4 de mayo de 2005

Sopa con tropezones

—Déjame adivinar de qué vas a hablar hoy.
—No me digas tío Ra que te has traído la bola de cristal.
—No, pero conociéndote, sé que vas a hablar de Mazinger.
Ratzinger, tío Ra, Ratzinger.
—Oooooh, qué desliz, eso quería decir. Del Papa Benedicto 16, vaya, después de tantos días tendrás algo que decir.
—¿Sabes tío? Yo ya tenía algo que decir el mismo día de la fumata blanca, pero me lo callé entonces y mejor me lo callo también ahora. Además lo del dedo de Dios me da un poquito de yuyo.
—¿Qué eso del dedo de Dios?
—Los cardenales dijeron que en la decisión había intervenido el dedo divino y, ¿qué quieres? Me da como cosa el asunto digital.
—¿Prevaricación celestial? ¿Ratzinger un enchufado? Yo no me lo creo.
—Ni yo, Julieta, ni yo, pero pa por si, no comento. Pero me sé otra historia de dedos, que os va a encantar. Al loro muchachos, que esto es la bomba.

Hace unas semanas una señora pidió en un Wendy’s, un establecimiento de una cadena de comida rápida en San José de California, EEUU, una ración de chile. Cuando había consumido casi la mitad se encontró con un dedo humano dentro del recipiente.

—Y se murió de asco.

Pues no, no al menos inmediatamente ya que le dio tiempo a denunciar y a reclamar daños y perjuicios y todas esas cosas que hacen por cualquier tontería, fíjate por un pulgar en tu menú, vas a por todas, vamos, vamos, vamos.

A lo que yo iba es a que Wendy’s investigó qué podía haber sucedido y no halló pruebas de que ninguno de sus empleados o de sus proveedores hubiese tenido un accidente en el que se hubiera cercenado ningún dedo.

—¿Llamaron a CSI?

Quizá, pero mientras Grissom investiga y busca la huella dactilar del dedito guisado en la máquina esa de las coincidencias, Sandy Allman, otra americana, pero esta vez de Nevada, ha dicho que el dedo es suyo, que lo vio en la tele y lo reconoció.

—Ya entiendo, la última vez que estuvo en el Wendy’s de nevada se lo olvidó encima de la mesa, junto al móvil.

Quita, quita, no, mucho más emocionante. A la Sra. Allman la atacó un leopardo

—¿Un leopardo de verdad?
—No, un leopardo de peluche. Joer Julieta, deja de interrumpirme.
—Es que si no te interrumpo, esto es un muermo.

Vale, vale, ya entiendo y ya acorto.

El caso es que, en el ataque, el leopardo le arrancó un dedo, dedo que ella creyó reconocer en el dedo del curry que vio en la tele.

Jesús, y ¿cómo lo reconoció? ¿Por el anillo?
—¿Qué anillo?
—No sé, es que me parece tan difícil reconocer un dedo, incluso uno tuyo, en esas condiciones, que pensé que llevaba un anillo. O eso, o la manicura francesa.
—Es verdad, y más si no comes con los dedos habitualmente y nunca te los has visto llenitos de salsa, seguro que no lo reconoces tan cercenadito.
—¿Cómo ha terminado todo?

Pues no lo sé, esa es la verdad. Quizá la señora de Nevada se ha ido a California a ver el dedo cara a cara…. Cara a yema, mejor dicho. Imagino la escena, la señora Allman, de pie, con sus 9 dedos entrelazados. El forense abre la puerta-camilla esa de las neveras de las morgues modernas, aparece el dedo tumbado y el forense de las muletas pregunta mirando a Grissom que también anda por ahí:

—¿Lo reconoce?
—Sí, snif, efectivamente es mi dedo índice.
—Tendremos que confrontar su historia con la del leopardo, que está en la sala de al lado.

Aquí se me ha ido la olla, lo reconozco, pero que la historia (sin la intervención del CSI, claro está) ha salido en los medios, os lo juro por mi ADSL.

¿Qué os ha parecido? ¿No es mucho más divertida que la Televisión digital? (que comparación tan apropiada se me ha ocurrido, ¿verdad?)

—Pues sí, pero yo, como lo del dedo Dios. Tampoco me lo creo, vaya.
—Ni yo.

Incrédulos, gente de poca fe. Y eso que vosotros sí que sois colaboradores elegidos a dedo. No por el de Dios, eso está claro, solo faltaría, por el mío que, con un buen diamante, estaría tan divino. O más.

(PD.- De hecho, vuestra incredulidad es razonable: lo último que supe sobre la historia del dedo es que la policía había detenido a la denunciante, a la que acusaba de haber puesto el dedo no en la llaga sino en el plato para cobrar una indemnización. País de chiflados, oiga).



sorue@divertinajes.com
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