6 de abril de 2005

Clocky, el mejor amigo del lirón

A falta, según se ve, de algo mejor que hacer, científicos del Laboratorio de Medios del Instituto de Tecnología de Massachusetts han inventado un despertador a prueba —eso dicen, pero está por ver—, de dormilones. Lo dice la revista New Scientist. Lo del despertador, no lo de que está por ver si funciona. ¿Me explico? Vaya lío de comienzo que he tenido.

Clocky, así se llama el aparatito, está equipado con unas ruedas de modo que cuando suena y el dormilón le da un toque para apagarlo, se aleja rodando al otro rincón de la habitación.

—¿Si? —pregunta tío Ra que es uno de esos seres que dan tanta grima que despiertan incluso sin despertador—. ¿Y cómo hace para bajar de la mesilla de noche? ¿Tiene paracaídas?
—Pues no sé, lo preguntaré a los científicos cuando vaya a Massachussets.
—Será que esperan que lo pongas en el suelo, ¿no?
—Claro, para pisarlo cuando me levanto a meda noche a hacer pis. Y será barato, seguro, como para romper uno cada noche. Eso sí me quitaría el sueño.

La idea es que, cuando vuelva a sonar la alarma, Cloky esté tan lejos que sea agotador encontrarlo. La búsqueda impedirá que te vuelvas a dormir.

—Oye, oye, oye, esa explicación está llena de incongruencias.
—¿Incongruencias?
—Digamos, teorías inexactas, falta de rigor científico, desconocimiento del medio. A ver, ¿cómo tiene que ser de grande una habitación para que buscar el despertador sea agotador? ¿Dónde creen estos americanos que vivimos? ¿En Falcon Crest? Te aseguro que si mi despertador se fuese al otro lado de la habitación, yo lo pillaría casi sin salir de la cama. Con estirar el brazo me basta. No te digo lo que sucedería en tu habitación. Es tan pequeña que el concepto “el otro lado de la habitación” no existe.
—¿Y si lo dejas enfocado hacia la puerta? Así se saldría rodando por el pasillo.
—Eso sería incómodo, no te lo voy a negar, pero agotador,rotundamente no. Ni que mi pasillo fuese la Muralla China.
—Vale, vale, no hace falta que digas que en mi apartamento no hay pasillo.
—No lo diré, pero no lo hay. ¿Quieres que te abra los ojos respecto a otro detallito sin importancia que hace que este despertador sea un timo?
—Ábreme los ojos, i-lu-mí-na-me.
—Imaginemos que buscar el despertador sea agotador. Después de caminar varios metros, agacharte a mirar debajo de la cómoda, de la cama, de las dos mesitas de noche, detrás de la puerta, de las cortinas, de las zapatillas, al fin, cuando ya te tirabas de los pelos (no olvidemos que mientras tú buscas él pita, y eso saca de quicio al más despierto, incluso al más dormido), finalmente lo encuentras.
—Joer, ¿y dónde estaba? Porque ahora estoy yo intrigada también.
—Nena, lo que estamos haciendo es un ejercicio de imaginación.
—Pues eso, imagina dónde estaba para que, en un habitáculo de 9 metros cuadrados, tenga que estar tanto rato buscando.
—Pues no sé… en la mesilla de noche otra vez. Ha dado la vuelta a la habitación y se ha vuelto a su sitio, que allí seguro que no se te ocurre mirar.
—¡Que idea tan cojonuda! Me quito el sombrero ante los científicos americanos. Son la bomba. Te lo digo yo.
—Sobri, ES UN EJEMPLO, ¿quieres dejar de distraerme y escuchar lo que te tengo que decir?
—Soy toda oídos, tío Ra.
—Estábamos en que, tras muchos intentos, encuentras a Clocky. La búsqueda ha sido dura y estás agotada, ¿qué es lo siguiente que haces?
—Me tiro en la cama a descansar.
—¡Ahí voy! Te tumbas a descansar y te duermes ipsofacto. Este despertador es un fiasco, te lo digo yo.

Mi tío Ra es un genio capaz de sacar los colores a todos los científicos americanos y a todos los de Massachussets. Te lo digo yo.



sorue@divertinajes.com
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