1 de junio de 2005

Las buenas historias casi siempre son falsas

Mi amigo Suni Li, el chino que extiende su manta en la entrada de mi parada de metro, estaba ayer indignado. Me lo contó mientras me probaba unas gafas de sol de esas tipo mosca de la tele con el logo de Chanel en las patillas.

—¡Cómo no estal enfadado! Suni Li paseal pol Paseo de Glacia y, ¿qué vel, eh, qué vel?
—Si llevabas estas gafas puestas no has visto tres en un burro
—No, Suni Li no lleval nada puesto
—¿Nada de nada? Pues verías a la poli correrte detrás a porrazos por escándalo público.
—Tú lial Suni Li, Suni Li no entendel nada.
—Tienes razón, ojos grandes, dime qué viste para enfadarte de este modo.
—Escaparates de tiendas calísimas con las gafas iguales que las que yo vendel, bolsos iguales que los que yo vendel, caltelas iguales que las que yo vendel.
—Claro Suni Li, tú vendes imitaciones de grandes marcas a pequeños precios, por eso Julieta, o y otros miles de bobos como nosotros te compramos a ti en vez de ir a Paseo de Gracia a las tiendas carísimas. Como no puedo pagar unas gafas de Chanel, las compro de Chanal Chino, bonitas y baratas, ¿me sigues?
Suni Li estal decepcionado

Mira tú por donde, el cabreo del chino era porque él pensaba que los originales eran los suyos y no entendía porqué ese empeño de las grandes marcas en copiarles. Se lo expliqué y le conté cual era el negocio mientras le compraba dos pares, unas azules y unas rosas, ambas monísimas que me quedan estupendamente y harían a Victoria Beckham, de soltera Victoria Adams, palidecer de envidia. Me prometí a mí misma no decirle a nadie que eran de las de las mantas del metro, a 6 euros la unidad.

¿Pueden creerlo? No lo hagan, es mentira. (Lo de que compré 2 pares era verdad, ¿eh? Sólo lo del disgusto del chino era mentira) Es mentira pero es una buena historia, ¿a que sí? Eso es lo que sucede con las historias buenas, que muchas veces son falsas. Muchas veces, pero no siempre. Algunas de mis mejores historias son tan verdaderas como que hay otras que me las invento. La que viene ahora es, se lo juro por mi Epilady, cierta. Y buena. Allá va.

El Centro para el Sexo y la Cultura de San Francisco albergó el pasado sábado 28 de mayo su cita anual "Masturbaratón,", un evento del cual sus organizadores dijeron que podría congregar hasta a 120 personas de todos los Estados Unidos para pasarlo bien con sí mismos. Como su propio (y extraño) nombre indica, el “Masturbaratón”, orientado a recaudar fondos para el centro, consiste en una maratón de masturbadores, es decir, de aquellas personas que disfrutan dándose placer a si mismos, en un escenario semi público, por si los voyeurs se animan. De este modo matan dos pájaros de un tiro, unos gozan mientras los otros disfrutan y viceversa.

—¿Dónde dices que sucede eso? –Es Tío Ra, que ha dejado momentáneamente de enredar con su conexión ADSL, asombrado por lo que estoy diciendo–. Una convención de onanistas…. Vivir para ver. Aunque, ¿sabes? En mis tiempos decían que te quedabas ciego si te la pelabas.
—¡TÍO RA! Haz el favor de no ser ordinario.
—Perdona pero ordinarios son ellos, que convierten el vicio solitario en vicio multitudinario, y eso no es de recibo, no señor.

Pero no es vicio nefando por vicio nefando, no, el tema tiene un lado competitivo. Los juguetones del sexo compiten entre sí a ver quien aguanta más horas dándole… al manubrio. El año pasado el record se estableció en 6 horas y media, con un descanso de 5 minutos cada hora, no piensen que fue todo de un tirón que no.

—¿Un descanso para comer y beber?
—No sé Tío Ra, para estirar los dedos… o encogerlos…
—O descansar las muñecas…
Jesús, lujuria y ambición, como en Dinastía. ¿Dónde vamos a llegar?
—Nosotros no sé, el ganador, en 6 horas y media, unas 100 veces al séptimo cielo.

No quiero pensar más en ello, que me da grima. Imagino a 120 personas, hombres y mujeres…

—Muy hombres y muy mujeres por lo que veo.

…120 personas, muy personas, dándose placer a ellos mismos con un dorsal numerado en la espalda mientras el jurado, porque debe haber jurado en esta prueba, verifica que de verdad gozan, y me enfermo.

—¿De asco?
—No, de envidia.
— Míralo por el lado bueno, todas las semanas vemos a los diputados tocándose lo que no suena en el senado y no te da asco.
—Ni envidia, lo juro.


¿Ven como hay historias buenísimas en el mundo? Pues yo me las sé casi todas, y las que no me sé, me las invento, que tengo que llenar mi espacio semanal con algo. Sean buenos, y disfruten.



sorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir