27 de abril de 2005

Terror japonés

El otro día, en el metro había en el asiento contiguo al mío una japonesa. Era la japonesa típica de pelo negro, largo, liso y ojos rasgados. Exactamente igual que las de las pelis de terror esas que ahora se llevan tanto. Qué mal rollo.

Últimamente resulta que, gracias a Hollywood, veo una japonesa y se me pone la carne de gallina, ¡como que me dan miedo las japonesas!

—Mi tío Ra ya hace años que dice que, en caso de guerra nuclear, sobrevivirían sólo las cucarachas y los japoneses.
—¿Por raros?
—Yo siempre pensé que por resistentes, pero vete tú a saber
—Qué listo tu tío Ra.

El caso es que antes yo veía Heidi, y hasta la encontraba mona. Pero ahora... ahora, es ver una cámara de fotos de las que tienen detrás una nipona y ponerme a temblar, oyes, que me dan grima, qué quieres que haga. Y no piensen que es racismo, eh, para nada. A mí el sushi me chifla. Pero es que se pone de moda el terror japonés, y, chica, te lo meten por los ojos, se te achinan, y te mueres de miedo.

Si tengo que decirles, la verdad, la primera japonesa que me dio miedo fue Yoko Ono.

—Sí, de joven daba miedo, y ahora está de miedo. Hay que ver cómo se conserva la señora. Pasa de los 70 y está estupenda.

Es que esa es otra. ¿Nunca notaron que los japoneses no envejecen? Bueno, algunos sí, los de las largas barbas blancas, las blancas túnicas y los rasgados ojos blancos de las pelis de samurais. Pero las japonesas no, ellas no envejecen, en serio, miren si no las fotos de la familia imperial. No sólo todas ellas se parecen sino que todas parecen jóvenes. Atemporales, diríamos. Yo, si veo una foto de las hermanas del emperador, la mujer del emperador, la hija del emperador, su nuera y su nieta, sólo distingo con seguridad a la nieta, porque es la más bajita, y ni siquiera demasiado.

Y es que el tema de las razas tiene mucha enjundia. Observas un vagón del metro en hora punta y parece que estas viendo a los Viva la gente.

—¿A quiénes?
—A aquellos que cantaban:

¿De qué color es la piel de Dios?
¿ de qué color es la piel de Dios?
Dije negra, amarilla, roja y blanca es,
todos son iguales a los ojos de Dios.

—Unos ilusos.
—De libro.

Porque yo no creo que todos seamos iguales a los ojos de Dios, bueno, ni de los gobiernos, pero ése es otro tema.

Ja, iguales, iguales... Veamos, ¿alguien aseguraría que Jackie Chan es igual que el negro del CSI? Nooooooo, vaya usted a comparar, el negro del CSI está muchísimo más bueno. Y no hace falta irse al cine, ¿eh? ¿alguien diría que Julieta está igual de tremenda que Halle Berry?

—Pero, pero, pero, ¿serás malnacida?
—Seré, pero es cierto.
—Mala amiga, envidiosa.
—No es envidia Julieta, es ciencia comparativa, demostraciones empirícas de lo evidente.
—¿Sí? Y ¿por qué no demuestras que ni siquiera dentro de la misma raza somos iguales, eh? Y pones como ejemplo comparativo tu cuerpo y el cuerpazo de Sharon Stone. Las diferencias también son evidentes.
—Víbora, que eres una víbora.

El caso es que, a los ojos de Dios no podemos ser iguales, a no ser que sea daltónico.

Paul Newman es daltónico y es divino.
—Buen argumento.


Además, si todos somos iguales a sus ojos, ¿por qué nos depara tan diferentes vidas y destinos? No sé. Me parece que me estoy haciendo un lío.

—A mí también me lo parece. Mejor no sigas por esos derroteros y vuelve a lo de las japonesas, que era menos peliagudo.
—Hombre, a ellas sí les parecera peliagudo que yo les tenga miedo a todas por el hecho de ser japonesas.
—No creo que te lea ningún japonés.
—Nunca se sabe, japoneses hay por todas partes.

Por favor, para sacarme de dudas, si algún japonés me lee, que me escriba. Prometo contestar.



sorue@divertinajes.com
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