15 de junio de 2005

Temas recurrentes

Esta semana me siento presionada. Se acercaba el miércoles y yo no había escrito mi Pan Tumaca semanal. De nada sirvió explicarle al responsable del cotarro que no todas las semanas le pasaban a una cosas para contar:

—Pues te las inventas, que para eso presumes de escritora de relatos cortos.

¡Jesús! Qué humor más malo. El caso es que tiene razón, que yo me pego el moco con mis amigos a propósito de mi afición a la escritura. Si hasta en el CV, en el epígrafe de “aficiones” lo pongo: Me gusta leer, escribir, el cine europeo, cocinar y el mar.

—Suena pedante.
— Lo sé, Julieta, pero es cierto. Además no voy a poner que, entre mis hobbies, destaca dormir, tirarme a la bartola, sentarme contigo en una terraza a ver pasar al personal y jugar al dominó con Tío Ra.
—También es cierto.
—Pero no da prestigio.
—Y por qué no pones tu afición al vermut rojo, a la carne picada cruda o a probarte vestidos de novia.
—¡Julieta! Era un secreto.
—¿Cuál de las tres era un secreto? Lo sabemos todos.
—Las tres eran un secreto. Soy una mujer llena de misterios y de lados oscuros.
—Y de puñetas.
—Además, eso no se puede poner en un currículo
—No sé por qué no. Seguro que te llaman sólo por saber si te has probado muchos vestidos y si te quedan bien.
—Y yo no sé por qué no te vas un poquitito a paseo. Bueno ya vale, cambiemos de tema.
—Insisto, escribe sobre eso. Podías contar el día que entraste a Pronovias preguntando por el vestido del escaparate y te dijeron que no servía que se lo probase la madre de la novia, que debía probárselo la novia en persona. Nos reímos mucho.
—Te reíste tú, amiga de los coj… del alma.

Ya lo ven, en estas condiciones de presión extrema, no es sencillo ser graciosa. Porque hacer reír es un arte…

—Que tú no dominas.
Julieta, qué jodido es ser amiga tuya, de verdad.

Decía que hacer reír es un arte, que se lo pregunten a los actores, que siempre dicen eso de que es más difícil hacer reír a la peña que hacerla llorar. Y en eso estoy de acuerdo, ¿eh?, que tal como están las cosas, la gente tiene el lloro flojo, y suelta la lágrima por casi cualquier cosa.

—Por el precio de los tomates.
—Por ejemplo, ¿lo ves? Lloros prosaicos. Añoro aquellos tiempos que llorabas al ver Mujercitas, cuando moría la hermana pequeña, Beth, de escarlatina.
—Eso era en Navidad de cada año.
— Tú también te acuerdas, ¡snif!

En fin, que se me pasa la mañana y no he contado nada original todavía, veamos… Menos mal que hay colectivos que siempre dan juego, son lo que yo llamo, temas recurrentes. Uno de mis favoritos, lo saben, los japoneses. Allá va:

Hace unos días, en la Feria Mundial de Nagoya, Japón, una empresa austriaca montó una pasarela de moda para gallinas.

—¿Para cobardes?
— No tío Ra, para gallinas de verdad, de las que cacarean y tienen plumas.
—Y le echan huevos.
—Los ponen, tío Ra, los ponen.

20 gallinas, las TOP 20 debían ser, desfilaron al compás de la música de Mozart, luciendo unos extraños modelitos (a la imagen me remito), para combatir el frío e impactar a los gallos, digo yo. Dice el responsable del invento, que esta vez no es un japonés, sino un austriaco, que estos vestidos son algo que ninguna gallina necesita realmente, pero que todos los granjeros desean tener… Sí, sí, han leído bien. Y lo peor es que, dado el éxito de ventas, planean llevar el desfile a una gira mundial.

—Qué graciosos los granjeros japoneses. Pobres, como nunca tuvieron una Barbie, quieren jugar a los vestiditos con las gallinas.

Otra de japoneses, mis favoritos. Ellos tienen la solución para dejar de fumar. Más exactamente, para que las mujeres dejen de fumar.

Basándose en una teoría según la cual el olor a lavanda calma la falta de nicotina, mientras que el olor a jazmín, al entrar en contacto con el humo del tabaco, produce un perfume nauseabundo que inhibe las ganas de fumar, los creativos de Triumph Japón han inventado el sujetador antitabaco, incorporando entre sus telas ambas fragancias.

—Lo que no se les ocurra a estos japoneses.
—Ahora los de Ocean deberían comprar los derechos del invento y fabricar camisetas estilo imperio para que ellos dejen de fumar también. Se forran, fijo.
—Además es muy sugerente un tipo en camiseta de tirantes oliendo a jazmín y lavanda, para variar.
—Pues sí.


Me consuela saber que, fuera de mi círculo de amistades, hay gente casi tan rara como dentro de él.

—Nosotros no somos raros.

No, vosotros no sois raros y yo soy una escritora de relatos cortos… Vivir para ver, y para oler.



sorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir