8 de junio de 2005

El tío bueno

Me pregunto cuál es la probabilidad de que en el mismo avión en que yo viajo, lo haga un tío bueno. (También serviría en el mismo vagón de metro o en el mismo autobús, pero prefiero seguir con el tema de los aviones, que me hace parecer antes ustedes muchísimo más chic). Ni puñetera idea. Que yo sepa, no existe –todavía– un estudio de alguna universidad americana al respecto. Le propondré a la presidenta de la “Asociación de Ejecutivas Usuarias de Puente Aéreo”, la AEUPA que financie a la universidad de…. ¿Michigan?... para que realice un estudio de estas características.

Seamos optimistas y pongamos que el tío bueno viaja efectivamente en el mismo vuelo que yo. ¿Cuál será en ese caso la posibilidad de que ocupe el asiento contiguo al mío?

Pues ya se lo digo yo, debe ser muy mínima. De hecho no me ha sucedido nunca, y hace años que vuelo. Con tíos, y tías, que roncan, que ocupan todo el apoyabrazos, que abren su periódico delante del mío o que derraman su coca-cola sobre mi regazo, sí he coincidido alguna vez; con tíos buenos, nunca.
No sé si estaría bueno pero decididamente era un cachondo el comandante que, el otro día, para justificar un retraso de hora y media en el puente aéreo Madrid–Barcelona nos dijo a mi colega Juan P., a mí y a todo el que le quisiera escuchar que, el retraso del vuelo se debía a que habían tenido que cambiar el avión. Parece ser que a un avión de Iberia que hacía Madrid–Londres se le habían estropeado los cuartos de baño y decidieron cambiárnoslo a nosotros, a los del puente aéreo, por ser un trayecto más corto. Eso dijo, el muy comandante. Pero Juan P. y yo pensamos que nos lo cambiaron porque, total, desde que no nos dan la coca-cola y el bocadillito de lomo de antaño, no tenemos pipi. Y si tuviéramos o tuviésemos, ajo y agua, que ya estamos acostumbrados a sufrir.

Pero volviendo a los tíos buenos, mejor dicho a la escasez de, que es el asunto que me ocupaba en un principio, recuerdo perfectamente el día que, estando o en la cola de la puerta de embarque en un vuelo a Milán, vi., en la puerta de al lado con destino a Gran Canaria a un tío bueno, quizá debería decir al tío bueno, que había aquel día en el aeropuerto. Él tenía pinta de no ser nadie sin su tabla de surf. Yo estaba deseando librarme del maletín del ordenador. Él se giró hacia donde yo estaba, yo le miré, el entrecerró los ojos, yo le guiñé uno de los míos, él se inclinó hacia delante, yo le sonreí, a él le sobrevino un extraordinario estornudo, yo disimulé mi decepción lo mejor que pude. Poco nivel señores, y me duele decirlo.

Es muy posible, soy consciente de ello, que mis sucesivos vecinos de asiento se plantean esta misma pregunta cuando me ven el careto (¿Pero es que no me podía tocar a mí la tía buena?). Se siente, haber cuidado tus abdominales y yo habría cuidado mis cartucheras. Esto es lo que hay. Y si no te gusta, viaja en bisnes.

¿Que a qué se deben estos comentarios de dudoso gusto? ¿A la sequía? Quizá. ¿Al calor? Es posible. ¿A la edad? Puede ser, dicen que, con la edad, tu nivel de exigencia aumenta. Así me va.

Y todo eso lo digo yo, primera defensora de la teoría esa de que la belleza está en el interior

—De la camiseta...
—… mojada.

No Julieta, aunque también. No Tío Ra, tú sí que estás bueno. La belleza está en el interior, en el alma. Estarán conmigo en que hay mas buenos/as tíos/as que tíos/as buenos/as

—¿Lo qué?

El alma Julieta, el alma. Ese ente impalpable que nos embellece.

—Bella e inalcanzable, como Natalie Portman.

Caramba, el Tío Ra se está refinando en sus gustos acerca de las mujeres, hace unos meses hubiera dicho…, no sé, “Bella e inalcanzable como Pamela Anderson”.

—Está buena, lo reconozco, y es inalcanzable, lo sé, pero no era apta para ese ejemplo, mira, qué quieres que te diga.

A Julieta le van los tíos…

—Como Rafael Nadal.
—Es demasiado joven Julieta.
—Es demasiado, sin más. Además la juventud es un defecto que se cura con los años. Y sería la primera vez que nacer tarde fuera óbice para cualquier cosa.

Yo iba a decir los tíos místicos, tipo Jude Law, pero vale, aceptamos Nadal como tío bueno, todo sea por la amistad que nos une. A Julieta y a mí, claro. Que yo a Nadal, no tengo el gusto.

—¿Qué tiene Jude Law de místico? Los ojos verdes, la sonrisa angelical, la carita de pillo…
—Los suspiros que levanta a su paso, querida Julieta. ¿Me negarás que es divino?
—Yo ni niego ni afirmo.

Y ya se sabe, quien calla otorga.

—Pues podías estarte callada en algún momento, bonita, que hablas de todo y mucho.

Me boicotean y lo llevo fatal, ¿qué les voy a decir a ustedes que ustedes, tan listísimos, no se imaginen? Hablo, sí, ¿y qué? Será porque tengo cosas que decir

—Lo malo es que nosotros las tengamos que escuchar.
—Pero ¿qué os pasa hoy? De verdad, estáis raros, raros, raros.
—Díselo tú Julieta, que eres más fina
—Que tienes un morro que te lo pisas, bonita de cara, que no tienes vergüenza ni la conoces. Tú mucho hablar, mucho hablar, pero de lo que de verdad nos interesa no nos dices ni media.

Joder, pues menos mal que Julieta era la más fina de los dos. Si llega a hablarme el más bruto, no sé donde terminamos.

—A ver Juli, ¿qué he hecho esta vez?
—Niega si te atreves que, esta semana, has echado el Gordo de la Primitiva sin nosotros.
—Me habéis pillao. Pero ha sido sin mala intención, lo juro. Fue algo circunstancial. Además, pareja de capullos, digo pareja de amigos, ahora que me acuerdo ¿no os dejé fotocopia del boleto en vuestros buzones respectivos con una amable nota diciendo “si pagamos a escote, jugamos a escote y no como cada semana que pago yo pero jugamos todos”?
—Vale, vale, no te pongas así, era un comentario sin mala intención.
—Claro sobri, nunca habíamos dudado de tu honradez.
—No te enrolles, Charles Boyer.

Soy una buena tía, ¿lo veis?, lo que pasa es que el alma no se me ve desde fuera. Pero si alguien quiere profundizar, que me llame y, si pagamos a escote, a lo mejor le invito a cenar, y profundizamos. Nunca se sabe qué te depara el destino, ni adonde te llevará la curiosidad, ni por qué los gatos caen siempre de pie.

—Te vas de la olla.

Puede ser, pero es uno de mis encantos. Lo dice mi madre.



sorue@divertinajes.com
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