9 de marzo de 2005

Anoche tuve un sueño

Esta noche he tenido un sueño. Ponía la tele y aparecía una Miss Mundo del siglo pasado con las cejas como las del Dr. Spok casándose con un equilibrista del Circo Mundial. En ese justo momento ella, que hablaba como Boris Izaguirre pero con la voz más recia, le entregaba a él un plato de jamón serrano como símbolo de su amor. Él, que vestía unas mallas doradas y llevaba tatuado en el pecho “Pinito del oro forever”, le sonreía con una mueca boba que, en cuestión de segundos se transformaba en diabólica. En ese momento se veía el flash de una cámara de fotos y, a ambos, se les convertían los ojos en el símbolo del euro, ya saben, como al tío Gilito le sucedía pero versión europea.

Haciendo uso de mi derecho a decidir lo que quiero ver(y, por qué no reconocerlo, algo asustada ante el giro de los acontecimientos), cambiaba de canal con un mando a distancia en forma de varita mágica y aparecían los príncipes de Asturias. Él era bajito, flaquísimo y llevaba un chaqué de color amapola diseño de Felipe Camela. Ella era alta y estaba de buen año, se entretenía jugando con sus dos hermanas al corro de la patata.

Mi mando a distancia se había convertido en una zanahoria. Dudando si comérmelo o usarlo para el fin para el que había sido inventado, auné ambas utilidades, lo mordí mientras, con la nariz, le daba al botón de cambiar de canal. Salió una autonómica. El 3% de los políticos del país estaban desfilando en la pasarela Gaudieles. Lucían cardigans de tul ilusión, pantalones de pata ancha, camisas de vaporosa seda al bies y unos preciosos complementos: corbatas en forma de tunel derruído, cinturones de comisiones parlamentarias y gemelos como los que Ronaldo se puso el día de su “No boda, sí gilipollada”.

En esto me percaté de que tío Ra estaba sentado a mi lado en el sofá.

- ¿Qué quieres ver?
- Pon la que no existe, a ver que echan.

Puse la que no existe, la cual, para mi sorpresa sí existía. Había un grupo de famosas y famosos sentados alrededor de Rouco Varela, que lloraba desconsoladamente porque había perdido al mus. La peluquera Mosquera, ataviada con... bueno, con algo indescriptible, había sido seleccionada para representar a España en Eurovisión. Eso desataba la ira de las Supremas de Móstoles que atacaban a Ana Rosa Quintana mientras ella recibía, por su lado bueno, un ramillete de sandalias y zapatos de diseño por representar el espíritu de la mujer trabajadora.

Gracias al cielo desperté, eso sí, sudorosa y asustada, no era para menos. Eso me pasa por cenar sobras. Para ahuyentar los fantasmas del sueño he puesto la radio y la cafetera todo a la vez. Antes de que saliera el café yo ya había escuchado seis o siete noticias chungas: atentados, accidentes y otras desgracias con las que nos despertamos cada día. Pero la que me ha llamado la atención, por cutre y malapata, es la historia del pastor. ¿La conocen? Se trata de un pastor al que hace un tiempo alguien denunció por un problema con unos pollos. Ahora el hombre se ha visto implicado en otra historia con denuncia incluida. Por lo que se ve, sus ovejas entraron en una finca particular y se comieron las algarroba, ¡fíjate!, que ya estaban creciditas. El dueño de las algarrobas ha denunciado, y al pastor no sólo le han puesto una multa de 1.500€ , sino que le han condenado a ocho meses de cárcel, condena que debe cumplir pues tiene antecedentes (no se olviden de los pollos).
El hombre lleva más o menos un mes encerrado, tiempo en el que nadie se ha hecho cargo de su rebaño. De las 800 ovejas que el pastor-reo tenía, ya han muerto 300. Como por no sé qué ley de no sé qué año, no las pueden quemar, allí están, en la puerta de la casa del pastor, los cadáveres y las vivas, nadie sabe por cuanto tiempo, todas revueltas. Para colmo de males, los perros, que tampoco tienen qué comer, han comenzado a devorar a las ovejas muertas, con lo que, el espectáculo es de pesadilla en Elm Street: Perros pastores con las fauces ensangrentadas, animales despedazados, moscas, ovejas vivas pero famélicas... He tenido que pellizcarme para asegurarme de que estaba despierta y escuchando algo real y no continuaba dormida, y eso eran sonidos oníricos, provenientes de lado más cutre de mi subconsciente. En fin, un horror mucho peor que mis peores sueños.

Ya decía el poeta, “La vida es sueño y los sueños, sueños son”. Lo que él no sabía es que, la vida, a veces se convierte en una película gore total y los sueños..., bueno, los sueños se parecen bastante a la programación de la tele.



sorue@divertinajes.com
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