julieta, no te pases un pelo que tú eres de mi quinta.
—Sí, pero no lo diría nadie.
—Nadie que no se hubiese puesto las gafas de ver
—Chicas, por todos los dioses, queréis dejarlo ya. Las dos os conserváis estupendamente.
—Conserva al fin y al cabo tío Ra, conserva al fin y al cabo.

Tío Ra tiene razón, estamos estupendísimas de la muerte, a ver quien es el valiente que dice lo contrario. Además, no vamos a deprimirnos ahora que empieza lo bueno, ¿no les parece?



sorue@divertinajes.com
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