23 de marzo de 2005

¡Qué cosas tan raras!

Dos individuos, de 23 y 57 años respectivamente, han sido detenidos en la provincia de Lérida acusados de robar de un camión en Alfajarín una carga de tampones higiénicos.

—Esto me recuerda a aquel juego de cuando éramos niños: De la Habana ha venido un barco cargado de… con la T.

Se sabe que había 177 cajas de tampones, es decir 2.124 unidades, con un valor de 3.000€, que no es para solucionarte la vida, pero es un pellizco.

—Casi a euro y medio el tampón, sin contar el IVA, claro —Julieta, que es de ciencias, se le dan bien los números—. Ya te digo, a mi sí me solucionaban un poco la vida. Tanto como una vez al mes durante unos cuantitos años —¿No se lo dije? Es un hacha la niña haciendo operaciones de cabeza. Una mente prodigiosa, eso es lo que es.
—Lo que no sé cómo ibas a solucionar es dónde guardar los 3.000 tampones.
—¿Y para qué te crees tú que tengo el cuarto trastero?
—Pues para guardar un cargamento de tampones, no se me había ocurrido, la verdad. Tampoco sé para qué los querían, ¿por qué deciden dos tipos robar tanto tampón? Pensarían traficar con ellos o poner un Top-Tampax.
—O los pensaban utilizar para absorber un pantano.
—Yo pienso más bien que, visto el precio de la mercancía, decidieron que sería un ahorro considerable. A lo mejor tiene cada unos tres hijas y les pareció más provechoso ese robo que robar gallinas.

Ni idea. El caso es que, alertada la policía de que había un camión sospechoso de haber cometido un delito, se pusieron a buscarlo y lo encontraron. Tas las comprobaciones pertinentes, comprobaron que la carga la habían sustraído esa noche en Alfajarín, mientras el conductor del camión que realizaba el transporte descansaba.

—Me pregunto cómo trasladarían los 3.000 tampones de un camión a otro sin despertar sospechas… ¿rodando?
—Rodando, rodando, ¡que iban en cajas!
—No sé, hay algo raro en todo esto. Para mí que no sabían lo que había en las cajas y por eso se lo llevaron.

Pues no sé, pero cosas más raras se han visto. Lean si no lo que les cuento a continuación. Después de seis años de curar, o no, todo tipo de enfermedades, cierra sus puertas por problemas de financiación y múltiples impagos, el único hospital de ranas de Australia.

—O sea, que el negocio también les salió rana.

Pero qué agudo has estado ahí, tío Ra. Pero tienes razón, parece ser que cada vez era mayor el número de gente que llevaba a los anfibios a la clínica, pero luego olvidaba pagar la factura. También he leído que muchas de las enfermedades que presentaban las ranas eran desconocidas y debían invertir mucha pasta en investigación, lo que no hacía sino subir los costes.
Todo esto unido a que la clínica no recibía subvención alguna del gobierno, ha llevado a la Directora a tomar la decisión de cerrarla.

—Ya sería que ella se cansó de besar ranas y que ninguna se convirtiera en príncipe.

Pues también puede ser, no digo yo que no. En este mundo lleno de rarezas todo es posible. Como la historia de ese ciudadano belga (son raritos los belgas, ¿verdad?) que está siendo juzgado por mantener relaciones sexuales con perros. El amante de los canes, nunca mejor dicho, alega que lo hizo por amor. Bueno, por amor y por el bien de los animalitos pues viven encerrados en un refugio sin posibilidad de conocer otros perros con los que desfogarse. Para eso estaba él que, bien mirado, es algo así como un benefactor canino. Esto, guau. Lo que no he averiguado es si eran perros machos o hembras. Ni tampoco si el colega se ha recuperado de la meningitis que sufrió de pequeño.

Y es que en el mundo pasan cosas raras, raras, raras.



sorue@divertinajes.com
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